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ENTREVISTA | LUIS DE VELASCO (UPyD)

“Es normal que la gente esté hasta las narices de todos nosotros”

Luis de Velasco, portavoz de UPyD en la Asamblea de Madrid, hace balance de los dos primeros años de legislatura desde las elecciones autonómicas y municipales de 2011

Luis de Velasco, en la Asamblea de Madrid. Ampliar foto
Luis de Velasco, en la Asamblea de Madrid.

Luis de Velasco (Valencia, 74 años) es la antítesis de la crispación, aunque de vez en cuando provoca una tormenta en la Asamblea de Madrid con alguna que otra sentencia políticamente incorrecta. El portavoz de UPyD no da rodeos, habla claro y de frente, con la misma firmeza con que da la mano. Se nota que se cuida y levanta pesas en el gimnasio. “Dicen que aparento menos años, pero yo, que soy mayor, veré poco de Eurovegas. Y no sé si alguien verá algo… Ese proyecto es un disparate. Como la privatización de la sanidad”, reflexiona el parlamentario más veterano del Parlamento regional, donde aumentan quienes creen que la formación magenta será decisiva para gobernar en 2015.

Pregunta. ¿Sigue pensando que sobran políticos?

Respuesta. Sí, pero eso no significa que vayamos en contra de las instituciones. Al revés. Queremos que recuperen su prestigio. La corrupción es la segunda preocupación de los españoles, y es lógico. Los males de unos pocos nos manchan a todos y, si no afrontamos seriamente el problema de la corrupción, vamos a ir a peor en la percepción de la gente. Y alejará aún más a los ciudadanos de la política. Los partidos políticos no debemos proteger a los nuestros. Al contrario. Cuando haya un indicio razonable de una cierta culpa, hay que proceder contra quien sea. Otra cosa será la vía jurisdiccional, que decidirá lo que sea dentro de equis años, pero eso no vale. Todos los que estamos en la política debemos ser ejemplares, y eso incluye la más alta magistratura del Estado. No puede haber zonas opacas. La prosperidad lo tapa todo. Todo está ligado al deterioro económico y social. Cuando la gente lo pasa mal empieza a mirar a su alrededor. Y entonces se queja, y con razón. Warren Buffet lo define muy bien: “Cuando baja la marea, se ve quién está bañándose desnudo”. Resulta que ahora ha bajado la marea. Y hay unos en pelotas y otros no. Es normal que la gente esté hasta las narices, hasta los cojones de todos nosotros, como dijo Estanislao Figueras, uno de los cuatro presidentes de la Primera República.

P. ¿Por qué renuncian a entrar en determinadas instituciones? Los demás partidos no lo hacen.

R. Entrar en ciertas instituciones es una manera de colocar gente. Y si las controlas peor todavía. Mire la catástrofe de Caja Madrid, de la que el principal responsable fue la Comunidad de Madrid por su intromisión, tanto por acción, por entrometer y considerar Caja Madrid un negociado propio, como por nombrar gestores incapaces, como por dejar hacer. Hay una serie de organismos, como el Consejo de Telemadrid, o la Cámara de Cuentas, que deben estar en manos de profesionales, que hay muchísimos y muy buenos. Y que son neutros, como la mayor parte de los funcionarios públicos. Si hay alguien que debe estar en un consejo consultivo tiene que ser un profesional. ¿Para qué me van a poner a mí en la institución no sé qué, si resulta que no tengo ni idea?

P. Pero si no entran no tienen acceso a determinada información, y por tanto a controlar al poder. El problema no es estar, sino lo que se pueda pagar por estar.

R. Eso es cierto, el que no está se equivoca porque no se entera. Es posible que nos podamos equivocar, pero frente a eso sopesamos los riesgos y decidimos no estar. Así lo preferimos. Estimamos que hay más ventajas en no estar que en sí hacerlo. Esos espacios son para los profesionales. Hay una tendencia clarísima de los grandes partidos, y por supuesto de CiU y del PNV en sus feudos, a nombrar parientes, amigos, cuates, compadres, etcétera. Y eso no puede ser. Es una de las lacras con las que hay que ir terminando.

