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Más de 50.000 catalanes son miembros de sectas destructivas

Los expertos alertan de un repunte de grupos de manipulación psicológica camuflados tras las etiquetas de ‘coaching’ y crecimiento personal

Eduard Borrell, exmiembro de una secta, en el patio de su oficina.
Eduard Borrell, exmiembro de una secta, en el patio de su oficina.

Ni gurús ataviados con vestimentas estrafalarias ni reuniones secretas de pequeños grupúsculos aislados. Las sectas destructivas han repuntado en Cataluña y se han perfeccionado con nuevas fórmulas de manipulación. Auspiciados por la crisis económica, los antiguos grupos han confluido con las nuevas técnicas sectarias y han conseguido captar, según algunas asociaciones de prevención de manipulación psicológica, a cerca de 60.000 catalanes.

Aunque las entidades de tipo religioso siguen dominando el abanico sectario, los grupúsculos de ámbito comercial, que invitan a invertir dinero con la promesa de multiplicarse, o los psicoterapéuticos de crecimiento personal han ido ganando peso en los últimos años. “Se está notando un cambio hacia grupos escondidos bajo el coaching u otras técnicas para crecer personalmente”, señala la psicóloga Margarita Barranco

A falta de registros oficiales, expertos como el presidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), Miguel Perlado, estiman, “a la baja”, que el número de adeptos en Cataluña oscila entre las 55.000 y las 60.000 personas, un 0,8% de la población. “Es imposible hacer un recuento más ajustado porque hay sectas cuyo tamaño no podemos calcular y otras que no sabemos ni que existen. Este fenómeno es mayor de lo que podemos pensar y con la crisis se ha notado un repunte”, alega el psicólogo.

Todo comenzó con unas clases de yoga para huir del estrés del trabajo

El último informe sobre grupos de manipulación psicológica elaborado por la organización Atención e Investigación de Sociadicciones (AIS) en 2005, cifra en 54.000 los adeptos y 89 las entidades consideradas como grupos de manipulación psicológica dentro de Cataluña.

Sin embargo, Perlado señala que el número de sectas también se ha incrementado y su organización ya contabiliza unos 110 grupos consolidados en la comunidad, aparte de otros 50 que mantienen bajo observación. La AIIAP ha catalogado a una veintena de ellos como altamente peligrosos.

Los líderes, los lugares de encuentro, las técnicas de manipulación y hasta el perfil de los miembros de la secta han cambiado radicalmente. Los expertos alertan de que los métodos de captación de adeptos pueden correr a cargo de “señores encorbatados” y ocurrir en salones de grandes hoteles de lujo bajo la imagen de inocuas conferencias.

“Idealistas e ingenuos”, perfil de los adeptos

“En apariencia no son tan piramidales, pero son más camaleónicas y complejas. Aun así, las sectas religiosas siguen siendo las más comunes porque se aprovechan de la crisis institucional de las grandes doctrinas”, apunta Perlado. El psicólogo añade, sin embargo, que han notado que muchos de estos grupos también “se han ido reconvirtiendo hacia tendencias psicoterapéuticas”, en auge ante las circunstancias económicas. “Las situaciones críticas a nivel económico y familiar hacen a las personas más vulnerables y necesitadas de ese apoyo que dan las terapias alternativas”, corrobora Barranco, delegada de la RedUNE para la prevención sectaria.

Aunque no se puede hablar de un perfil único, el prototipo de adeptos también ha mutado en los últimos años. Tanto Perlado como la delegada de la RedUNE coinciden en un patrón de gente “joven, idealista, ingenua y que busca cosas alternativas”.

Por su parte, el director del Equipo Multidisciplinar para el Asesoramiento y Asistencia en problemas sectarios, Pepe Rodríguez, considera “la inmadurez” como la característica común de los adeptos a las sectas y señala al “entorno familiar y social” como el primer responsable de la vulnerabilidad del adepto: “Las sectas son delincuentes porque se aprovechan de la debilidad de esa persona, pero esa fragilidad se creó fuera. El entorno también es en parte responsable”, sentencia Rodríguez.

Los expertos critican la falta de apoyo por parte de la Administración: “El Gobierno no hace nada. Todos los procesos judiciales han sido instados por gente privada”, alega Pepe Rodríguez.

“Las humillaciones te hacían crecer”

jessica mouzo

Todo comenzó con unas clases de yoga para huir del estrés del trabajo. Un año después, había rehipotecado su casa para afrontar una deuda de 150.000 euros que tenían con su “maestra” espiritual por “haberle chupado toda la energía”. Eduard Borrell, empresario de 54 años, y su mujer, Neus Cañelles, profesora de 52, han vivido durante siete años sumergidos en una secta psicoterapéutica que los llevó a la ruina.

Aquejada de una fuerte depresión, Neus fue la primera en tener contacto con la líder de la secta, que dirigía un grupo de terapias alternativas. Diez años después, agobiado por el estrés laboral, él mismo decidió unirse a las sesiones de relajación.

Sin embargo, varios meses de inofensivas terapias de yoga, comenzaron las peticiones económicas. “Nos convocó a nueve personas a una reunión privada y nos dijo que llevaba 26 años purificando a los demás y que entre todos le habíamos chupado su energía. Como nosotros éramos seres materiales, no espirituales, teníamos que devolverle toda su dedicación con algo material. Un millón de pesetas por cada año trabajado”, cuenta. Todos accedieron e incluso, confiesa, él mismo animó a los más reticentes.

La pareja rehipotecó su casa para conseguir los 150.000 euros que ellos pagaron por el resto de adeptos, quienes les irían devolviendo el dinero en cuotas mensuales. Pero una vez entregada la cantidad, la maestra confesó que el dinero “no era suficiente”. Tenían que trabajar. “Nos habló de montar una asociación y firmamos un papel para trabajar para ella preparando cursos durante los próximos diez años”. Participaban obligatoriamente en los cursos y si no conseguían el mínimo de gente, ellos mismos corrían con los gastos de los que faltaban. Eduard calcula que el valor de las actividades podría haber ascendido a más de 400.000 euros.

En esa época, comenzaron también los insultos y las humillaciones. Todos callaban y obedecían. “Cuando te humillaba te los tomabas como un crecimiento, un sacrificio para mejorar como ser humano”. Algunos miembros, acuciados por los problemas económicos, dejaron el grupo. La pareja hipotecó de nuevo lo que había devuelto de su casa para afrontar las deudas de los que se habían ido. Solo la presión económica y la inminente ruina los hizo despertar y pedir ayuda a profesionales.

A la espera de que la denuncia contra la líder salga adelante, el matrimonio reconoce haber “reforzado la relación de pareja” pero con deudas que los perseguirán durante los próximos diez años. “Aceptarlo entraña miedo y vergüenza. Es un palo económico pero ahora estamos fuera. Somos libres”, sentencia Eduard.