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La caja poliédrica

El lujo del Madrid Open contrasta con la crisis que vive el barrio de San Fermín

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El humilde barrio de San Fermín se refleja en la fachada de La Caja Mágica.

Una carretera bacheada, apenas unos pocos pasos, dibujan la frontera. El lujo y la opulencia frente a un escenario dominado por la austeridad. A un lado, una colonia de casas de cuatro alturas y ladrillo rojo. Tascas, parques y niños correteando por las calles de un barrio esencialmente obrero. Es San Fermín, un distrito asentado al sur de Madrid. La renta per cápita de sus vecinos, trabajadores llanos e inmigrantes en su mayoría, ronda los 16.000 euros. Enfrente, al otro lado de la vía, emerge el coloso. Imperial, mastodóntico, protegido por una membrana metálica que impide adivinar cuanto acontece en su interior. Impone en un primer vistazo la Caja Mágica, infraestructura inaugurada en 2009, con un coste de 294 millones de euros.

Casi anexo al recinto, un pequeño descampado abandonado hace las veces de parking y sirve estos días para que algunos vecinos arañen unos euros. “La voluntad”, matiza uno de más de 70 años. A unos metros resuenan las pelotas. No las de la Caja Mágica, sino las que rebotan en un pequeño frontón descascarillado en el que una pandilla apura unas litronas de cerveza mientras pelotean algunos de sus miembros. “¿Crisis? A esta gente les sobra la pasta. Montan este tinglao con la que está cayendo…”, se queja un joven desde el perímetro exterior del edificio cuando pasa un convoy de vehículos de altísima gama que transporta a los tenistas. El precio de uno de ellos merodea los 40.000 euros. “Al final te hacen sentirte mal. Parece que estos días la gente del barrio sobramos”, explica otro muchacho. “Ni me va ni me viene. Solo sé que ahí dentro están el Nadal, el Federer y la Sharapova, ¿no?”, agrega un hombre, desempleado, de mediana edad.

“Para la ciudad es un reclamo”, esgrimen desde el Ayuntamiento. El torneo, que concluyó ayer con la victoria de Rafael Nadal y que seguirá celebrándose al menos hasta 2021 tras firmarse un contrato de 35 millones de euros, aporta 110 al PIB de la Comunidad, de los cuales unos 11 acaban en las arcas públicas. Genera 8.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos. Solo nueve ciudades en el mundo acogen Masters 1.000. Cada año acuden a la Caja Mágica más de 185.000 personas y se retransmite en 180 países. Lo ve a través de la televisión una audiencia de 35 millones de personas. Atrae 24 millones de euros en concepto de publicidad. “El impacto económico es muy potente y más si tenemos en cuenta la candidatura de 2020 para los Juegos. Es bueno para Madrid y para el país. Refuerza la marca”, explican en el Ayuntamiento, el más endeudado de toda España, con un débito de 7.500 millones. “Nosotros alquilamos la Caja. Abonamos una parte para patrocinio (reducida en tres millones por un plan de ajuste) y otra para premios, el déficit o las posibles pérdidas las asume la empresa del propietario del torneo [Madrid Trophy Promotion]“.

Dentro de la instalación, lustrosos expositores de champán, ostras, material deportivo y prendas de elevada cuantía. En la zona VIP, un carrusel de personalidades del deporte, la cultura o la política pasean y después adornarán los exclusivos palcos del graderío. Allí mismo, un grupo de operarios tiran cable. En la camiseta de uno de ellos se lee una consigna en defensa de la sanidad pública y en la pantorrilla luce un tatuaje del Che Guevara. En la pista central, el trofeo de ganador actúa como maestro de ceremonias. 43 centímetros de altura, 7,5 kilos de peso, oro y 33 diamantes.

“Parece que estos días la gente del barrio sobramos”, protesta un joven

Poliédrico, el evento ofrece una cara amable, revestida de euros y lujo. También contrastes. El Ayuntamiento reconoció en su día que la Caja Mágica “no consigue alcanzar la cuota de mercado que le correspondería”. Entre las causas, su ubicación, un lugar inconveniente para los organizadores de eventos, y su carísimo mantenimiento”. En 2011, el Ayuntamiento organizó 30 eventos deportivos en sus instalaciones; en 2012, solo seis. Algunas son ruinosas: el Pádel Pro Tour le adeuda aún 120.000 euros. Respecto al Open de Tenis, el torneo más prestigioso, cuenta con un contrato “cuantioso pero no suficientemente realista respecto al coste de organización”, según explica el Ayuntamiento. Es decir, se cobra por el uso de la Caja Mágica menos de lo que cuesta mantenerla.

Madrid Open. Cuestión de perspectivas.