P. ¿UPyD es el partido regional madrileño?

R. Eso nos dicen, pero no es cierto. En las últimas elecciones generales, en las que entramos en el Congreso con cinco diputados, un 25-30% de nuestros votos estaba en Madrid. El resto no, pero evidentemente estamos muy concentrados en Madrid. Estuvimos a punto de entrar en el Parlamento andaluz, pero nos perjudicó la Ley electoral existente. Para las próximas generales, aunque faltan unos años y las encuestas son las encuestas, nos dan resultados buenos en otras regiones. Ahora, que hoy día somos un partido preponderantemente madrileño, eso no se puede negar. Es evidente.

P. Les dan por decisivos para gobernar en 2015.

R. Faltan dos años y evidentemente vamos creciendo. En este tiempo van a pasar algunas cosas: algunas nos favorecerán como opción electoral y otras no. Si las elecciones fuesen mañana, pensaría que el PP pierde la mayoría absoluta. Seguramente en estos dos años se deterioren más, al igual que la situación económica y social. Nosotros crecemos. Cuando una encuesta creciente nos da un 13,7% de intención de voto nacional, en Madrid pueden ser tres-cuatro puntos más, una cosa así. Podemos ser importantes, sí.

P. ¿Y si resulta que son una jaula de grillos, como le está pasando a la formación de Beppe Grillo?

R. No nos pueden comparar con un movimiento absolutamente espontáneo, en el que los candidatos eran conocidos prácticamente por internet. No tiene una base consolidada, nosotros tenemos las virtudes de una organización y procuramos no tener los defectos de algunas organizaciones, como las rencillas internas. Tenemos un cemento, unas bases ideológicas, que nos unen. Esto no es un movimiento pasajero. Respondemos a la necesidad de la gente de cosas nuevas, como se está viendo. Las bajas que las encuestas dan al bipartidismo demuestran que hay una tendencia clara a que disminuya aquí y en toda Europa. No por casualidad crecemos Izquierda Unida y nosotros.

P. Los demás partidos barruntan que cuando tengan una responsabilidad de gobierno saltarán por los aires. Que bajarán igual de rápido que están subiendo.

R. UPyD tiene ya cinco años de existencia. Ha probado que tiene una base importante. Es un poco como las pymes: los tres primeros años son decisivos, el coeficiente de mortandad es muy alto en esos años. Nosotros hemos superado ese tiempo, y hemos superado en general con éxito todas las elecciones que ha habido. Esa trasversalidad tiene evidentemente unos límites, tanto a la izquierda como a la derecha. Es decir, no somos absolutamente transversales. Aquí lo que no hay es hay fachas, pese a lo que diga alguno que nos tacha de neofalangista. Aunque caricaturizar forma parte de la política, a esos no hay que hacerles caso. Y tampoco hay aquí liberales thatcheranos. Lo que hay es una coincidencia en una serie de puntos fundamentales. El partido está consolidado, dentro de lo revueltos que son estos tiempos. No nos veo como una moda pasajera. UPyD no es el CDS.

P. Quizás la primera en intuir su potencial importancia fue Aguirre. Fue la primera del PP en tender puentes con ustedes.

R. Sí, así es… Es entendible. Cuando llegamos a la Asamblea éramos una incógnita para todos, y el PP sabía que siempre iba a tener enfrente al Partido Socialista y a Izquierda Unida. Entonces, aunque ganen todas las votaciones, que las ganan, siempre es mejor estar acompañado. Eso es lógico.

P. ¿Qué les parece un tripartito con el PSM e IU como alternativa de Gobierno al PP?

R. Es demasiado pronto para hablar de esa posibilidad, y la experiencia de tripartitos en otros sitios, como Cataluña, ha terminado como el rosario de la aurora. Me parece que sería muy difícil, sinceramente.

