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El maquinista esquiva a la policía

El conductor del tren siniestrado en Santiago se niega a declarar ante las fuerzas de seguridad

Francisco José Garzón solo prestará testimonio ante el juez

Las autoridades insisten en señalarle como principal responsable

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El maquinista Francisco José Garzón es ayudado por dos vecinos de Angrois tras el accidente.

Aislado en una habitación del hospital Clínico de Santiago, con nueve puntos de sutura en la cabeza y un policía de paisano custodiando permanentemente la puerta, Francisco José Garzón Amo, un maquinista de Renfe de 52 años, se ha convertido en el hombre señalado por casi todos. El Gobierno, que hasta ahora rehuía las explicaciones públicas y se escudaba en que todavía se estaban investigando las causas de la tragedia ferroviaria que el pasado miércoles se llevó 78 vidas en Santiago, endureció ayer el tono. Miembros del Ejecutivo y de los organismos dependientes del Ministerio de Fomento ya señalaron claramente a un error humano de Garzón, que conducía el tren a 190 kilómetros por hora cuando ya debía haber reducido a 80, como el desencadenante del desastre. La policía ha oficializado la sospecha. La situación legal del maquinista es de detenido por las fuerzas de seguridad, que, según declararon ayer mandos policiales, le acusa de un delito de imprudencia. Llegado el caso, podrían ser hasta 78 presuntos delitos, tantos como víctimas mortales.

El titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Santiago, Luis Aláez, instructor del caso, enfrascado en las últimas 48 horas en la identificación de los cadáveres, había encargado a la policía que tomase declaración al maquinista en el propio hospital antes de ponerlo a disposición de la justicia. A media tarde de ayer, poco después de que los Príncipes de Asturias visitasen a los demás heridos en el centro sanitario, las fuerzas de seguridad cumplieron el trámite. Leyeron sus derechos a Garzón y lo que sucedió después no sorprendió a los agentes: como ya intuían, se negó a declarar.

Fuentes próximas a la familia del detenido explicaron que Garzón recibió el consejo legal de no prestar testimonio ante las fuerzas policiales y reservar los detalles de su versión al momento en que el juez le llame a declarar. La principal prueba contra el maquinista son sus propias palabras, la conversación telefónica que mantuvo instantes después del accidente con responsable de Renfe en la que confesó el exceso de velocidad con que circulaba y se mostró abatido por las dramáticas consecuencias de su actuación. Aunque la clave sigue estando en el tacógrafo, o la llamada caja negra del tren Alvia descarrilado el pasado miércoles, que todavía está pendiente de ser inspeccionada por el juez del caso. El Consejo del Poder Judicial anunció que asignará un juez de apoyo al juzgado que tramita el asunto para agilizar las diligencias.

El Gobierno, empezando por el presidente, Mariano Rajoy, se ha multiplicado en los últimos días para estar sobre el terreno y consolar en la difícil medida de lo posible a las familias de las víctimas. Pero las numerosas apariciones públicas apenas habían estado acompañadas de explicaciones sobre las causas del accidente. La ministra de Fomento, Ana Pastor, se limitó en Santiago a transmitir condolencias mientras esquivaba las preguntas acerca de las circunstancias del siniestro. Ningún alto cargo de Renfe o de la también compañía pública Adif — Administrador de Infraestructuras Ferroviarias— ha comparecido ante todos los medios informativos para contestar a las incógnitas que no se han resuelto ni a cuestiones técnicas que siguen envueltas en la confusión, como las razones de que no funcionara en el tren Alvia Madrid-Ferrol el sistema de frenado automático del que disponen no solo los ferrocarriles de Alta Velocidad sino otros que circulan en trayectos dentro de Galicia como el llamado Avant. El único modo de contrastar datos es través de las informaciones que transmiten a cuentagotas los respectivos gabinetes de prensa.

