Jazz | Avishai Cohen

Libre y salvaje

El trompetista demuestra en el Café Berlín que se puede ser moderno y tener swing

El trompetista Avishai Cohen, en concierto. / CARLOS ROSILLO

Uno no es nadie en el mundo del jazz si no sabe quien es Avishai Cohen. “¿Pero a cual 'Avishai Cohen' se refiere Vd.?”. Resulta que, a falta de uno, hay dos “Avishai Cohen”; uno, reconocido, que toca el contrabajo y vive en Tel Aviv; y otro, por conocer, que nació en esa misma ciudad, vive en Nueva York y toca la trompeta. El aficionado fetén se ofende ante la duda: Avishai Cohen, a ciertos efectos, sólo hay el trompetista, joven talento convertido en músico de culto, y qué cosa hay que guste más al aficionado que eso.

Pues bien, fue éste Avishai Cohen, el semioculto genio en la sombra de apenas 35 años con aspecto de gurú maharishi, el que se dejó caer ayer martes por el madrileño Café Berlín, dentro del ciclo “1906 Jazz”, para solaz y disfrute de los muchos connoisseurs jazzísticos que habitan los subterráneos de nuestra ciudad y pusieron el local a reventar, a 10 € la entrada; una ganga. Y fue un concierto tremendo, de los que levantan al respetable de sus asientos si no fuera porque, en el Berlín, la mitad del personal está de pie y la otra no tiene modo de levantarse del asiento sin tirar el gin tonic al suelo.

En la música de Cohen hay pasión, y fuego, y todas esas cosas que uno encuentra en el jazz y en ninguna otra música. Como trompetista, hay quien le saca parecido a Clifford Brown y quien a Don Cherry, en realidad, se parece a los dos. Luego, que no se le caen los anillos (los lleva) por tocar Portrait, de Mingus, o Wise one, de Coltrane, piezas que ya nadie toca si no es bajo amenaza de excomunión. En realidad, da igual lo que toque, su música swingea siempre y en todo lugar; algo que no puede definirse con palabras, ni falta que hace. El que tiene swing, tiene swing, y el que no, a vender cupones al Metro. Avishai Cohen lo demuestra: se puede ser moderno y tener swing. Aleluya.

En su estreno como líder en nuestra ciudad, el israelita actuó acompañado por el gallego Iago Fernández, a la batería, y por Reiner Elizarde, El Negrón, cubano, residente en Madrid, al contrabajo, dato a tener muy en cuenta por cuanto el trompetista no gusta de acompañarse por otros que no sean sus habituales. Sin apenas tiempo para otra cosa que conocerse y como si llevaran toda la vida tocando juntos, pero esa es la magia del jazz; imitadores, abstenerse.

La música de Avishai Cohen, la que pudimos escuchar anoche en el Berlín, es un caballo libre y salvaje que nos arrastra a su paso; un canto de amor al Jazz con mayúsculas. Para más información, su último disco, Triveni Il. Merece la pena.

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