P. UPyD siempre respeta al partido que saca más votos.

R. Sí.

P. ¿Si el PP es el más votado, le dejarían gobernar, o lo harían a su lado?

R. Si se da en Madrid el caso de que ganase el Partido Popular, que es la hipótesis más probable, pero sin mayoría absoluta, y nos pidiese una colaboración… No es lo mismo entrar en el gobierno que un pacto de legislatura o acuerdos puntuales, como para cuadrar el presupuesto. A mí la opción que más me gusta es la tercera. Ahora, en una comunidad tan importante, plantearíamos lo que siempre hemos hecho: estamos de acuerdo de hablar con ustedes si ustedes quieren hablar de algo que a nosotros nos parece fundamental: cambiar la Ley Electoral Nacional. Eso para nosotros es absolutamente clave. Que los votos de la gente valgan lo mismo voten donde voten. Que haya una mayor proporcionalidad.

P. ¿Dejarían gobernar al PP controlándolo desde fuera?

R. Es una opción, obligándoles a hacer cambios. Yo te doy una cosa y tú me tienes que dar otra. Así es la política. Así es la vida.

P. ¿Qué evolución han tenido en estos dos años de legislatura?

R. Ya formamos parte del paisaje, lo cual es bueno. Nuestra evolución se puede resumir en la siguiente reflexión de Ghandi: “Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas”. Yo creo que estamos en la tercera fase, lo cual es un buen síntoma. De todas maneras, creo que es normal que nos ataquen, forma parte de la lucha política. Los rifirrafes políticos deben existir, pero siempre dentro de unos límites. Además, cuando critican posiciones nuestras quiere decir que nos dan importancia. Si fuésemos unos pigmeos no nos la darían. En la Asamblea de Madrid fuimos recibidos con curiosidad y poco a poco me gustaría pensar que nos hemos ganado el respeto de los demás. Ya formamos parte del paisaje.

P. ¿No alimentan cierta incertidumbre? Unas veces votan con el PP, otras con el PSOE e IU...

R. Cuando se vota una iniciativa es verdad que los otros grupos deben de estar pensando “a ver ahora qué van a hacer estos. ¿Con quién van a votar?”. Por ejemplo, discutimos mucho la reprobación a Salvador Victoria [número dos del Gobierno] del pasado pleno, no teníamos opiniones coincidentes, y al final alcanzamos una decisión [no le reprobaron]. Entiendo la incertidumbre que puedan tener, pero eso no quiere decir que no tengamos ideología. E ideas. Claro que las tenemos. Dicen que somos la marca blanca del PP y no es así. Somos laicos y de centroizquierda. Si repasamos el ránking de votaciones, hemos estado más veces con el grupo socialista que con el grupo popular. Simplemente aplicamos nuestros principios: si algo nos parece bien, independientemente de quien lo proponga lo apoyamos. Unos podremos estar más en la vertiente socialdemócrata que otros, pero somos un partido realmente transversal. Y eso cada vez tiene más peso en la sociedad.

P. ¿Qué le parecen estos siete meses de gobierno de Ignacio González?

R. No ha habido sorpresas, el PP ha mantenido una línea continuista en su doctrina ideológica, aunque siempre hay matices. Las personalidades de Esperanza Aguirre y de Ignacio González son distintas, e intuyo que la autoritas de González dentro del PP madrileño es menor que la que tenía Aguirre. Como presidente no le veo diferencias sensibles. Las decisiones que ha tomado, como la privatización de la sanidad o el ERE de Telemadrid, Aguirre las hubiera tomado igual o muy parecidas.

P. ¿Entonces cómo valora la gestión de la Comunidad?

R. Dentro de la desastrosa gestión económica del país, en la que no se puede olvidar que juegan factores externos, dentro del desbarajuste del Estado autonómico, el Gobierno del Partido Popular en Madrid no es de los peores. Eso se lo reconozco siempre. Creo que han llevado una gestión presupuestaria más o menos aceptable, lo que no quiere decir que compartamos todos los recortes y dónde se han hecho. Hay muchísimas cosas en las que discrepamos, como los recortes en sanidad y educación. La Comunidad debe recortar gastos mucho más superfluos que tienen en organismos, fundaciones, consorcios, etc. Al final nos han ido dando la razón en algunos de ellos, eliminando algunos que habíamos propuesto. No estamos por supuesto de acuerdo con lo que ellos llaman externalización y nosotros privatización de la sanidad, que hemos llevado a la Comisión Nacional de la Competencia. Y no estamos nada de acuerdo con los recortes que ha habido en la enseñanza, con su absoluta prioridad sobre la privada y el colegio concertado. La enseñanza pública forma parte de nuestro ideario y debe ser la base del país. Estamos más en desacuerdo que en acuerdo con el Gobierno regional.