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Mariano Rajoy y Ana Pastor visitan la zona del accidente. EL PAÍS

La ministra y los cargos de las dos compañías públicas optaron ayer por las entrevistas para explicarse y señalar ya más claramente a Garzón. Aunque sin entrar tampoco en demasiados detalles, todos ellos contribuyeron a asentar la idea —expuesta hasta ahora en privado con contundencia por miembros del Ejecutivo — de que el origen de la tragedia reside únicamente en un error humano. El más claro fue el presidente de Adif, Gonzalo Ferre, quien explicó a la agencia Efe que el maquinista tenía que haber reducido la velocidad cuatro kilómetros antes del lugar del siniestro, a la entrada de Santiago, como así lo indican las señalizaciones de la vía. El presidente de Renfe, Julio Gómez-Pomar, también insistió ante las cámaras de Antena 3 en la responsabilidad del conductor. Gómez-Pomar comentó que Garzón había circulado en unas 60 ocasiones por el punto donde se produjo el descarrilamiento y que debía tener un conocimiento “exhaustivo” de la zona. “Una curva que tiene un trazado de 80 kilómetros por hora son cosas que un maquinista conoce perfectamente”, abundó el presidente de la compañía ferroviaria. Más cautelosa, la ministra Pastor afirmó en la Cope: “Los sistemas de seguridad en Europa y España van adecuados en cada momento a los tipos de trenes y a la velocidad permitida, y hay unos protocolos que definen los técnicos. Y a esa definición y esos protocolos son a los que se tienen que atener las personas que tienen la responsabilidad de estar al frente de un tren”.

El piloto del tren siniestrado, acusado de un delito de imprudencia

Con todas las sospechas apuntando a Garzón, solo sus compañeros han salido a defenderle, o al menos, han tratado de aportar argumentos para diluir su responsabilidad. Además de los sindicatos, un grupo de maquinistas compareció ayer en A Coruña para criticar el trazado de la vía férrea en sus accesos a Santiago. Manuel Mata, un conductor de tren que cubre habitualmente la línea Madrid-Ferrol, la misma que realizaba el convoy siniestrado, señaló que en un tramo muy corto se exige “un cambio muy brusco de velocidad, de 200 kilómetros por hora a 80, 120 diferencia en muy poco tiempo”.

Renfe ha ofrecido, como suele ser habitual en estos casos, asesoramiento legal a Garzón. Aunque también el sindicato de maquinistas está dispuesto a colaborar en su defensa, las fuentes cercanas al conductor indicaron que probablemente se decantará por los abogados de Renfe, en quienes confía conociendo sus actuaciones en otros casos similares. Las mismas fuentes aseguraron que hasta ayer al mediodía la familia no había sido informada oficialmente por la policía de que el maquinista se encontraba en situación legal de detenido. El juez del caso, a través del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, ha precisado que la orden de detener a Garzón no ha partido de él sino de la policía.

Mientras, la agonía de las familias que llevaban casi 48 horas tratando de identificar a los fallecidos se ha mitigado de forma considerable. Solo tres cuerpos permanecían sin identificar a última hora de ayer, según informó el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Y el balance oficial de víctimas se redujo finalmente de 80 a 78, lo que da una idea de las dificultades para separar algunos de los restos que han tenido que afrontar la policía científica y el equipo de forenses compuesto por 25 personas. En distintos hospitales gallegos, especialmente en el Clínico de Santiago, continúan ingresadas 81 personas, 31 de ellas en unidades de críticos. En el tren siniestrado viajaban 218 pasajeros.

Tenía que haber frenado cuatro kilómetros antes

Adif

Las vías donde se accidentó el ferrocarril quedaron expeditas a primera hora de la mañana de ayer. Tras más de un día de intensos trabajos, pudieron retirarse los últimos de los 14 vagones que habían quedado completamente desperdigados, y en algunos casos reducidos a un puro amasijo de hierros, junto al barrio santiagués de Angrois. De esa forma, pudo restablecerse el tráfico, con ciertas restricciones de velocidad, entre Santiago y Ourense, lo que permitió también reanudar la conexión ferroviaria del norte de Galicia con Madrid, interrumpida durante día y medio.

Los gallegos volvieron a mostrar masivamente su solidaridad con las víctimas de la tragedia. Al mediodía hubo concentraciones silenciosas en centros sanitarios y numerosos edificios oficiales, como el del Parlamento autónomo, que hizo pública una declaración en la que, además de sumarse al dolor de los familiares, destaca el gran esfuerzo de decenas de voluntarios que colaboraron con los equipos de rescate y las autoridades sanitarias.

Un día después de que el Rey visitase Santiago, ayer se sumaron los Príncipes de Asturias, que pudieron escuchar de primera mano a los familiares de las víctimas y a los vecinos de Angrois, a quienes agradecieron su reacción espontánea en los primeros momentos del desastre, echándose a la vía férrea para socorrer a los heridos. Las visitas de autoridades se completarán hoy con un nuevo viaje a Santiago de la ministra de Fomento, esta vez acompañada del titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, quien ayer también evitó entrar en detalles sobre las investigaciones de las fuerzas de seguridad.

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