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“Me gustan las colonias para jugar, bañarme en la piscina y comer”

'Esplais’ y ‘casals’ asumen un cariz social ante el aumento de la pobreza infantil y la malnutrición

Las entidades dan más de 8.000 becas, el doble que en 2012

PSC, PP, ICV y C's fuerzan la convocatoria de la Diputación Permanente, en la que decidirá ERC

Seis escuelas abren en verano para alimentar a 350 niños

Un niño almorzando durante unas colonias en Planoles. Ampliar foto
Un niño almorzando durante unas colonias en Planoles.

Al menos 8.000 niños de familias sin recursos cuentan este verano con una beca de entidades sociales para un casal o unas colonias de verano. La cifra se ha doblado respecto al año pasado en un momento en que la malnutrición acecha cada vez más a la infancia. Las escuelas fueron las primeras en dar el grito de alerta y, ante la lentitud de reacción de las Administraciones, esplais y casals están aparcando su tradicional papel de ocio para cubrir las necesidades prioritarias: la alimentación. “Aparte del aspecto educativo, hemos entrado también en la alimentación porque, en muchos casos, los niños que vienen a nuestros centros o no comen o lo hacen a base de patatas chips. Algunas colonias parecen un campamento de la ONU”, apuntan desde la Fundación Catalana de l’Esplai.

Esta entidad es la que más becas ha dado este verano, unas 3.200, para actividades que incluyen al menos una comida diaria. A estas se añaden unas 2.300 de la Fundación Pere Tarrés, unas 1.500 de Cruz Roja o un millar del Casal dels Infants. No son todas, pero son las entidades que gestionan la mayoría de actividades. También los Ayuntamientos dan este tipo de ayudas (el de Barcelona, 6.000) e incluso La Caixa (4.500 en todo el Estado).

En junio, las colonias tomaron el relevo de los pupitres. En los campamentos de la Pere Tarrés en Planoles (Ripollès), Martín, de seis años disfruta de su primer día en la montaña y conociendo a sus nuevos compañeros. “Me gusta venir de colonias para jugar con los amigos, bañarme en la piscina y comer”.

A falta de un estudio pormenorizado sobre cuantos niños carecen de una alimentación equilibrada, los datos oficiales revelan que 345.600 niños catalanes en riesgo de pobreza. El Síndic de Greuges calculó que 50.000 sufrían carencias alimentarias, mientras que los ambulatorios atendieron el pasado mes de junio 750 casos de menores con síntomas de desnutrición.

Ante el aluvión de cifras cada vez más alarmantes, los grupos de la oposición —PSC, PP, ICV y C's— han forzado la convocatoria de la Diputación Permanente —el órgano de guardia mientras el Parlament de vacaciones— para que comparezcan tres consejeros: los titulares de Bienestar Social y Familia, Neus Munté; de Enseñanza, Irene Rigau; y de Economía, Andreu Mas-Colell. La petición de los cuatro partidos es suficiente para reunír a la Diputación Permanente, pero está en mano de ERC que los consejeros comparezcan finalmente, ya que es necesaria la mayoría de la Cámara.

Las escuelas sirven de protector para estos menores, a los que dan una comida equilibrada al día, en ocasiones la única. “¿Y cuando cierran las escuelas? Las familias pobres continúan siendo pobres y los niños tienen que comer”, reflexiona Lucía Linuesa, jefa de los Servicios Sociales de Terrassa. Esta ciudad ha abierto el comedor de cuatro escuelas para alimentar a 300 niños. Son los casos considerados extremos por los Servicios Sociales, de familias que, aunque teniendo beca comedor, no pueden ni pagar su parte, unos tres euros diarios.

Rosalía Rodríguez dejaba ayer al mediodía a su hija de 10 años en el colegio Agustí Bartra de Terrassa. Separada, con tres hijas a su cargo, en paro y esperando desde abril a que le aprueben la renta mínima de inserción, Rosalía sobrevive con la ayuda de vecinos y amigos, y gracias a algún ingreso que puede obtener limpiando alguna casa. Hace siete meses que no paga la hipoteca. La iniciativa del Ayuntamiento es un alivio. “En casa no comemos bien, no vemos la fruta. Comer todos los días macarrones [los Bancos de Alimentos solo dan alimentos envasados] no es bueno”.

Arroz con tomate, carne o pescado y un trozo de sandía era el menú de ayer. “Nos gusta mucho la comida de la escuela”, coincidían muchos chavales. “Me gusta venir aquí porque aquí como. En casa no tenemos luz y no puedo comer allí”, suelta Dolores, de 7 años, sin perder la sonrisa. Desde el 20 de julio hasta el 10 de septiembre, estos comedores abrirán y, además de la comida, los niños pueden jugar y hacer actividades. El Ayuntamiento ha destinado 200.000 euros para mantener el servicio en verano.

