Generalitat y libreros buscan canalizar ventas a través de las bibliotecas públicas

La iniciativa aprovecharía los servicios del préstamo interbibliotecario y de los bibliobuses

Que la compra de los libros pueda encargarse desde sus mostradores y también recogerse allí gracias al contacto estable de las bibliotecas con las librerías de su entorno próximo. Sobre ese eje conceptual giran las negociaciones que el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat mantiene con el Gremio de Libreros de Cataluña como una de las posibles salidas a la crisis del sector de las librerías. Las conversaciones tratan de establecer un marco general de entente entre los dos sectores, que explora incluso la apertura de librerías dentro de las mismas bibliotecas, como se ha planteado ya de forma más avanzada la red de 38 centros del Ayuntamiento de Barcelona (ver EL PAÍS del pasado 17 de enero).

Se trataría de que los 23,7 millones de usuarios de las 337 bibliotecas catalanas (datos 2010), sin duda potenciales clientes de librerías (el 64,5% de los préstamos realizados son de libros o impresos en papel), tuvieran información sobre cómo y dónde poder adquirir los libros por los que se sienten interesados ya en la misma biblioteca, que les facilitaría tanto el encargo del libro como su posterior recogida en el mismo centro. En este último caso, aprovechando la infraestructura de los servicios del préstamo interbibliotecario o el de los bibliobuses. También se baraja la inclusión de ordenadores fijos que ofrecieran conexión con el portal Liberdrac, que promueve el gremio, para la compra de libros digitales.

Este servicio a distancia —que exigiría un pliego de condiciones a la librerías que quisieran acogerse, como que tuvieran página web y acceso a consulta informatizada de sus stocks— encajaría con la filosofía que está deseando implantar la nueva jefa del Servicio de Bibliotecas de la Generalitat, Carme Fenoll, que pasa por integrar más esos centros con entidades de su entorno. Esos acuerdos de mínimos, amén de garantizar que a los libreros se les escapasen pedidos, se ven, por el momento, más viables a corto plazo que la incrustación de librerías en las sedes de las bibliotecas. La medida, que se está probando en EEUU y que sigue analizándose en el Consorcio de Bibliotecas de Barcelona, plantea escollos como si esos espacios deberían ser abiertos o cerrados dentro del mismo recinto, así como con qué horarios y qué personal funcionarían y las condiciones y el precio de concesión. A todo ello, en el caso de las bibliotecas de fuera de la capital catalana se añade la ubicación geográfica de esos centros, a veces con índices demográficos que harían poco lógico o rentable la apertura de una tienda.

Generalitat y libreros esperan concluir sus estudios en junio para poder arrancar algunas experiencias ya en septiembre.

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