Un aleteo perturbador

Provocadora, moderna y vital resultó Lac (2011), la cautivadora coreografía de Jean-Christophe Maillot para su compañía

Un momento de ‘Lac’ en el Castell de Peralada. / eddy kelele

Provocadora, moderna y vital resultó Lac (2011), la cautivadora coreografía de Jean-Christophe Maillot (Tours, 1960) para su compañía, Les Ballets de Monte-Carlo. Es su particular versión del célebre El lago de los cisnes de Chaikovski y Petipa, que en sus manos muda en un apasionante y dinámico thriller salpicado de color y excelente baile. Más de 30 magníficos intérpretes convirtieron el Castell de Peralada en un escenario de arrollador baile.

Maillot, que ya ha versionado otros hitos como Romeo y Julieta (1996), Cenicienta (1999) y La Bella (2001), aparca la coreografía de Petipa e Ivanov y apuesta por distorsionar el clásico para crear un ballet protagonizado por hombres y mujeres contemporáneos con sus miedos, anhelos y contradicciones. Son éstas las que guían aquí el baile: el blanco opuesto al negro. El amor apuesto al odio. La inocencia opuesta al erotismo. La noche opuesta al día.

LAC

Les Ballets de Monte-Carlo

Dirección y coreografía de Jean-Christophe Maillot. Festival de Peralada.

Girona, 26 de julio de 2013

El público no ve los fragmentos de virtuosismo clásicos: ni el cisne blanco ni el negro realizan los famosos 32 fouettés. No, Maillot ha ilustrado la música de Chaikovski a través de un vocabulario fluido y caudaloso, desnudando la danza clásica del gesto romántico en pos del gesto vital. Otro acierto es haber convertido al malvado Rothbart en una bella mujer, aquí la magistral bailarina Maude Sabourin. El príncipe, Lucien Postlewaite, enfrenta sus miedos al amor. Odette, el cisne blanco, y Odile, el cisne negro, representan la inocencia y el erotismo en la mujer. Anjara Ballesteros y Noelani Pantastico, respectivamente, realizan una soberbia interpretación. En un guiño, Maillot viste de negro a Odette y de blanco a Odile.

El coreógrafo francés ha colaborado con Jean Rouaud (premio Goncourt) para convertir el argumento clásico en un drama moderno. También la diáfana escenografía de Ernest Pignon-Ernest y el sofisticado vestuario de Philippe Guillotel, son claves de este excepcional montaje.

La primera parte del espectáculo, en el palacio, es una explosión de color. El trabajo coral destila vitalidad y juventud. Los trajes de las mujeres son seductores vestidos de noche que combinan con imaginación los colores. Su trabajo de puntas es impecable. El elenco masculino es dinámico y de gran precisión técnica.

En la segunda parte de Lac, los cisnes son hermosas mujeres, que no visten los clásicos tutús si no ligeros diseños, adornados con plumas. Aquí los cisnes son mujeres fuertes con un aleteo de brazos perturbador y audaz. Al final, una gran cortina negra arranca y arrastra del escenario los miedos de los protagonistas. Palpita un gusto surrealista en este bello Lac.

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