P. Todavía no se han presentado los pliegos para la privatización de la gestión de seis hospitales.

R. La privatización de la Sanidad es indudablemente el gran tema de esta legislatura. Es un servicio público esencial, la sanidad española, y eso incluye la madrileña, es una de las mejores del mundo. ¿Qué tiene defectos? Por supuesto que los tiene. ¿Qué se puede gestionar mejor? Por supuesto, y más barato. Pero de ahí a dar el paso de privatizar, llámelo como quiera, seis hospitales y 27 centros de salud, es un disparate. No se puede compatibilizar la búsqueda de beneficio, que es absolutamente legítimo y lógico en una empresa privada, con un servicio público esencial. No lo pensamos nosotros, lo piensa toda la oposición y, lo que es más importante, lo piensan todos los sectores implicados. Desde los denostados sindicatos de clase a los elitistas, entre comillas, médicos. Todos han salido juntos a la calle. Cuando eso pasa, es por algo. Intuyo que a algunos [del Gobierno] les gustaría dar marcha atrás, pero están atrapados por sus palabras. E insisto, no hemos recibido un papel, la Comunidad no nos ha dado ni una cifra. Estamos en la más absoluta oscuridad. Preguntas A y te contestan B. Por eso hemos presentado un recurso de amparo al Tribunal Constitucional. Para ejercer tu labor de representación de los ciudadanos tienes que tener unos mínimos datos. Y hemos recibido cero. En este asunto hay otra cosa, en la que también coincide todo el mundo, que dicen los propios médicos: hay demasiados hospitales. Los mismos que construyó Aguirre. Como los kilómetros y kilómetros que construyeron de metro. ¿Y ahora qué pasa? O parques de bomberos vacíos. Todo esto tiene un pequeñito problema que se olvida, que es el mantenimiento. Eso cuesta un dinero. Cuando construyes, en parte, para cortar la cinta… Al final se cae en la cuadratura del círculo: las restricciones presupuestarias hacen que se recurra a la cooperación público-privada, a los que se paga a 25 años. Y hala, a las generaciones que vienen que les den. Pues vaya con la piedra filosofal.

P. ¿Qué veremos de Eurovegas? Las cifras son colosales, tanto que suenan irreales.

R. No nos gusta nada como modelo de desarrollo o modelo social, tiene una serie de lacras sin duda alguna. ¡Es que, si se hace todo entero, se va a hacer aquí una ciudad nueva! ¡Volcada fundamentalmente en el juego! El juego es el cogollo de Las Vegas. Llegas a su aeropuerto y tienes 37.000 máquinas tragaperras. Los efectos de esa macrociudad, si se llevan a cabo todas las fases, van a ser tremendos. Son inimaginables desde el punto de vista social, económico, medioambiental, de ordenación del territorio… Y sí, habrá factores positivos si se crean puestos de trabajo, aunque no serán de la mejor calidad, pero bienvenidos sean. No nos gusta el modelo y no nos gusta el procedimiento. Esto es una adjudicación a dedo, con una serie de ventajas que se han dado a Las Vegas Sands. Eurovegas es la república independiente de Juegolandia, y ahora se quiere disfrazar con que se hace un concurso… Esto es como un partido de fútbol en diferido, no tiene la más mínima emoción cuando ya sabes el resultado. Entonces no vale la pena verlo, ¿no? Sinceramente, tengo dudas de que Eurovegas se vaya a hacer en su totalidad. Esas dudas son compartidas. Veremos si el calendario se cumple y están haciendo movimiento de tierras a final de año. Hay muchas incógnitas… Si yo fuese Adelson, que es una persona experimentada y debe ser un gran gestor, que pelea el centavo al milímetro, viendo el panorama económico español y europeo tendría mis dudas. ¡Él verá cómo lo resuelve! Hace cinco años, con España creciendo al 3-4% y la Unión Europea sin los problemas que tiene ahora, lo tendría más claro. Los chinos son los mayores jugadores, por eso a Adelson le va el negocio como un tiro en Macao y Singapur. Además, esa zona está creciendo mucho. ¡China tiene 300-400 millones de habitantes que ya son clase media, y subiendo! Mientras, Europa es un continente cada vez más envejecido y en decadencia. Una inversión de 17.000 millones de euros… Otra cosa, no hemos recibido un papel referente a Eurovegas de la Comunidad. Vamos a ciegas como en la privatización sanitaria, lo cual es un buen ejemplo de la democracia que hay. En fin, lo de Eurovegas nos parece un disparate, como la candidatura para los Juegos Olímpicos de 2020. Decirlo es muy impopular, así que cuando nos llaman populistas y demagogos… Yo aprendí que el populismo es echarle la carnaza a la gente, que escuche lo que quiere. Hacérselo más fácil.

