La industria cede ante los servicios

Los sectores afrontan el reto de resituarse mediante el valor añadido

Clientes en una terraza de Valencia. / CARLES FRANCESC

La economía valenciana trata de mantenerse a flote con una estructura productiva de la que básicamente tiran los servicios, que suponen más del 70% de su producto interior bruto, y la industria (13%). El sector industrial, y no solo por la crisis, ha experimento un notable retroceso en los últimos años (15 puntos en el PIB valenciano) frente al avance de los servicios y la construcción, ahora en también en declive. En los últimos buenos momentos, la industria ha ocupado a casi el 17% de la población laboral valenciana, mientras que los servicios han dado trabajo al 70% de la población laboral.

La tendencia hacia la economía de servicios, con el desplazamiento de la producción a Asia, parece imparable. Ese rumbo produce inquietud en algunos estamentos, mientras que en otros el decrecimiento de la manufactura (industria menos electricidad) es percibido como inexorable para las economías desarrolladas. A medida que la Comunidad Valenciana se ha ido alejando de la renta baja y media, el comportamiento del sector industrial ha dejado de ser clave para el crecimiento.

Los servicios, que suponen tres cuartas partes del PIB, son determinantes, aunque en este caso el funcionamiento de la economía queda supeditado al comportamiento del mercado nacional. El otro problema es que la mayor parte de los servicios actuales de la economía valenciana no tiene una elevada productividad ni requieren de mano de obra cualificada.

González: “Sería bueno lograr mayor peso industrial en cinco años”

El presidente de la patronal valenciana Cierval, José Vicente González, considera que la Comunidad Valenciana tiene que tener una industria importante en su estructura productiva. Mantiene que sería bueno para la economía valenciana que en plazo de cuatro o cinco años la industria pasara del 13% del PIB al 20%. Se apoya en algunos síntomas de recuperación que, tras años de caída, se están produciendo en países de economía avanzada, debido, en parte, a que los salarios han crecido en China, mientras se han estancado o caído en Occidente, y, como consecuencia, algunas compañías norteamericanas vuelven a fabricar ordenadores o lavadoras. Pero los expertos previenen que en este renacimiento que se está produciendo las empresas van a tener que hacer un gran esfuerzo en investigación y la mano de obra no cualificada tendrá poco margen.

Sin embargo, Jordi Palafox, catedrático de Historia e Historia de las Instituciones Económicas, mantiene que la industria no tiene mucho futuro en los países desarrollados. Recuerda que, según datos del Brureau of Labour Statistics de los Estados Unidos, entre 2000 y 2011 en el G-7 se han perdido 11,8 millones de puestos de trabajo en la manufactura. “Destruye puestos de trabajo aquí y los crea en Asia”, afirma. “Mientras que entre 1999 y 2009 se han perdido 12 millones de puestos de trabajo en los países desarrollados y la Unión Europea, en Asia la industria ha creado 99 millones”. Todo confluye: la tecnología ha simplificado las operaciones industriales, se han reducido los precios para desplazar las mercancías y ha aumentado la capacidad de trabajo asiática. Al mismo tiempo, la industria que queda está inmersa en un proceso de reducción de volumen con externalización de funciones que van engordando los servicios.

Palafox: “La industria no tiene mucho futuro en países desarrollados”

El presidente de la patronal admite que la industria ha retrocedido en los últimos años. Constata que su caída ha sido más importante de lo que parece porque había externalizado muchos servicios, como el transporte. Con todo, estima que la caída “en gran parte ha sido reorientación”. Y pone ejemplos. Se hacen menos pares de zapatos, pero las empresas que quedan son muy competitivas: “Han encontrado el nicho de mercado, hacen un producto de mayor valor añadido y ya no tienen que competir con los zapatos de 20 euros”. Desde su punto de vista, ha ocurrido lo mismo en el juguete o en el azulejo. Y esgrime un dato positivo: “Exportamos más que antes porque somos más competitivos”.

Pero Palafox, admitiendo el efecto multiplicador de cada puesto de trabajo creado en la industria frente a los de los servicios, sostiene que todos los estudios demuestran que el empleo se va a Asia. “Es el proceso de las economías avanzadas: crecen los servicios y cae la manufactura”, subraya.

En esa línea, el profesor de Estructura Económica José Antonio Martínez Serrano subraya que la industria es la que genera I+D y ayuda a las exportaciones, “pero no genera empleo y los servicios lo generan”. En ese sentido, la tendencia de la evolución de la estructura productiva a largo plazo indica que la participación sectorial en el empleo se contrae en la producción de bienes y se expande en los servicios. “Es cierto que no ha habido ningún país que sin industria haya prosperado, pero una vez alcanzado el nivel de renta apropiado, con los servicios se puede funcionar”, añade.

