El piloto que descarriló su suerte

Francisco Garzón Amo se encuentra detenido en el hospital a la espera de declarar

El maquinista, un veterano con 30 años de experiencia, perdió el control

El maquinista del tren de Santiago, escoltado por un policía, tras el accidente. / ÓSCAR CORRAL

Una de los primeros comentarios que hizo Francisco José Garzón tras el accidente ferroviario que costó la vida a al menos 80 viajeros en las cercanías de Santiago de Compostela fue: “Somos humanos”. Y de ese plural mayestático se pueden extraer algunas de las claves de la tragedia. Garzón, de 52 años, era el maquinista que pilotaba el tren Alvia con destino a Ferrol. Otro compañero le había dado el relevo en los mandos en la estación de Ourense. Él capitanearía la máquina los últimos 180 kilómetros de los más de 600 que separan Galicia del corazón de la Península. Nada nuevo. Su compañero abandonó la locomotora y pasó a ser un viajero más.

Comenzó a trabajar en Renfe hace 30 años prestando servicios auxiliares en la estación de Monforte de Lemos, de donde es natural. Se hizo maquinista hace 10. Después de pasar un tiempo en la línea entre Madrid y Barcelona, decidió pedir el traslado a Galicia hace tres años. Su madre estaba enferma y él, que reside en A Coruña, quería estar cerca de ella.

Con una hoja de expediente intachable, era uno más de los cientos de maquinistas de Renfe. Tras el accidente, en el que resultó herido leve, participó en el rescate de algunos heridos. Unos minutos antes, todavía atrapado en la cabina del convoy que pilotaba, habló con la radio que lo comunicaba con la estación. Tenía contusiones y le dolía el cuerpo. “Espero que no haya muertos, porque caerán sobre mi conciencia”, dijo entonces. Unos minutos antes, cuando el Alvia no era más que un tren que iba a llegar a Santiago de Compostela la noche de los fuegos artificiales de la víspera del patrón de la ciudad, Garzón iba muy rápido.

Iba rápido en un tren preparado para alcanzar los 230 kilómetros por hora en un tramo recto habilitado para que un futuro AVE pudiera rebasar los 250. Después de que el tren descarrilara en esa curva, limitada a 80 kilómetros por hora, Garzón habló por teléfono con el servicio de emergencias de Renfe: “Tenía que ir a 80 y voy a 190!”. Lo dijo en presente, aunque el accidente ya era irreversible. Según admitió más tarde el delegado del Gobierno en Galicia, Samuel Juárez, el propio maquinista reconoció que entonces que doblaba la velocidad permitida en el tramo del siniestro. “Descarrilé, qué le voy a hacer”, mantuvo Garzón.

La madrugada del jueves, el perfil de la red social Facebook de Francisco José Garzón Amo fue desactivado. Sin embargo, ya había dado tiempo a diseccionar su actividad virtual. Allí aparecía una foto, publicada el 8 de marzo de 2012 por el propio Garzón, donde se veía un velocímetro que marcaba 200 kilómetros por hora. Algunos de sus contactos en la red social hicieron comentarios a esta foto y él se jactó de la velocidad que usualmente alcanzaba durante su trabajo, aunque admitió: “Estoy en el límite. No puedo correr más si no me multan”. En un comentario posterior, bromeó: “Qué gozada sería ir en paralelo con la Guardia Civil y pasarles haciendo saltar el radar. Menuda multa para Renfe”.

El juzgado de instrucción 3 de Santiago de Compostela espera a que desentrañe el tacógrafo, la caja negra de los trenes, para aclarar qué paso. Los compañeros del Sindicato de Maquinistas, al que Garzón estaba afiliado, quisieron “transmitirle su apoyo”. De momento, Garzón, que dio negativo en el control de alcoholemia que se hizo tras el accidente, declarará hoy como imputado. Permanece detenido en el hospital donde está ingresado. Lo custodian varios agentes.

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