P. La perspectiva de la vida varía notablemente según el protagonista. ¿Por qué a la clase política le cuesta tanto cambiar el paso frente a las demandas de la calle?

R. Esta sociedad está formada en la opacidad y, quizá pueda parecer exagerado, pero el franquismo sociológico perdura en muchas capas de la sociedad, especialmente en las capas dirigentes. No consideran que atender a las demandas de los ciudadanos es su cometido. Eso, unido a la manera de designación absolutamente reprobable de las listas cerradas, hace que el político sienta que no tenga que responder tanto a las demandas de los ciudadanos como a lo que esperan de él en su propio partido. Todo eso debe cambiar, y va a ir cambiando, porque toda esa serie de vicios están más o menos ocultos, o son menos urgentes, cuando hay una prosperidad general, se están viendo ahora. Cuando hay una escasez, pobreza, miseria, cuando las tensiones sociales crecen, esos temas saltan a un primer plano. Y es lo que está pasando.

P. ¿Los partidos políticos se han beneficiado de cierto pasotismo de la ciudadanía?

R. Los partidos políticos tradicionales se han beneficiado, y además el sistema les favorece. Hay una cosa fundamental, que es la Ley Electoral Nacional. Imaginémonos cómo hubiese ido la Transición, y el panorama político desde entonces, con una ley electoral más justa, en la que el voto de cada ciudadano valga aproximadamente igual, no como la actual, tan corregida que es un disparate. Eso ha favorecido a dos partidos políticos y, de rebote, a los nacionalistas, que son los que al final determinan la agenda política, lo cual es otro disparate. Claro, frente a eso se agita el espantajo de la ingobernabilidad. Y en el fondo está el tema italiano. Oiga usted, vamos a preservar el bipartidismo y sus adláteres, que son los nacionalistas, porque si no no sabemos adónde vamos. La ingobernabilidad, etcétera etcétera. A esto están jugando ahora. Creo, además, que el bipartidismo favorece la corrupción. Una pequeña parte de la culpa de la corrupción la tiene el ciudadano. ¡No vote usted a los partidos en los que hay corrupción! Pero el ciudadano te puede responder que no quiere tirar su voto. “Oiga usted, yo voto a los míos pase lo que pase”. Hay que cambiar la ley electoral ya.

P. Eso está ahora muy de moda. Y pedir la reducción de diputados.

R. Sí, pero me da la impresión de que no todos estamos hablando de lo mismo, desde luego a nivel nacional seguro que no. No he oído nunca al PSOE, al PP, a CiU, al PNV, hablando de modificar la ley electoral nacional, de ir a una mayor proporcionalidad. No lo he oído y estoy convencido de que se van a resistir como gato panza arriba para cambiar eso. Nosotros planteamos listas desbloqueadas, aunque tampoco sea un remedio absoluto. ¡En el Senado tampoco se puede elegir! Dicho esto, una de nuestras primeras propuestas en el caso de la Comunidad de Madrid fue rebajar del 5% al 3% el nivel para entrar, porque nos parece que así aumenta la proporcionalidad. Y reducir a la mitad el número de diputados, que es una iniciativa nuestra de hace la tira, porque 129 nos parecen excesivos.