Niños en los campamentos de la Fundación Pere Tarrés. ampliar foto
Niños en los campamentos de la Fundación Pere Tarrés.

Pero Terrassa no es la única que ha tomado esta medida. Dos escuelas más, en Tarragona y Amposta, también han abierto las cocinas para alimentar a una veintena de niños cada una. El Ayuntamiento de Barcelona ofrece meriendas a 1.500 niños a través de centros abiertos de la ciudad.

Es una medida totalmente insólita ante el aumento de la necesidad de muchas familias y que se podría extender el próximo verano. Mientras, y ante la falta de una reacción contundente de la Generalitat, las entidades sociales y de ocio han tomado las riendas de la situación, sacando rédito de sus instalaciones y su capacidad organizativa y han tirado del banco de alimentos y fondos propios para repartir comida. “Estamos actuando como parche y suplantando a la Administración. La que tiene que llevar la situación es ella y nosotros ir acompañándola. No es responsabilidad de los esplais responder a esta realidad”, lamenta Ricard Vicente, director del Club d'Esplai Pubilla Cases de L'Hospitalet de Llobregat. Este centro, ubicado cerca de los barrios más deprimidos de L’Hospitalet y Esplugues, abre todo el año. En verano, a parte de las actividades de ocio, también dan la comida a los chicos.

El Casal de Infants, con sede en el barrio de Raval de Barcelona, también ha tenido que reforzar el trabajo de sus centros en verano y abrir el aforo hasta superar el millar de plazas. La correcta alimentación de los niños, reconocen los trabajadores, es uno de los problemas más acuciantes. “Esto cada vez va a peor, sobre todo por un tema tan básico como la comida. Muchas familias tienen dificultades para alimentar bien a sus hijos”, lamenta Irene Ramos, educadora del Casal de Infants. En este centro, durante todo el año se ofrece merienda a los niños más necesitados. Ahora en verano dan tres comidas. “Se nota que tienen hambre”, sentencia. Varias de estas entidades reconocen que ofrecer el servicio de comedor incluído en la actividad de ocio es un factor clave que hace que muchas familias se decidan por inscribir a sus hijos.

Las entidades hace meses que reclaman una reacción contundente a la Administración. La Generalitat todavía no ha abordado el problema y algunos Ayuntamientos empiezan a tomar medidas. “No podemos ser tremendistas, pero tampoco podemos taparnos los ojos”, zanja Linuesa.

Las becas ‘fantasma’ de la Generalitat

Ivanna Vallespín / Jessica Mouzo

Poco o nada saben las entidades catalanas vinculadas al ocio educativo de la dotación adicional de 300.000 euros para destinarlas a becas. El Gobierno catalán aprobó este importe a mediados de julio para subvencionar plazas en casals y colonias a niños sin recursos. El problema es que la medida se tomó cuando las entidades ya habían repartido la mayoría de becas y gran parte de las actividades en marcha. Además, el dinero todavía no ha llegado, así que ninguna de ellas ha aumentado las plazas becadas para este verano y admiten que, en todo caso, el beneficio de esta partida se notará el año que viene.

Con los 300.000 euros, la Generalitat respondía a un mandato del Parlament para garantizar tres comidas diarias a niños sin recursos. La idea era conseguirlo a través de los casals y las colonias de verano, así que el Gobierno catalán liberó la subvención ordinaria —paralizada por la prórroga presupuestaria— a las seis grandes entidades dedicadas al ocio educativo en Cataluña.

La subvención ascendía a cuatro millones, medio menos que el año pasado. De esta cantidad, 1,7 millones iban destinadas a becas, 300.000 más que en 2012, así que las entidades deberán reorganizar sus presupuestos para dar más peso a estas ayudas.

Un mes después del anuncio, las organizaciones aseguran que no han recibido ni un euro de este monto. “A nosotros no nos consta que se haya realizado ningún pago. Seguimos trabajando según los presupuestos y subvenciones que ya teníamos”, señalan desde la Fundación Catalana del Esplai. “Estamos captando fondos desde hace meses. El dinero de la Generalitat vendrá bien pero todavía no sabemos nada de él”, confiesa María Valencia, responsable de colonias de la Fundación Pere Tarrés.

No obstante, de esta partida extraordinaria quedan fuera los más de 60 centros que gestionan las entidades sociales, como el Casal de Infants.

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