Sant Pau crea una vía de pago que permite saltarse la lista de espera

El hospital opera a pacientes privados en cirugía vascular

La demora para la operación de varices en la sanidad pública en este centro es de 8,4 meses

Pancartas en la puerta del hospital de Sant Pau, el pasado martes. / aitor saéz

El hospital de Sant Pau ha abierto una nueva vía que permite a los pacientes ser operados, previo pago, sin tener en cuenta las largas listas de espera de la sanidad pública catalana. El centro sanitario, admiten sus responsables, ha operado a dos pacientes de cirugía vascular —cuya dolencia más común son las varices— que no han tenido que esperar los 8,4 meses que el pasado 31 de diciembre acumulaba esta especialidad.

Con esta vía el hospital explora “nuevas fórmulas de financiación” en tiempos de recortes, explica un portavoz, que insiste en que el centro igualmente “cumple con la actividad pública contratada por el Departamento de Salud”. La Generalitat financió la actividad asistencial de Sant Pau con 309,5 millones de euros en 2012, un 6% menos que los 329,5 millones de 2010. En este tiempo la lista de espera en cirugía vascular ha pasado de 4,1 meses a 8,4.

El hospital lleva trabajando al menos desde 2009 con la idea de tener una doble vía de acceso, pública y privada, a sus quirófanos. En esto sigue la estela del Hospital Clínic, que a través de su filial Barnaclínic también opera a pacientes previo pago.

Según un reciente informe de la Sindicatura de Cuentas, Sant Pau contrató a la consultora PricewaterhouseCoopers (PWC) cuatro estudios en las dos primeras semanas del mes de marzo de 2009 para explorar y definir la asistencia privada. El primero de ellos —Evaluación de las opciones legales para realizar actividad asistencial a pacientes privados— costó 21.288 euros y llevó a la consultora dos semanas de trabajo.

Sant Pau encargó siete trabajos a PWC por 420.00 euros en un año

El segundo trabajo de PWC —Análisis interno y externo de la prestación de servicios sanitarios a pacientes privados para conocer las fortalezas, oportunidades y limitaciones— tuvo un coste de 67.048 euros y llevó a PWC cinco semanas de trabajo. El tercero —Definir el modelo asistencial i operativo de la prestación de servicios a pacientes privados— tuvo un coste de 70.992 euros y tomó 12 semanas de trabajo, mientras el cuarto —Definir el modelo económico-financiero y elaborar un plan de acción a alto nivel para al prestación de servicios de atención asistencial a pacientes privados— costó 59.160 euros y tardó cuatro semanas en llevarse a cabo.

En total, el hospital de Sant Pau se gastó 218.428 euros (IVA incluido) en los cuatro trabajos encargados a PWC para poner en marcha la asistencia a pacientes privados. La consultora ingresó ese mismo año (2009) otros 202.000 euros de Sant Pau por otros tres contratos relacionados con los “sistemas de información”. Todos estos trabajos fueron encargados cuando el gerente del hospital era Jordi Varela, hoy imputado en el proceso que investiga un cúmulo de pagos, adjudicaciones y sobrecostes irregulares en el centro sanitario ocurridos en la última décadas.

Un portavoz del hospital explicó que el centro, aunque de forma muy reducida, realiza otras actividades que las que le encarga el Departamento de Salud para la sanidad pública. Por ejemplo, Sant Pau también atiende a los accidentados de tráfico que le llegan y cuya atención es pagada por los seguros de los vehículos. Igualmente, el centro atiende —y cobra por ello— a pacientes de otros hospitales que, como el de Manresa, disponen de menos medios. En cualquier caso, la asistencia a los pacientes de la sanidad pública supone la gran parte —más del 97%— de los ingresos del hospital.

La búsqueda de nuevas vías de financiación es posible porque Sant Pau, pese a ser financiado casi totalmente por la Generalitat, cuenta con una total autonomía de gestión. La seis veces centenaria institución está dividida en tres fundaciones —una que gestiona su patrimonio, otra la asistencia sanitaria en el hospital y la tercera las áreas de investigación— participadas por la Iglesia, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Esta peculiar estructura ha hecho posible, por ejemplo, que a la hora de construir el nuevo edificio del hospital fuera la Generalitat la que pagara los 297 millones de coste del inmueble pero que su propiedad quedara en manos de una de estas fundaciones, controlada de facto por la Iglesia.

El centro defiende la nueva senda de atención privada: “Una vez cumplida nuestra obligación con la sanidad pública, el hospital tiene la capacidad de desarrollar e impulsar más actividad no pública con la participación y conocimiento de sus trabajadores”.

Desde la llegada del actual consejero de Salud, Boi Ruiz, las listas de espera se han disparado en la sanidad catalana en relación inversa a los recortes, que han alcanzado el 10% de la factura sanitaria. En el primer año en en el puesto, 2011, el número de personas que aguardaban para entrar en quirófano aumentó en un 43%, mientras en 2012 el tiempo medio de espera creció un 36%.

Esta doble tendencia —mayores esperas y menores presupuestos para los hospitales— es la que ha lanzado a algunos centros a tratar de aumentar sus ingresos con la sanidad privada.

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