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Un usuario habitual de la bici

Óscar Fernández Pérez
Óscar Fernández Pérez

Óscar Fernández Pérez, de 37 años, utilizaba la bicicleta a todas horas. Se había convertido en su medio habitual de transporte. Y desde hacía tiempo. Lo mismo se iba con ella a trabajar que para ver jugar a sus sobrinos al fútbol. “No le daba ninguna pereza cogerla e irse a donde hiciera falta”, recordó su hermano, José Javier.

El fallecido había residido en el distrito de Tetuán, cerca del lugar donde también vivía el detenido como supuesto autor del atropello, pero desde hacía unos dos años se había marchado a casa de su novia, Cristina, en el barrio del Pilar. Ambos eran novios hacía unos seis años. Residían en una casa cerca del centro comercial La Vaguada y de la avenida de la Ilustración. Cuando ocurrió el accidente, se dirigía a su trabajo, en un bar en la glorieta de Cuatro Caminos. Entraba a las siete de la mañana.

Óscar nació el día de Nochebuena de 1975. Cuando terminó los estudios básicos, se puso a trabajar y casi siempre lo hizo como camarero, aunque también tuvo algunos trabajos esporádicos como pescadero o en un supermercado, según recordaba ayer su hermano, que es mayor que él.

El fallecimiento de Óscar cogió a toda su familia fuera de Madrid. Su hermano estaba pasando las vacaciones en la Manga del Mar Menor (Murcia) y su madre se había marchado a Galicia. De hecho, la familia tiene raíces gallegas y el fallecido era un amante del fútbol y seguidor del Deportivo de La Coruña y simpatizante del Real Madrid. Todos regresaron ayer de inmediato a la capital y está previsto que hoy se hagan cargo del cuerpo. Será incinerado y sus cenizas serán esparcidas junto a las de padre, y por las zonas favoritas de “su amada Galicia”, según su hermano. “¿Qué puedo decir de mi hermano? Era una persona extraordinaria, que era muy trabajador y muy amante de todos los deportes”, explicó José Javier, antes de emocionarse.

Cuando el hermano se enteró de que el supuesto autor del atropello era un vecino de Tetuán que tenía prohibido conducir, se quedó enmudecido. Casi no era capaz de articular palabras por la noticia. “Ahora ya sí que me acaban de rematar”, repitió varias veces en voz baja, casi sin poder hablar.