Luganski y König firman un brillante concierto con la Real Filharmonía

El público disfruta en Santiago con la Sinfonía en mi mayor de Hans Rott, un genio malogrado por una muerte prematura

Santiago de Compostela 6 ABR 2013 - 20:09 CET

El concierto de de abono de la Real Filharmonía de Galicia (RFG) en Santiago tuvo ayer un brillante desarrollo, dirigida por Christoph König y con Nikolai Luganski al piano. En la primera parte Luganski y la RFG hicieron una monumental versión del Concierto para piano nº 1 de Chaikovski, con todos los ingredientes para lograr la gran ovación que muy justamente les brindó el público compostelano.

Luganski mostró todo el poderío técnico, sonoro y musical que posee, en una interpretación llena de toda la enorme fuerza y pasión contenida en la partitura de Chaikovski, pero también de la sencilla ternura del Andantino y el brillante virtuosismo del Allegro con fuoco final. La RFG dirigida por König hizo un acompañamiento a la enorme altura del pianista ruso para lograr una versión conjunta de gran brillantez sonora y tremenda hondura.

La RFG interpretaba por primera vez la Sinfonía en mi mayor, de Hans Rott, condiscípulo de Mahler cuya muerte prematura dio lugar a numerosas leyendas. La valoración de la obra tras ser redescubierta en 1989 por Paul Banks ha variado desde la glorificación absoluta a un cierto desprecio por sus citas de temas ajenos, lo que ha impedido una visión nítida de su importancia real. Un cuarto de siglo después, podemos afirmar el enorme talento mostrado por Rott en una obra llena de las influencias lógicas en todo autor novel. Una obra tan deudora de la tradición como rompedora de esta, que alterna citas de Brahms (como el tema del piu andante del cuarto movimiento de su Primera Sinfonía, que Rott incluye en su Finale) y Wagner, con climas sonoros de Schumann u orquestaciones y desarrollos brucknerianos.

Su gran sabiduría contrapuntística (son magníficas las fugas del tercer y cuarto movimientos) y un sentido muy personal del sinfonismo fueron fuente directa de inspiración para su condiscípulo Mahler cuyas sinfonías Segunda (1894) y Tercera (1896) reflejan climas de la obra de Rott (1858-1884), como el uso de esa trompeta solista flotando sobre el pedal en pianisssimo de la orquesta. Además del ambiente y el tema del Scherzo de esta obra, que en el tercer movimiento de la Sinfonía nº 1, Titán, de Mahler, más que cita es como poco re-escritura y desarrollo de la idea original de Rott.

Las partes a solo tuvieron una altísima calidad en manos de Javier Simó, trompeta; Christina Dominik, oboe; Laurent Blaiteau, flauta; Jordi Ortega, trompa; Beatriz López, clarinete; Anca Smeu, violín-concertino, a la que acompañó Ildikó Ortai en el precioso dúo del Scherzo.

La versión de König con la RFG mostró al público con gran claridad y lucidez toda la verdad de Rott. El poderío y el gran empaste sonoro que la orquesta gallega alcanza con los refuerzos de su Escola de Altos Estudios Musicais le sirvió la degustación, en su más genuina esencia, de la mayor obra de un genio malogrado por una muerte prematura.

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