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Los editores catalanes tienden puentes premiando a Javier Solana

El sector concede al exministro y exdirigente europeo el Atlántida 2012

Javier Solana, ayer durante su intervención en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona.
Javier Solana, ayer durante su intervención en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona.

No fue explícitamente buscado, pero la elección ayer del político Javier Solana como premio Atlántida 2012 que concede el Gremio de Editores de Cataluña emitió un tan oportuno como tácito mensaje del sector de tender puentes, así hacia el Ebro como hacia los Pirineos. “Su trayectoria en el mundo cultural ya le avalaría por si solo, pero también es una figura internacional, que ha mirado hacia dentro y hacia afuera; en ese sentido, es oportuno”, se explicaba ayer el presidente de los editores, Xavier Mallafré, consciente de las tensiones que el debate soberanista ha generado en la sociedad catalana y que en el mundo del libro se tradujeron en las declaraciones del presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, de llevarse sus empresas fuera de Cataluña en caso de una hipotética independencia de esta de España.

En el marco de una 27 Nit de la Edició (la fiesta de los editores catalanes) que la crisis dejó ayer en tentempié de atardecer en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona ante unas 150 personas del mundo del libro y la cultura, Mallafré se encargó de dar las pinceladas de actualidad; por ejemplo, también sin mentarlo y a rebufo de la polémica reforma educativa que impulsa el ministro Wert, al dar datos sobre el multilingüismo de Cataluña (se hablan unos 180 idiomas): “La lengua es fuente de riqueza y no de división de la sociedad”, dejó caer antes de que el director adjunto de EL PAÍS, Lluís Bassets, se encargara de glosar la figura de Solana, “el español más conocido internacionalmente, un gran viajero y que solo bajar de un avión ya te pregunta: ‘¿Qué estás leyendo?’. O que pide a un editor que le haga llegar una novedad antes de que esté en librerías”.

Del extenso currículo de Solana (Madrid, 1946), que le llevó a ser secretario general de la OTAN, Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea y Comandante en Jefe de la EUFOR, Bassets prefirió hacer hincapié en sus seis años como ministro de Cultura (1982-1986), etapa en la que nombró al mítico editor Jaime Salinas como director general del Libro: “Nunca más se ha tenido una política del libro como la de entonces”, resumió el periodista.

Solana, la única personalidad básicamente de la cultura castellana reconocido en este galardón en toda su historia junto a José Manuel Blecua el año pasado, se mostró emocionado, “aunque no lo crean”, dijo. Era cierto: le delató la evocación de su abuelo paterno Ezequiel, editor y creador de un Quijote para niños, y la de la rama materna, donde también apareció una editorial de temas económicos. “Nací con los dedos manchados de tinta y sabiendo lo que es un cícero [medida para calcular interlineados]”, bromeó. Pero también demostró que sabía lo que era Europa gracias a sus lecturas, empezando por La marcha Radetzky, libro que le mostró cómo se derrumbó el imperio austrohúngaro. De Joseph Roth también citó La cripta de los capuchinos, lectura compartida con su amigo Juan Benet. Fruto de ese libro, Solana visitó la tumba imperial en Viena, donde están enterrados los Habsburgo, en “un sótano modesto de la iglesia de los capuchinos; si luego visitas El Escorial sacas muchas lecciones de la historia y sobre la austeridad y la grandiosidad; pero no me voy a decidir”, lanzó socarrón.

Tras citar a Ariel Sharon —al que regaló dos libros de judíos: El mundo de ayer, de Zweig, “que me rechazó por, dijo, ser un escritor europeo”; y otro de Isaiah Berlin, que “conservó siempre”— y los inevitables El Danubio de Claudio Magris y Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric, llegó hasta una entrada “no dichosa” de los diarios de Elías Canetti. En ellos, hay un paraje sobre un lugar de centroeuropa en el que Canetti detectó en una conversación que se buscaban distancias entre pueblos y gentes. “Pensé, tras leerlo, que yo en mi vida decidiría generar proximidades, construirlas”; ello a pesar de estar en tiempos en que “vivimos más pero menos precisos” y en el que “viajamos más pero que en vez de recuerdos nos traemos fotografías”.

El alcalde de Barcelona, Xavier Trías, en el juego tácito instaurado, y elogiando en principio a Solana, pidió para la vida actual “gente de mentalidad abierta, y que pese a sus fuertes convicciones quieran a los demás, den sensación de afecto”. Por su parte, el consejero de Cultura en funciones, Ferran Mascarell, elogiaba “la confrontación de lecturas como elemento configurador de identidad”. La iniciativa de jóvenes como el editor de Fragmenta, Ignasi Moreta, reconocido también por su labor en los libros religiosos no confesionales, la del crítico Juan Antonio Masoliver Ródenas y la del distribuidor y librero salmantino José Miguel García Sánchez al frente de la madrileña editorial Antonio Machado Libros redondearon un acto con mucho texto entre líneas.