P. En unos meses, y en aras de la transparencia, los ciudadanos podrán conocer el sueldo y patrimonio de los altos cargos del Gobierno autonómico y de los diputados regionales.

R. Nos parece algo imprescindible, lo pedimos nada más entrar en la Asamblea de Madrid hace casi dos años, porque es necesaria para luchar contra la corrupción y para rendir cuentas con los ciudadanos. La gente tiene derecho a saber en qué se gasta su dinero. Trabajamos con dinero de los demás. Nosotros hemos sido los pioneros en la Comunidad de Madrid y lo hemos sido en el Congreso de los Diputados. Todas las instituciones del Estado, todas, incluida la más alta institución, debe ser absolutamente transparente.

P. ¿Qué le parece el ruido alrededor del ático en Estepona de Ignacio González?

R. Mientras sean sospechas que no están basadas en algo concluyente, no vamos a entrar en descalificaciones. Si hay pruebas a este respecto, que hoy no existen y que a lo mejor no existen… Este tipo de cosas no nos gustan. Llámeme blando, pero no puedo hacerlo. No me sale de dentro.

P. Los debates de la Asamblea de Madrid están marcados por una tensión altísima.

R. Algo de ruido, de crispación, tiene que haber, pero no tanta como hay en algunos momentos. Sobre todo esa crispación sin contenido, del ‘y tú más’ arrojadizo. Nosotros nunca participamos en esos casos. Permanecemos silenciosos presenciando el espectáculo. Pero bueno, mientras no lleguemos a los extremos del Parlamento de Taiwán que se agarran a golpes… Hay cosas que no me gustan, pero cada uno tiene su estilo. A mí decir determinadas cosas no me gustan, creo en la fuerza de los argumentos y no en denostar a la gente, que pasa a veces. El nivel no está mal, creo que hay discusiones interesantes… Aunque siempre sabemos que vamos a perder. Me parece absurdo que ninguna de nuestras ideas, de los tres partidos de la oposición, nunca son aceptadas. ¡Algo habrá de valioso en algunas! ¡Algo habrá! Rechazar todas por principio… Tampoco ayuda el formato de los plenos, que terminen tan tarde, de madrugada, que es precisamente al final cuando se votan las leyes. Toda la oposición lo quiere cambiar, y estoy convencido de que una parte de los diputados del PP también opinan lo mismo. A nadie le gusta empezar a las cuatro de la tarde y terminar a las doce de la noche o una de la mañana. Son plenos clandestinos, y eso responde a un criterio de minusvalorar la Asamblea. El control parlamentario es surrealista.

P. Están de actualidad los escraches. ¿Qué opinión le merecen?

R. Yo para empezar no les llamo escrache, el lenguaje nunca es neutral. Es mejor hablar de acoso. No me gustan, hay que rechazarlos en tanto y cuanto suponen violentar derechos de los demás. Evidentemente hay un derecho a la manifestación de protesta contra determinados comportamientos políticos en la calle, eso es normal, lógico, justo y además responde a una inquietud social, ya que mucha gente lo está pasando muy mal. Por otra parte, no sabemos, detrás de esas cifras de desahucio, cuántos son de primera vivienda o menos urgentes, es decir segundas viviendas o locales comerciales. El problema existe y estamos totalmente en contra de los desahucios, porque demuestran que algo del sistema falla, pero rechazamos absolutamente el acoso y la interrupción de la intimidad de los demás. Por no hablar de los insultos desproporcionados que se escuchan. ¡No puedes llamar a una persona asesino! Esto nace en Chile, donde se llamaban funas, y en Argentina escraches. Se hacían contra la gente que había colaborado, que habían sido incluso verdugos, homicidas en sus dictaduras. Pero no estamos en una situación parecida.