SANIDAD

La ‘marea blanca’ eclipsa la huelga

Los hospitales, con servicios mínimos muy amplios, funcionan con normalidad

Las protestas contra la privatización y los recortes se llevan todo el protagonismo

Protestas frente al hospital universitario La Princesa de Madrid. / SAMUEL SÁNCHEZ

Pocas veces una huelga general ha pasado tan desapercibida en los hospitales públicos madrileños. No porque los servicios mínimos sean superiores a los de un día festivo, ni por la baja participación, sino porque este 14-M es mucho más que una huelga para un sector en lucha desde hace 15 días. Los hospitales madrileños, grandes y pequeños, afectados por la privatización o por otras medidas del plan de “ahorro” del Gobierno regional, están en llamas desde el 31 de octubre. Y se nota: encierros en una veintena de centros, recogida de firmas en mesas, consultas y salas de espera, carteles adornando las paredes… Las pegatinas y las banderas sindicales han pasado a un segundo plano. La protesta de la marea blanca ha eclipsado la huelga. Sin siglas. Las cifras de participación que dan sindicatos y Administración son tan absurdamente dispares (Comunidad de Madrid: 9%; sindicatos, 90%) que ni merece la pena extenderse en ellas.

El hospital de La Princesa, bastión de ese movimiento contrario a los recortes en Sanidad, ha sido uno de los puntos calientes de la jornada en Madrid. Sin ir más lejos, lo han escogido los sindicatos para, a las siete y media de la mañana, ofrecer una primera cifra de apoyo a la huelga en el turno de noche. Mientras en el interior la actividad se desarrollaba con bastante normalidad, en la entrada de Diego de León no ha parado de haber movimiento: dos mesas recogían firmas sin parar, alguien se encargaba de que las velas no se apagaran…

A las once de la mañana, a la ya tradicional concentración de vecinos y trabajadores en protesta por el “desmantelamiento” del hospital (el Gobierno regional aseguró que pretendía transformarlo en un centro especializado en mayores de 75, cerrar las urgencias y desplazar a sus cerca de 300.000 pacientes a otros hospitales) se han sumado cerca de dos centenares de ciclistas. Juntos ha  gritado “¡sanidad pública!”, “La Princesa no se cierra” e incluso algún aislado “Rajoy, capullo, lo público no es tuyo”.

“No me creo nada de lo que dicen que van a hacer. Ni geriátrico ni nada. Seguro que al final lo cierran. Todo mentira”, decía desde la acera Raquel García, de 46 años, vecina de Coslada y paciente de La Princesa que se está tratando de un segundo cáncer de mama. “Aquí me han tratado maravillosamente bien. Ahora qué, ¿me tengo que ir al hospital del Henares? No hay ni quimio ni radio. Este es uno de los mejores hospitales de España”, aseguraba.

Dentro, antes de que empezaran las consultas, en servicios como Holter (Cardiología), Oftalmología o Maxilofacial la mitad del personal de enfermería había hecho huelga, según han relatado trabajadores que estaban de mínimos o habían decidido trabajar. En Urología, en cambio, no faltaba nadie, también según dos de sus sanitarios. En Neumología, tanto el personal médico como el de enfermería estaban a medio gas. Otros médicos atendían consultas de los que no estaban. Los pacientes preguntaban si estaba o no estaba su médico, pero este diario no ha encontrado a ninguno que se quejara de largas esperas.

Los sindicatos profesionales de médicos y enfermeras no han apoyado la huelga. La Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid ha convocado una indefinida para la última semana de noviembre, a la que podrían sumarse algunos sindicatos. La Paz ha sido buen ejemplo de cómo la lucha por una sanidad pública y contra los recortes ha hecho sombra a la huelga general. Nada más entrar en el hall del hospital general, lo primero que se veía era una mesa de recogida de firmas “contra los recortes”, se leía en una sábana que colgaba del techo.

Tras el mostrador, de atención al paciente, otra pancarta enorme: “Queremos ser pacientes, no clientes”. Y por todo el hospital, referencias a la intención del Gobierno regional de centralizar los laboratorios en cuatro centros y dejar en mínimos el resto, o al encierro que los trabajadores mantienen en el salón de actos. Los servicios mínimos, en contra de lo que ha asegurado el Gobierno regional, no son los de un día festivo, sino superiores. Por ejemplo, en unidades como Radiología, en el hospital maternal, había tres técnicos de rayos y enfermeras de mínimos, cuando normalmente no abre en fin de semana. “Algunos pacientes han preferido no venir, y por eso hemos podido sacar adelante las citas”, decía una sanitaria. “Hace tiempo que los servicios mínimos no permiten que se note la huelga. Los que venimos sacamos el trabajo”.

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Redactora de Sanidad y Medio Ambiente

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