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Benidorm, ciudad del trile

Más de 80 personas, pertenecientes a cinco bandas, actúan con total impunidad en las calles de la capital valenciana del turismo

Calles de Benidorm.
Calles de Benidorm.

El trile es posiblemente el negocio callejero más infalible en Benidorm desde hace ya más de 30 años. Solo se necesita una caja de cartón, una pelotita, tres cubiletes, un tipo de manos rápidas, un par de sujetos que finjan jugar y un incauto apostador al que sacarle el dinero. Es una estafa, pero sale gratis. La policía no puede hacer nada contra el clásico juego de dónde está la bolita, simplemente levantarles el puesto y echarles la bronca o meterles una multa que nunca pagarán con una declaración de insolvencia. El trile no es una estafa porque uno accede a ella. Y jugar en la calle no es un delito, es una falta.

El problema es jurídico y no exclusivo de Benidorm. El juego de la patata, otro de los nombres con los que se conoce al trile, también lo sufren en Barcelona, Palma, Sevilla, Salou y diversas ciudades vacacionales. Pero da una idea del problema que padece la ciudad de los rascacielos al comprobar que fue un senador por Benidorm, Agustín Almodóbar, el que impulsó en el senado una votación para instar al congreso a tipificar esta práctica en el código penal.

A la espera de ese cambio legislativo que podría suponer penas de cárcel entre uno y seis años, el Ayuntamiento puede sacar una ordenanza, pero el castigo nunca pasará de una multa. “Y normalmente todos se declaran insolventes”, apunta el concejal de Seguridad, Pepe Marcet. Para mayor desolación, continúa, “les mareas, les instigas y cuando les multas, aún sonríen”.

¿Por qué es una falta algo que resulta tan evidente que es una estafa? Porque no puede considerarse estafa un negocio en el que media la voluntad de jugar del apostante, un incauto. Y en Benidorm apuestan los turistas extranjeros, que ni saben lo que es ni de qué va.

“Son cinco grupos diferenciados de entre 80 o 90 personas los que actúan con total impunidad”, explica Manuel Soler, del Sindicato Unificado de Policía (SUP). La organización de los grupos locales es digna de tener en cuenta policialmente: "Ha habido serios enfrentamientos con grupos rumanos que han querido entrar en la ciudad", apunta este veterano que colaboró con Almodóbar en la acción del Senado y que ocasionalmente ha repartido a lo largo de 2013 octavillas en cinco idiomas advirtiendo que el trile no es un juego.

La escena de las octavillas recuerda al Madrid de los años 90 cuando este juego era común en la Gran Vía y la Puerta del Sol donde transitaban mucho extranjero, cámara en mano, buscando sabores auténticamente castizos y caían en la tela de araña de los trileros. Como aquellos turistas de la Gran Vía o de Las Ramblas de Barcelona, en las esquinas de diversas calles que cruzan la avenida Mediterráneo a la altura del Rincón de Loix, en plena zona guiri de Benidorm, incluso en el paseo marítimo a la vista de todos, hacen el agosto estos pillos del ahora la ves, ahora no la ves.

Su organización es clara: unas 12 personas forman una colla en la que distribuyen los papeles en torno al trilero. Los ganchos son los tipos que fingen jugar y achuchan a los incautos a que apuesten. Pueden cobrar unos 60 euros por su actuación. Los aguadores, como se les conoce en el argot policial, se colocan a 250 metros de la zona de juego, a izquierda y derecha, para avisar al grito de “¡Agua!” cuando ven policías.

El llamado juego de la patata se considera falta y solo acarrea multa

Pican pocos españoles, pero los ingleses, con su fama de apostadores, caen como moscas. A veces ganan la primera, pero en la segunda partida les despluman. Si se percatan de la estafa, los “ganchos” les echan de malas formas. La profesionalidad es altísima: estas tramas incluso incluyen ya ganchos británicos.

Howard Brit, de la asociación British Benidorm, “No solo es que los turistas no sepan que es una estafa, es que mientras juegan les roban la cartera a los acompañantes”, denuncia Howard Brit, de la asociación British Benidorm. Este británico con muchos años en la localidad no entiende cómo se puede sancionar a pubs a los que acuden los turistas por organizar juegos de bingo —sin licencia— y, en cambio, el juego del trile en plena calle no tiene consecuencias.

“No hay quien pueda con ellos”, señala el presidente de la asociación hotelera Hosbec, Antoni Mayor: “La misma policía nacional los detiene, los mete por una puerta y los saca por otra. Eso desmoraliza a cualquiera”, dice Mayor. El concejal Marcet remata: “No se puede llevar a un juez a un tipo con una falta administrativa”. Y el agente Soler se desespera a porque no dispone de la herramienta que les permita ser efectivos: "Hace meses que el Ayuntamiento anunció una ordenanza contra el trile, que es lo que esperamos antes del cambio de ley", protestó.

En Benidorm se conoce a los trileros. Se sabe quienes son. Y que, de momento, viven en un paraíso.