Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
OPINIÓN

Colectivos de arquitectos

En la arquitectura colectiva, la obsesión individualista por la autoría se diluye y la obra se vuelve más social y más plural

Cada vez proliferan más los colectivos de arquitectos. Es una tradición alternativa al trabajo convencional que ya existía y que la crisis ha visibilizado y potenciado. Son grupos creativos y activistas que buscan y encuentran posibilidades para realizar sus proyectos y los del entorno social. Su objetivo es proyectar y hacer cosas útiles y significativas con pocos medios y recursos, a medida que se va plasmando una posible ciudad de la nueva subjetividad y un urbanismo alternativo, trabajado en red y con los futuros usuarios.

Hace muy pocos meses la revista Arquitectura Viva de Madrid dedicaba el número a este fenómeno de los “colectivos españoles”, con un enfoque centralista (según la revista, el movimiento fue inventado en Madrid), bastante tendencioso, al reconocer los grupos más profesionalistas e integrados y marginar a los más radicales y combativos, y tratándolo como una moda.

Sin duda, el pionero en este tipo de activismo es el sevillano Santiago Cirugeda, con su grupo Recetas Urbanas, que ha tenido un papel muy destacado como estímulo y referente de estos colectivos en el Estado español y en Latinoamérica. En Sevilla han surgido otros, como lapanadería, iniciadores del proyecto Casa más o menos, o como hackitectura.net. Es cierto que en Madrid proliferan estos grupos, como Todo por la Praxis (formado en el 1999), equipo multidisciplinar y activista radical; Basurama (2001); Zuloark (2001); Laboratorio Urbano (2002); Observatorio Metropolitano (2006); o Esto es una plaza (2009), red de huertos urbanos en Lavapiés. Algunos de los lugares de mayor actividad de estos colectivos son el Campo de la Cebada y La Tabacalera.

En Cataluña, donde destacan iniciativas de promoción del arte social, como Idensitat o como la plataforma de arte participativo Sitesize, hay muchos colectivos relacionados con la arquitectura. Como LaCol, formado en 2009 por una veintena de jóvenes entonces estudiantes, hoy arquitectos-activistas, que llevan adelante una praxis no convencional, social y creativa, basada en relacionarse con el contexto urbano y social donde tienen su estudio, en el barrio de Sants y, especialmente, en las naves fabriles de Can Batlló; como straddle3, que aúna arquitectura y nuevos medios y que forma parte de la órbita de Cirugeda; como el Col·lectiu Punt6, activo por la igualdad de género en urbanismo; como Raons Públiques, especializados en participación; o como Makea Tu Vida (2007), expertos en microintervenciones en edificios y espacios públicos. La propuesta de estos colectivos es clara y combativa: una concepción no jerárquica y asamblearia del estudio, y una estructura abierta y flexible que se repiensa en cada situación.

La propuesta de estos colectivos es clara y combativa: una concepción no jerárquica y asamblearia del estudio

Hay muchos grupos en Valencia, como Desayuno con viandantes (2008), y algunos en Zaragoza, como Esto es un solar, colectivo multidisciplinar dedicado a la recuperación de solares vacíos para convertirlos en huertos y centros sociales. La mayoría de estos grupos españoles están relacionados dentro de la red Arquitecturas Colectivas y disponen de espacios de visibilidad como el Festival EME3 de Barcelona. Y tienen diversos puntos en común: utilizan un nuevo vocabulario, se basan en la experiencia como información de partida, defienden y practican la participación en un proyecto de construcción social, trabajan en red, tienen la ecología como referente y el activismo social como uno de sus objetivos.

Hoy en muchas capitales, como París, con el atelier d’architecture autogérée (aaa), una plataforma de arquitectos seguidores del posestructuralismo, que trabaja con grupos interdisciplinares para hacer emerger lugares de interacción, como huertos comunitarios; o como Buenos Aires, con el grupo a77, que ha diseñado el Centro Cultural Nómade, destacan las acciones de sus colectivos.

Estamos ante un cambio en la manera de trabajar bien significativo. Se han transformado los dos elementos básicos tradicionales: la autoría, que se diluye, rechazando la obsesión individualista por el ego del autor; y la obra, que antes solo podía ser proyecto construido y ahora se abre a itinerarios, asesorías, acciones reivindicativas, rehabilitaciones, exposiciones, filmaciones, nuevos medios y otras actividades. Se reivindica la necesidad de la arquitectura y se demuestra que se puede desarrollar en muy diversos caminos.

Josep Maria Montaner es arquitecto y catedrático de la ETSAB-UPC.