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“Hemos ganado los débiles, hemos ganado todos”

El desahuciado Mohamed Aziz y su abogado celebran en un piso de Martorell la sentencia

"Ya se lo dije: darás nombre a una sentencia que hará historia en Europa", afirma el letrado

Mohamed Aziz celebra el fallo del tribunal europeo.

Dionisio Moreno lee en voz alta el fallo del Tribunal de Justicia de la UE que declara "ilegal" y "abusiva" la ley hipotecaria española. "¿Qué quiere decir todo esto? ¡Pues que hemos ganado!", proclama con una sonrisa nerviosa en su diminuto despacho atestado de papeles, en realidad una habitación de un soleado piso de Martorell (Barcelona). Frente al ordenador y junto a él está Mohamed Aziz, cuyo apellido irá ya por siempre ligado a la historia judicial española. Son las 10.17 de la mañana. Los dos hombres se funden en un largo y sentido abrazo. El abogado, que ha pasado años de fatigas y muchas horas de nervios, llora desconsoladamente por la emoción de ver cumplido un sueño. Aziz, que ha sido incapaz de dormir en toda la noche, trata de calmarle. "Hemos sufrido mucho, pero al final hemos ganado. Hemos ganado los débiles, hemos ganado todos. Gracias a Dios", exclama, feliz.

La mañana ha sido intensa en el piso de Moreno, situado en un viejo bloque de viviendas. A la derecha de la portería hay una oficina del Deutsche Bank. A la izquierda, una panadería árabe: Albaraka. El abogado vive solo, acompañado por siete periquitos a los que enseña a acercarse a la gente. Aziz se presenta en un lugar bien conocido a las nueve de la mañana con chaqueta y pantalón claro. "He llegado andando, mi familia y yo vivimos a diez minutos de aquí. ¡Estoy sudando de los nervios!", explica entre risas. El abogado, con el que comparte mil complicidades, ha preparado dos tartas de manzana caseras para la ocasión. A la cita con la historia acude también un amigo de ambos y una abogada de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, Verónica Grávalos. También hay cava en la nevera preparado para ser descorchado. Todos se arremolinan en torno al ordenador, a la espera de que la UE cuelgue la sentencia. Grávalos se frota las manos de los nervios. Y Aziz, de origen marroquí, se permite bromear: "Parece como la elección del papa, ¿no? Si hemos esperado tantos años, no viene de cinco minutos", bromea.

A las 9.47, el abogado recibe un correo electrónico de su contacto en Luxemburgo, que le anuncia la buena nueva. "Nos alegramos de verdad", dice una de las remitentes. "¡Habemus sentencia!", tercia Grávalos. "Ya hay fumata blanca", añade Aziz. "Ya se lo decía yo a él: darás nombre a una sentencia que hará historia en Europa, te van a tener miedo los bancos. Y él me decía que estaba loco", recuerda Moreno. Pero la informática juega una mala pasada al modesto y nada actualizado ordenado portátil de Moreno, que tiene que trasladarse al PC de su despacho para poder leer el fallo. La euforia se desata en forma de llanto. Las tartas de manzana esperan en la cocina, pero el cava se abre paso y los protagonistas brindan por lo que consideran un triunfo. Una primera lectura del fallo y un repaso rápido a los fundamentos jurídicos les hacen pensar que la sentencia es muy positiva.

Las consecuencias de la sentencia, augura el abogado, son letales: "Esta sentencia sirve para todos los desahuciados. Es un cambio fundamental. La sentencia dice que el procedimiento es contrario a la norma y tendría que paralizar los procedimientos en marcha y los que se puedan iniciar". El abogado considera que, a partir de ahora, los jueces "van a tener instrumentos para actuar; hasta ahora solo podían ajustarse a una ley muy restrictiva, aunque no les gustara. Seguramente lo que se está discutiendo en el Congreso —en alusión a la Iniciativa Legislativa Popular— tendrá que adaptarse".

