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El presidente de Madrid Río

El exdirigente de la Comunidad es vecino de La Latina, siempre ha vivido cerca de una boca de metro y alterna sus paseos de seis kilómetros escribiendo obras como ‘Impostores y otros artistas’

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Joaquín Leguina, en la plaza de Alamillo.

1. Plaza de Alamillo. No pasa ningún turista, y eso que está en pleno Madrid de los Austrias. A los amigos que vienen por Madrid los llevo allí: te sientas en una de las sillas que hay y, como mucho, ves pasar a 10 personas. Hay quien dice que su nombre viene del álamo que hay, aunque otra teoría sostiene que lo hereda de El Alamein, juzgado o tribunal en árabe, por uno que debió de haber. Esconde una taquería que es de los mejores mejicanos de la ciudad.

2. Restaurante La Gorda. Está en la plaza de la Paja, y destaca por hacer una comida peruana tan buena como barata. Su pescado es espectacular, ya sea el ceviche, el tiradito de lubina... Atienden realmente bien (Costanilla de San Andrés, 20).

3. Restaurante Emma y Julia. Comer bien, barato y mucho es posible en este restaurante italiano que lleva una sarda. Ojo a sus ravioli nero (Cava Baja, 19).

4. La Cava. La suelo recorrer con gusto por todo lo que ofrece. Me tomo un vino tinto en El Tempranillo. Está bien para almorzar Alatriste, y qué decir de Casa Lucio, pero Esteban tiene una ventaja: cuando tengo que organizar algo con gente de la Universidad de Alcalá o del Consejo Consultivo, los llevo allí porque tiene un reservado muy cómodo. Y sus callos son estupendos.

El gran faro de la izquierda

Además de primer presidente de la Comunidad de Madrid (PSOE, 1983-1995), Joaquín Leguina (Villaescusa, Cantabria, 1941) es Doctor en Económicas y Demografía y ha escrito decenas de libros desde que se estrenó en 1976.

5. Plaza Gabriel Miró. Nadie la llama por su nombre, todo el mundo se refiere a ella como Las Vistillas, con esa estampa tan bonita del Palacio Real, la Catedral de la Almudena, la Casa de Campo al fondo... Recomiendo La Piluca, que ofrece una comida tradicional castellana... ¡Y sí, también callos! Son una de sus especialidades. Que quede claro que no tienen grasa.

6. Madrid Río. Como tengo que andar todos los días por prescripción facultativa unos seis kilómetros, cosa de las arterias, me bajo desde mi casa en la calle del Humilladero hasta el parque del Manzanares, al que suelo entrar desde la glorieta de Pirámides. Hay que reconocerle a Gallardón que ha quedado de cine, cuando crezcan un poco los árboles... Me permite ir hasta Matadero a un ritmo de cinco kilómetros por hora sin encontrar un solo semáforo. También lo recorro al revés, y me encamino hasta el Puente de los Franceses o la Casa de Campo. Los fines de semana hay que ir atento a la profusión de bicis, patinadores... Bueno, mejor eso a que esté vacío, ¿no?

7. Librería Méndez. Me gusta el ambiente en La Central, aunque hay más libros en La Casa del Libro. Pero ante todo soy de Méndez, un establecimiento tradicional en la calle Mayor. Leo de todo, fumo de todo menos tabaco, pero más novela que otra cosa. Su ventaja es que los dueños, como buenos libreros, saben lo que te indican.

8. Cines de Méndez Álvaro. Voy mucho, me vienen bien porque como tengo que andar sí o sí... Son modernos y, por tanto, muy cómodos. De chaval estaba obsesionado con el cabezón que te tocaba delante, y aquí nunca te encuentras uno que te tapa la pantalla.

9. El Retiro. Es un parque magnífico, es lo bueno de haber tenido una monarquía propietaria, que nos ha dejado unos parques... Lo que me fastidia es que tenga estatuas que no se sabe de quién son. Hay una de una familia por el Paseo de Coches, que debe ser en honor de alguien. ¡Pero no pone de quién! Y no es la única. No costaría nada que pusieran unas chapitas. Picoteo en Marcano, de mi tierra (Menorca, 19).

10. El Metro. Siempre he vivido al lado de una estación de Metro, ¡a 200 metros como mucho! He vivido junto a la de Pueblo Nuevo, en tres casas distintas en Campamento, en Valdeacederas, después Tetuán, Bilbao, y finalmente en La Latina. Creo en el Metro. No he tenido más envidia de nadie que de Gallardón cuando me sucedió y empezó a hacer túneles.