El maquinista se niega a declarar ante la brigada judicial de la Policía

Adif dice que el maquinista tenía que haber frenado cuatro kilómetros antes

La policía acusa de imprudencia al maquinista del tren siniestrado

El presidente de Renfe precisa que el conductor había pasado 60 veces por la curva

El funeral por las víctimas será el lunes a las siete en la catedral de Santiago

/ Madrid / Santiago de Compostela 26 JUL 2013 - 19:46 CET

El maquinista del tren de Santiago, escoltado por un policía, tras el accidente. / ÓSCAR CORRAL

El maquinista del tren Alvia siniestrado el miércoles en Santiago de Compostela, Francisco José Garzón Amo, se ha negado a declarar esta tarde ante los inspectores de la brigada judicial de la comisaría de Santiago de Compostela encargados de las investigaciones del siniestro, según fuentes policiales. Estas ya preveían que el conductor del convoy adoptara esta actitud basándose en sus derechos. El funeral por las víctimas será el lunes a las siete en la catedral de Santiago

Garzón, herido leve en el siniestro, se encuentra detenido en un hospital de la capital gallega por la Policía y previsiblemente continuará en esta situación hasta pasar a disposición judicial una vez transcurridas las 72 horas previstas por la legislación. La policía le imputa un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte, un tipo delictivo que está recogido en el artículo 142  del Código Penal de 1995, que contempla hasta cuatro años de prisión y la inhabilitación profesional entre tres a seis años.

A la espera de lo que Garzón pueda explicar cuando pase a disposición judicial en las próximas horas,el presidente del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), Gonzalo Ferre, ha asegurado que el maquinista tenía que haber empezado a frenar cuatro kilómetros antes de llegar a la zona donde se produjo el accidente.

En una entrevista con Efe, Ferre ha apuntado esta tarde que "cuatro kilómetros antes del lugar donde se produce el accidente (el maquinista) ya tiene la notificación de que tiene que empezar a reducir la velocidad, porque a la salida del túnel tiene que ir a 80 (kilómetros) por hora". Ferre ha defendido que funcionaron todos los sistemas de seguridad y que, en cualquier caso, el maquinista tenía una hoja de ruta con todas las indicaciones porque "esa es la función del maquinista dentro del tren", es decir, "controlar la velocidad", porque "si no, sería un pasajero".

Por la mañana, el presidente de la compañía Renfe, Julio Gómez-Pomar, ha afirmado en Antena 3 que el conductor había pasado 60 veces por el punto donde se produjo el accidente y que debía tener un conocimiento "exhaustivo" de la línea. A su juicio, "una curva que tiene un trazado de 80 kilómetros por hora (...) son cosas que conoce perfectamente un maquinista".

Sobre la situación del maquinista, el jefe superior de Policía de Galicia, Jaime Iglesias, ha precisado esta mañana en una comparecencia ante los medios que está detenido desde las ocho de la tarde de ayer, cuando se le leyeron los derechos. La detención del maquinista es policial y no a requerimiento del juez instructor del caso, que ordenó que la policía le tomara declaración como imputado- Su declaración, ante la Policía, se producirá cuando los médicos lo autoricen. A partir de ese momento, empiezan a contar las 72 horas de plazo máximo para su puesta a disposición judicial, que puede producirse en el mismo hospital, dependiendo de su evolución clínica, informa Luis Gómez.

La comisión judicial aún no ha empezado a oír las dos cajas negras del tren siniestrado, que están bajo custodia policial, ya que se han priorizado las labores de identificación de los fallecidos recuperados. La caja negra tiene "unas condiciones técnicas singulares para su apertura", ha sostenido Iglesias, quien ha agregado que, por el momento, se desconoce cómo y cuando se llevará a cabo. "De momento no se va a hacer nada con ella hasta que haya acuerdo con la unidad judicial, que está ocupada en estos momentos con otras tareas", ha concluido.

Además, el magistrado encargado de la causa, el titular del juzgado de instrucción 3 de Santiago de Compostela, Luis Alaiz, ha ordenado a la policía la custodia de la caja negra del tren, así como que recabe documentos, informes y vídeos, que arrojen luz sobre el siniestro. El atestado, según Iglesias, es "muy complejo", y se está realizando "con cuidado" y bajo la supervisión del juez y el fiscal.

Según se refleja en conversaciones entre la máquina ferroviaria y la sala que ya han sido transcritas, el maquinista dijo que se quería "morir" cuando fue consciente de que el convoy había descarrilado a la altura de una curva muy cerrada en el lugar de Angrois. "La he jodido", figura en las transcripciones de esas conversaciones que ya han sido incorporadas a las indagaciones sobre las causas del siniestro, según confirmaron anoche a Europa Press fuentes de la investigación. En esas conversaciones, el maquinista reconoce, tras descarrilar, que llevaba una velocidad de 190 kilómetros por hora, como publicó ayer EL PAÍS. También se han incorporado al atestado las imágenes de al menos dos cámaras de vídeo, una de ellas ubicada a la salida del túnel.

Las pesquisas se centran en un punto y una hora: las 20.41 del miércoles y la curva en el barrio de Angrois a cuatro kilómetros de la estación de Santiago. Ahí, los sistemas de alerta de la vía férrea saltaron al detectar que Garzón Amo circulaba a 190 cuando no debía superar los 80. La alarma, según el maquinista, se activó en el cuadro de mando y él intentó frenar, pero no pudo evitar la tragedia. El conductor, de 52 años, lleva más de un año operando en esta misma línea y 10 como maquinista de Renfe.

Aunque el exceso de velocidad en una curva cerrada es la causa más probable del descarrilamiento, según admitió el conductor del tren en su primera declaración, otro aspecto esencial es que la seguridad del tramo del accidente no era la del AVE. El sistema de seguridad y de frenada instalado en el tramo del siniestro es el que se usa en una vía convencional y solo permite frenar el tren automáticamente en caso de que este supere los 200 kilómetros por hora. Por debajo, deja en manos del maquinista la decisión de reducir la marcha, aunque le avise de que circula con exceso de velocidad. El sindicato de maquinistas se agarra a ese dato para asegurar que la tragedia “se podía haber evitado”.

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