El triunfo de Aziz y de Moreno es el de la modestia, el trabajo y la perseverancia. Moreno, un abogado humilde con clientes humildes de Martorell, ha dedicado muchas horas al caso de Aziz. Sin cobrar. "Todo lo he ido pagando yo. Vi un asunto que era injusto y por suerte encontré una solución. Pero ahí tengo muchas más injusticias", dice señalando una estantería con una pila de carpetas azules; todas, sobre ejecuciones hipotecarias. La carpeta de Aziz es la más voluminosa de todas. El abogado tuvo su momento eureka en ese mismo despacho de casa, sentado en una silla negra que él mismo arregló colocando unos tiradores del cajón para enganchar el respaldo con el asiento. Grávalos fotografía la silla, convertida en una suerte de talismán. "Es mi lugar preferido de la casa. Aquí es donde veo unas puestas de sol muy bonitas y aquí es donde encontré la idea para el caso de Aziz".

Esa idea -apelar a la directiva europea sobre derechos del consumidor y las cláusulas abusivas- le vino a la cabeza casi sin querer. Estaba leyendo distraídamente una carta con publicidad de una entidad bancaria que hablaba de unos productos financieros. "Empecé a pensar: productos, bancos, clientes, consumidor... Y así salió. Luego consulté documentación, sentencias, y vi que era una vía muy lógica y muy interesante. Parte de la historia posterior es conocida: Aziz trató de evitar el desahucio de su casa, que se ejecutó de todos modos el 20 de enero de 2011. En junio de 2012, el titular del juzgado de lo mercantil número 3 de Barcelona, José María Fernández Seijo, admitió a trámite la demanda y planteó, en línea con lo solicitado por el abogado, una cuestión prejudicial a Luxemburgo para saber si la ley española es compatible con los derechos de los consumidores que contempla la normativa europea.

Moreno tuvo que ir a una vista en Luxemburgo, en un viaje el 19 de septiembre de ese año que se convirtió en una odisea. Apenas tenía dinero para comprar los billetes de un avión que le dejó en el aeropuerto Charles de Gaulle. "Desde allí tuve que coger un coche, conducir 500 kilómetros a Luxemburgo, algunos casi por campo a través. Me perdí, llegué tarde. Pero al final pude explicarme", rememora el abogado, que atraviesa dificultades económicas. "La clave para que tomaran el caso en serio fue que Dioni acudiera a aquella vista", señala Grávalos. "No me puse nervioso en aquella sala que parecía un polideportivo ni se me quebró la voz, y mírame aquí, en mi casa", sonríe él.

La demanda pergeñada por el abogado pretendía apelar a la conciencia del juez, engancharle a la historia del juez: "Quizá pueda pensarse que esta demanda es un desesperado intento por evitar algo imposible: que mis representados pierdan su casa (...). Quizá pueda pensarse que las circunstancias que se expondrán no son más que literatura (...), quizá lo más fácil sea aplicar el principio de la navaja de Occam, y considerar que la explicación más fácil de un hecho es la cierta y, en el presente caso, que ante el incumplimiento por mí representado de su obligación de pago no cabe más que ejecutar la casa". Pero "el problema de Aziz", continúa el escrito, es que "pensó que podría pagar y la demandada así se lo hizo creer".

Aziz fue expulsado de su casa, pero la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE abre ahora un camino de esperanza para él y para miles de afectados. "Pensaba que ya lo tenía todo perdido, pero gracias a Dionisio y a mis amigos sigo con ilusión. Tengo el corazón a 300. Ahora los jueces podrán hacer su trabajo", razona Aziz, un obrero con tres hijos que llegó a cobrar, como soldador, más de 1.300 euros al mes con los que podía hacer frente a un préstamo hipotecario de 138.000 euros. Pero se quedó en paro y, cuando dejó de pagar tres cuotas, la entidad bancaria (Caixa Tarragona), le echó de casa y subastó el inmueble por 90.000 euros. Su situación sigue siendo delicada: tiene tres hijos (uno de ellos en Marruecos) y paga 370 euros por un piso de protección oficial cuando sus ingresos apenas llegan a 426 euros por una incapacidad. La familia subsiste con la ayuda de amigos. "Teníamos enfrente un Bulldozer, y lo hemos parado", concluye Moreno.

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