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Demolida una casa blasonada del XVII

Era propiedad del Ayuntamiento, que la tiró por estar en ruina inminente

Las asociaciones de defensa del patrimonio tildan de “barbaridad” el derribo

Imagen de la fachada de la casa con el escudo de armas antes de su desaparición.
Imagen de la fachada de la casa con el escudo de armas antes de su desaparición.

Madrid tiene desde marzo una casa solariega del siglo XVII menos y un solar más. El Ayuntamiento ha demolido el edificio de su propiedad, situado en la calle de Embajadores, 18, por amenazar ruina inminente. El inmueble tenía un nivel 2 de protección y formaba parte del conjunto histórico de la Villa de Madrid, Cerca y Arrabal de Felipe II. “Desde que pasó a manos municipales no se ha hecho nada para su mantenimiento y, al cabo del tiempo, resulta que es irrecuperable”, critica Vicente Patón, presidente de la Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio, que lucha por conservar lo que todavía queda del legado histórico, artístico y cultural de la ciudad.

Desde el Ayuntamiento indican que la casa ya tenía un expediente de expropiación por ruina de 1963. Además, añaden, en el Plan General de 1997 se obligaba a que pasara a manos del Consistorio por el mal estado en el que se encontraba. La tramitación de la expropiación se inició en 1999. Hace dos años se cedió el edificio al Área de Hacienda y pasó a formar parte del inventario de bienes del Ayuntamiento.

La vieja casona presentaba un blasón de los Osorio-Villalobos en la fachada, escudo de armas que podría haber desaparecido en las labores de derribo. El arquitecto Álvaro Bonet, también miembro de Madrid Ciudadanía y Patrimonio, asegura que cuando preguntó a los operarios que estaban demoliendo el edificio por el destino del blasón, le contestaron que se había desplomado y “hecho añicos contra el suelo”. Les pidió los trozos, pero le respondieron que el Ayuntamiento se iba a hacer cargo de ellos.

Echar abajo la casa solariega
 costó 250.000 euros, según IU

Bonet describe la casa como un palacete castellano, “probablemente del XVII por su estructura”. Presentaba un amplio corral o patio interior donde crecían un par de robustos árboles. “Llamaba la atención la potente caja de escaleras, de esas que se alzan sobre recios pies derechos de madera, árboles que debieron crecer allá por el siglo XV o XVI, antes de ser convertidos en la estructura del inmueble”, describe. Como prueba de la solidez de la escalera, relata que en la demolición los trabajadores la usaron para subir y bajar durante las labores de demolición.

En algunos lugares los ventanales estaban tapiados y apuntalados. “Pero el resto del edificio, el que daba hacia la calle de San Cayetano, se veía muy sólido”, apunta el arquitecto. La propia demolición demostró, en su opinión, la fuerza de los muros. “El desmontaje se realizó a mano y tardaron unos tres meses. Si la ruina era inminente, no te entretienes en quitar ladrillo a ladrillo”. Admite que en puntos concretos podía presentar algún tipo de pudrición por efecto de las goteras. “Esa parte podría estar afectada, pero se puede llevar a cabo una intervención puntual, pero no se han molestado”.

Ahora, el solar resultante, de 712 metros cuadrados, se ha incluido en el Plan de Gestión Patrimonial, y se prevé construir un edificio moderno que albergue servicios municipales, bien de tipo administrativo, de equipamiento social o cultural. Pero habrá que esperar a que se disponga de los créditos suficientes para ello, según informó Isabel Pinilla, directora general de Gestión Urbanística a Ángel Pérez, portavoz de Izquierda Unida, que preguntó en una comisión del 20 marzo sobre la demolición, que costó 250.000 euros.

En la misma intervención, Pinilla aclaró que el edificio lo había demolido la Dirección General de Control de la Edificación y que el solar se ha incluido en el Plan de Gestión Patrimonial, que pretende “optimizar los bienes inmuebles de propiedad municipal y reducir los costes de arrendamiento, entre otros”.

“Es incomprensible que en estos tiempos, porque ya no estamos en los años sesenta, se siga teniendo este concepto del patrimonio histórico artístico. Ha sido una barbaridad”, se queja Bonet. El arquitecto recuerda que no es el único caso. Entre ellos destaca el palacio de la duquesa de Sueca, en el número 2 de la plaza del Duque de Alba, que data de 1850 y con el máximo grado de protección. El Ayuntamiento lo expropió en 1998 y lo abandonó, lo que condujo a que 15 años después se decretara su ruina y demolición. La Fiscalía de Medio Ambiente ha abierto una investigación y ha paralizado el derribo. El edificio de Embajadores ha corrido peor suerte.