Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

La aventura de abrir una librería

Frente al cierre de establecimientos con solera como Canuda y CatalÒnia, crecen nuevos modelos de negocio fuera del centro de Barcelona

Una tertulia en la librería Pequod de Gràcia Ampliar foto
Una tertulia en la librería Pequod de Gràcia

La misma semana que anunciaba el cierre la librería Canuda, víctima de las leyes del mercado —el contrato de alquiler finiquita en 2014, como todos los de renta antigua y está en el corazón de Barnacenter— se prepara para abrir la segunda Caixa d'Eines, una librería infantil con un amplio abanico de actividades, en la plaza de la Revoluciò de Gràcia. El primer establecimiento está en la calle Aragò.

Crisis aparte, las librerías con solera del centro de la ciudad se enfrentan a la presión que ejerce el mercado, motivo principal del traslado de Jaimes —muy cerca del mercado de la Concepció— y del cierre de Catalònia —ahora hay un Mcdonals— y de Canuda, donde abrirá un Mango. En contraposición a esa realidad, en determinadas zonas y barrios de Barcelona resurge la aventura de abrir pequeñas librerías. La mayoría especializadas y todas con la voluntad de aportar algo más al comprador.

“No es lo mismo comprar un libro y ya está, que asistir a una lectura o a una dramatización. O tomarte un aperitivo mientras echas un vistazo a lo que hay”, argumenta Pere, un traductor técnico que hace dos años puso en marcha la librería Pequod, al lado de la Travessera de Gràcia. Él y Consuelo, una documentalista que se cansó de las precarias condiciones de trabajo, presentaron un proyecto de empresa y obtuvieron un crédito del ICO (Instituto de Crédito Oficial). Esa financiación junto a la capitalización del paro de ella les sirvió para poner en marcha la librería de narrativa con editoriales seleccionadas, algo de ensayo y poesía, y también con un pequeño rincón para la segunda mano. La clientela: gente del barrio más bien joven.

La pérdida del trabajo está detrás de algunas de las iniciativas recientes. Dolors también capitalizó el paro y hace un año abrió la librería infantil y juvenil Luz de Lula, en la plaza de Joanic: “A los 50 años es difícil encontrar trabajo y decidí arriesgarme y hacer algo que siempre quise hacer. Además de vender libros y cuentos, monta talleres y espacios de cuenta cuentos. Otro caso es el de la librería Novecento, a un paso del mercado de la Abaceria. De los vestidos y chaquetas del escaparate se ha pasado a libros y vinilos: “Ha sido mi solución personal al quedarme sin trabajo”, apunta Jordi.

Los nuevos libreros

apuestan por la

especialización y

más actividades

Gràcia es el distrito más dinámico en ese sector: 23 librerías en su abigarrada trama. La especialización manda: desde la autoayuda y la espiritualidad de Te Quiero, a Haiku —una librería japonesa—, otra inglesa, o Le Nuvole — de títulos en italiano, a la más grande de todas, Taifa, cita habitual para muchos espectadores de los cines Verdi antes de entrar a la sesión. Desde detrás del mostrador, Jordi explica que intentan ayudarse: “Si alguien busca un título y nosotros no lo tenemos pero otra librería del barrio sí lo tiene, o se lo facilitamos o le enviamos al cliente”.

O La Parada, literalmente dos puestos de los porches del mercado de la Abaceria con speaker corner incluido los sábados a mediodía. Sarrià también tiene una oferta considerable y surgen iniciativas, también muy especializadas, en otras áreas de la ciudad con un dinamismo creciente, como Poblesec.

Con los números en la mano, el censo de librerías de Barcelona agremiadas permanece en torno a los 180 y 190. “Es cierto que hay zonas con una vitalidad especial, como Gràcia y Sarrià, algo que tiene mucho que ver con la demografía, con la dinamización social y, naturalmente, con el nivel económico y profesional. Donde hay más jóvenes y parejas con niños hay más dinamismo que en otras zonas donde el segmento de la población mayoritario es la tercera edad”, apunta Marià Marín, secretario técnico del Gremio de Libreros de Cataluña.

Sostiene que hay un factor generacional que pesa: “se están jubilando los libreros que emprendieron el negocio hace 30 años y los que no tienen continuidad con una segunda generación, acaban cerrando. Otra circunstancia negativa que se suma: el final de los contratos de renta antigua que puede suponer un encarecimiento considerable de los alquileres a partir de diciembre de 2014.

Desde el gremio destacan que cada vez es más importante el factor diferencial que se pueda aportar ya que el precio de los libros es fijo. “Unos profesionales bien formados y una buena prescripción”, subraya Marín. Y otra imprescindible: conocimiento de las tecnologías.

¿Quieres ser librero? Es el nombre del diploma de postgrado de librería que se ha realizado por primera vez este año en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Barcelona (UB). “Se trata de darles las herramientas para que tengan un plan de negocio de pequeñas librerías, empresas especiales que no intenten competir con las grandes, como Amazon”, explica Lluís Agustí, director del curso que ha tenido 25 plazas. Su diagnóstico: “los nuevos libreros tienen que estar en Internet —no solo detrás de los mostradores— y deben complementar la venta con otras actividades que capten al lector”. Su percepción: “Es un sector muy emprendedor y eso es clave porque de ello dependerá su futuro”.