“Valencia es una ciudad donde no se puede respirar”

El novelista valenciano confirma su reconocimiento en Francia con la presentación de su última obra 'Tantas lágrimas han corrido desde entonces'

Alfons Cervera, en la cafetería de La Nau en Valencia. / MÓNICA TORRES

Alfons Cervera pasa muchos meses del año en Francia. Ahora mismo acaba de regresar de una estancia de un mes en este país y Alemania, presentando su nueva novela, Tantas lágrimas han corrido desde entonces, “sin apenas tiempo para otra cosa, sólo descansando tres días de 30” aclara en una conversación mantenida en La Nau, donde ha coordinado los últimos años el Fórum de debats. La novela será traducida al francés como lo han sido anteriormente otras tres; una cuarta parte de su producción, si tenemos en cuenta que ha publicado una veintena de libros. El aldabonazo sobre el autor valenciano llegó en 2005 con Maquis, su novela sobre los guerrilleros antifranquistas. “Maquis estuvo dos años en las oposiciones a cátedra de literatura española de instituto, con el Lazarillo de Tormes y Rómulo Gallegos”, explica, “y ahí se abrió una vía, sobre todo en el campo de la enseñanza secundaria y universitaria”. Después su reconocimiento en Francia se disparó, gracias a las traducciones de George Tyras, profesor de la Universidad de Grenoble que ha traducido a autores como Manuel Vázquez Montalbán y Andreu Martín.

Con Esas vidas, Alfons Cervera quedó finalista del premio Nacional de Narrativa que en 2010 ganó Javier Cercas. “Con Esas vidas lo había dado todo y pensaba que después venía el abismo”, confiesa en referencia a una obra dura porque “contaba inmisericordemente la muerte de mi madre”. “Una novela es un proceso de vaciado interior y exterior”, asume, “pero siempre hay vida después de la muerte y siempre hay una novela después de la última”.

“Es el momento en que más estoy disfrutando escribiendo, el momento en que me siento más capaz de jugar con todo lo que conforma la escritura, de jugar con la estructura, el tiempo, el espacio, los personajes”, afirma con un sentimiento paradójico: “Coincide que estoy contando mis historias más tristes”. Tantas lágrimas…, en efecto, tiene en el día del entierro de su madre un eje, pero no es el único, muchas cosas suceden décadas atrás, cuando la gente emigró a Francia, o suceden en el Café des Glaces, en Orange, que aparece en la portada como si fuera una foto de los años sesenta pero es de ahora; acontecen en el espacio rural de montaña de Los Yesares, donde Cervera sitúa sus novelas, donde incluso el autor aparece en “una especie de cameo” afirmando “esos son los personajes que me interesan, la voz que no suena en ningún sitio”.

Hay un trasiego de gentes, de espacios y de tiempos en la novela que se asemeja al trasiego actual del propio autor, yendo y viniendo entre Valencia, Gestalgar y Francia. Ese trasiego se traduce en que “somos un montón de espacios, de gentes, de espacios, que se han cruzado en nuestro camino y con los cuales nos construimos, como yo me construyo con todo eso en tanto que escritor y eso lo llevo a mis novelas y sobre todo a Tantas lágrimas han corrido desde entonces”. Esta novela no hubiera nacido si no hubiera sido por su “experiencia francesa de cinco años acá”, reconoce. Lleva cinco años encontrándose con españoles en universidades, librerías, encuentros con escritores, coloquios sobre la memoria, encontrándose con españoles que “descienden de la generación del exilio político o descienden de la inmigración de los años sesenta”. Eso es Tantas lagrimas…: “De dónde es la gente que sale obligada de los sitios, del desarraigo”. La respuesta del propio autor a esta pregunta es “que la gente que sale de los sitios deja de pertenecer a ningún sitio”.

Insiste en que aunque hable de tiempos pasados le gusta escribir del presente. Y en el caso de la última novela, de la inmigración. “Mi novela empieza con la fotografía de un niño de nueve años que es el narrador mirando con desconcierto pasar los trenes de Francia”. Ese niño de entonces “es un negro africano de ahora”. Los que se fueron a Francia “llevaban la misma vida que llevan aquí los inmigrantes”.

Alfons Cervera disfruta en Francia porque “todo es otra cosa, y en especial la cultura”, porque “respetan tu trabajo”, porque “se está abriendo un mercado” y porque “aquí no se respira, llevamos mucho tiempo sin respirar, Valencia es una ciudad donde no se puede respirar”. Y por eso Alfons Cervera sale a respirar fuera “y respiro sobre todo en dos sitios, en Gestalgar y en Francia, donde paso más tiempo casi que en España”. Entre su anterior novela y ésta, Cervera escribió un ensayo periodístico, Gürtel & company, enhebrado con artículos previos y disfrutando mucho, a pesar de que el tema era la corrupción. De la atmósfera irrespirable valenciana, dice que “Gürtel es la punta del iceberg”. Pero le preocupa sobre todo “cómo se ha construido territorialmente, urbanísticamente este país” y el “cinismo en que se ha instalado la clase política y especialmente la gente representada por el PP”. Le preocupa respecto a la izquierda “qué tenemos en la cabeza que tiene que ser este país”. En cualquier caso, no comparte “la idea de que la responsabilidad de la izquierda y la derecha en la construcción de este desaguisado que es el País Valenciano sea la misma”.

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