En su diagnóstico, la industria en la Comunidad Valenciana ha sido destrozada por la crisis cuando trataba de adaptarse a la globalización. Con todo, Martínez Serrano sostiene que “no es importante tener industria o servicios”, sino “tener algo que hagas bien”. “Lo importante no es que tengas una estructura productiva equilibrada sino algunos sectores que tiren con fuerza, sea industria o servicios”. La Comunidad Valenciana necesita “lo más sofisticado en la industria y en los servicios”, apunta. De lo contrario, no hay futuro. Y conseguirlo no es fácil y lleva dificultades añadidas: “La Comunidad Valenciana ha perdido la capacidad financiera y eso va a ser problemático porque el centro de decisión sobre las inversiones está fuera, y por mucho que digan que es lo mismo, no lo es”.

Martínez Serrano: “Lo importante es tener algo que hagas bien”

Pese a los obstáculos, detecta potenciales. El azulejo lo ha sido hasta ahora y puede encontrar modos de seguir siéndolo. También el sector agroalimentario. “Va muy bien. Reunimos condiciones en el mercado europeo”. Y también la producción de coches. “La flexibilidad de nuestros sindicatos, ante la rigidez de los del Este europeo, nos ha vuelto competitivos”. Martínez Serrano considera, asimismo, que el calzado vuelve a ser rentable después de que China haya aumentado el precio de la producción. “Hay que tener un sector manufacturero que sea importante, pero evitar la producción de bajo valor añadido porque siempre habrá otros que lo hagan más barato”, previene.

El profesor subraya la importancia del turismo como potencial del sector de los servicios. Sostiene que no hay que despreciar el turismo residencial, que está creciendo, “aunque no es una buena tendencia”. Mantiene que el desafío es adaptar la oferta a la demanda. “Y si la demanda es de campos de golf, habrá que considerarlos. En el turismo también está tomando una dimensión importante la gastronomía, y no solo la de las estrellas, sino la de los chavales muy buenos que están cambiando los restaurantes”. Sin embargo, aprecia que “hay que ser más competitivos”. “Nos hemos convertido en una sociedad. No nos sabemos adaptar. Por ejemplo, tomar copas sigue siendo muy caro en la mayoría de sitios”.

Los servicios ya suponen el 70% del PIB de la Comunidad Valenciana

También destaca la capacidad de los servicios a empresas, que son los que más crecen en el mundo. Son servicios de todo tipo. Contabilidad, auditorías, consultorías,… “Se están desarrollando mucho en la comunidad, tanto en el sector privado como en el entorno del público”, explica. En ese aspecto, Palafox detecta posibilidades en el capital humano que ha dejado en la cuneta el desguace del sistema financiero valenciano, que puede generar este tipo de empresas de asesoría y tesorería y ofrecer servicios a precios competitivos.

Palafox también ve oportunidades en algunos segmentos de la manufactura y de los servicios que son de valor añadido, pero cree más en empresas que en sectores. Pone como ejemplo las empresas de un sector muy hundido como el textil que han conseguido resituarse con el desarrollo de tejidos de elevado valor añadido y altas prestaciones al dotarlos de funcionalidades e inteligencia. “Hay que aportar innovación a nuestra personalidad económica, sea industria o servicios”, aconseja.

¿Tutela de la Administración?

M. A., Valencia

El presidente de Cierval, José Vicente González, defiende que para conseguir que la industria tenga mayor peso en la economía valenciana es imprescindible que haya una política industrial detrás. Y recuerda la “barbaridad” del ministro que decía que “la mejor política industrial es la que no existe”.

En los últimos años, la Administración valenciana centró sus objetivos en la construcción y el turismo como motores de la economía, pero la crisis y los cambios en la cúpula del Gobierno autonómico han traído una reformulación. El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, contemporiza con la idea de recuperar la industria. Desde hace unos meses ha enarbolado su apuesta para “conseguir que la reindustrialización sea el motor de recuperación de la economía valenciana”. A ese efecto ha puesto en marcha la Estrategia de Política Industrial (EPI), un instrumento de planificación a largo plazo cuyo objetivo es lograr ese incremento que apuntaba González en 2020. El reto de Fabra, según declaró en una reciente visita a una empresa de Almussafes, es “hacer posible que este sector fundamental para la reactivación económica tenga ese incremento necesario que genere nuevos puestos de trabajo”.

González es consciente de que la industria valenciana, aparte de resolver sus problemas de tamaño, necesita mejorar en eficiencia, innovación e internacionalización para ser una gran generadora de puestos de trabajo. Y ese proceso requeriría política industrial. Pero José Antonio Martínez Serrano desconfía de la intervención política. “La Administración nunca puede saber qué funciona o no. Lo que tiene que hacer son programas de I+D generales”. Jordi Palafox, asimismo, cree que el cometido de la Administración, como plataforma de información, debe ser “crear marcos, pero no intervenir”. Y añade: “Y tener apertura de miras”.

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