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CICLO MEMÒRIA EUROPEA

Dos lecturas de Strindberg en el Lliure

Tomo prestado el título al espectador que tenía a mi izquierda y que sabe muy bien de lo que habla cuando compara la dimensión de una lectura dramatizada con la de la música de cámara. Mientras comentaba con Joan Francesc Marco el valor de un formato tan esencial durante la pausa tras La tempesta, oía al espectador de mi derecha quejarse por lo mal que lo habían hecho todos, a excepción de Boixaderas, y por no saber de antemano que se trataba de una lectura y no de una función "comme il faut". Es cierto que el programa no lo deja claro, pero también lo es que esperar una representación al uso de un texto de Strindberg con Lluis Pasqual como protagonista hubiera tenido otra repercusión mediática. Las dos lecturas de Strindberg que ofreció el Lliure de Gràcia el pasado miércoles (La tempesta y La casa cremada) forman parte del ciclo Memòria Europea, iniciado la temporada pasada y que se completa en esta con un recorrido teatral en sesiones únicas que va desde el nacimiento del teatro contemporáneo —con piezas de Strindberg— hasta la Segunda República Española con las cartas entre Eduard Toldrà y Manuel Clausells, pasando por la Revolución Francesa con textos de Georg Büchner y la II Guerra Mundial con uno de Peter Weiss.

LAS LECTURAS

LA TEMPESTA. De August Strindberg Dirección: Juan Carlos Martel. Intérpretes: Javier Beltrán, Jordi Boixaderas, Laia Martí, Bárbara Mestanza, Lluís Pasqual, Boris Ruiz, Bea Segura.

LA CASA CREMADA. De August Strindberg. Dirección: Lluís Pasqual. Intérpretes: Pere Arquillué, Laura Aubert, Javier Beltrán, Andreu Benito, Jordi Boixaderas, Jordi Bosch, Laia Martí, Pol López, Carles Martínez, Xicu Masó, Rosa Renom, Boris Ruiz, David Verdaguer, Rosa Vila.

Teatre Lliure de Gràcia. Barcelona, 13 de febrero.

Coincidiendo con el centenario de la muerte de Strindberg, los textos suyos que han sido escogidos son cuatro piezas posteriores a La señorita Julia que pertenecen a la segunda etapa de su obra, de carácter más simbolista. Con La tormenta, La casa incendiada, La sonata de los espectros y El pelícano, todas ellas de 1907 y escritas para el Intima Teatern, Strindberg quería adaptar el concepto de música de cámara al teatro.

Las dos primeras obras comparten, ya en el título, el simbolismo de los elementos purificadores de la naturaleza y, en la lectura escenificada del otro día, varios intérpretes de primera línea. Lluís Pasqual no sale muy bien parado en La tempesta y menos con Jordi Boixaderas dándole las réplicas, pero la dirección de Juan Carlos Martel consiguió, con lo justo, que el pasado que vuelve a la monótona vida del funcionario jubilado (Pasqual) y sus reflexiones sobre ese pasado, el presente y el futuro, nos inundaran, junto a la tormenta, al menos a los que estábamos en las primeras filas, que es desde donde se oía todo bien.

En La casa cremada Pasqual asumió la dirección, que es lo suyo, con un reparto homogéneo y de lujo. Que gustazo ver y oír (con micrófonos, además) a Pere Arquillué, Andreu Benito, Jordi Bosch, Xicu Masó, Rosa Renom y de nuevo Boixaderas y Boris Ruiz, entre otros, en un escenario lleno de muebles y trastos —los restos del incendio— como personajes entrelazados en una historia que en la que el pasado y la culpa necesitan, una vez más, ser purgados. Este sábado, La sonata dels spectres y El pelicà, dirigidos por Pau Carrió y Pau Miró, respectivamente.