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Billete a Siberia desde Atocha

Una antropóloga reparte en Madrid folletos de los dos museos etnográficos que tiene en Toledo

"Este año nos ha visitado poca gente y no tengo más medios para promocionar los museos"

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Arnau posa en Atocha con el traje regional.

Repartir folletos por las calles de Madrid es bastante común. De hecho, hay repartidores de propaganda de todo tipo: de restaurantes, de cursos de idiomas, para la compraventa de oro, de ofertas de supermercado… Lo menos corriente es toparse con una señora ataviada con el traje típico de los jakasios, un pueblo indígena de la estepa central de Siberia, distribuyendo folletos para promocionar sus dos museos sobre estos pueblos autóctonos afincados en Toledo.

Desde el pasado mes de septiembre, Carmen Arnau Muro, antropóloga especialista en nativos siberianos, intenta venir una vez a la semana desde el municipio toledano de Polán hasta la capital para “animar” a los madrileños a que visiten estos centros. “Este año nos ha visitado poca gente y no tengo medios para promocionar los museos, así que pensé que una forma original de captar más visitantes sería venir disfrazada”, explicaba el pasado viernes en el invernadero de la estación de Atocha.

Hace cinco años quiso trasladar la estampa siberiana a los Montes de Toledo y abrió un museo de casas típicas de la gélida región en el término municipal de Las Ventas con Peña Aguilera. En una superficie de 40.000 metros cuadrados, esta licenciada en Geografía e Historia construyó una yurta octogonal (la vivienda propia de la estepa del sur de Siberia), un balagán -típica construcción de la tundra- o una baina o sauna.Todas estas construcciones son de madera y recrean la vida de los autóctonos rusos. El etnomuseo se abre los fines de semana y la entrada es gratuita.

Desde septiembre Arnau intenta venir una vez a la semana a Madrid a dar a conocer sus dos museos

“He realizado 18 expediciones científicas a Siberia y conozco a una decena de los 30 grupos de la región. Me siento muy unida a ellos y mi interés es completamente altruista. Solo quiero divulgar sus costumbres”, presume la investigadora toledana, de 63 años, mientras la diadema de pequeñas bolas de color rojo coral que se ha colocado en su estrecha frente se va deslizando hasta rozarle las cejas. Los viandantes que cruzan la estación no le quitan el ojo de encima. Llama la atención el “pogó” o collar de tela roja cubierto de nácar y revestido con conchas de mar disecadas. Tampoco pasa desapercibido el pañuelo de motivos florales que cubre su cabeza.

Cuando visita Madrid para repartir los folletos, es fácil toparse con esta intrépida antropóloga por el centro de la capital. “Suelo llegar a las diez de la mañana a Atocha y me muevo por Gran Vía, Sol y los aledaños a la estación hasta las cuatro de la tarde”. Arnau reconoce no tener miedo a hacer el ridículo y disfruta dando a conocer sus museos. “No lo hago por mí. Tengo una buena casa y una pensión, pero los indígenas son mi segunda familia. El problema es que no tengo subvenciones ni ayudas de ningún tipo y mantener los centros cuesta dinero”, sostiene.

Museos sobre indígenas siberianos

Situado en la localidad de Las Ventas con Peña Aguilera, el etnomuseo de casas siberianas se abre los sábados, de 11 a 18 horas y los domingos, de 11 a 14 horas. Para visitar el museo etnográfico, situado en Polán, es necesario contactar con Carmen Arnau: info@carmenarnaumuro.com

Doctorada en chamanismo siberiano, imparte diversos talleres de iniciación a esta creencia ancestral. También organiza un festival en primavera sobre los indígenas y en un anexo de su casa de Polán, (municipio cercano al parque natural de Cabañuelos) tiene otro museo de carácter etnográfico. Algunos días alterna el traje jakasio con la vestimenta popular de los indígenas de Buriatia, a orillas del lago Baikal, al sureste de Siberia. “Esa indumentaria es azul porque a los buriatos les encanta ese color”, asegura. A veces sale ataviada desde casa y se divierte con las caras de asombro de los pasajeros del tren. Otras, se cambia en los baños de la estación.“La gente me relaciona con Asia pero se quedan un poco desconcertados al verme. Una vez incluso me preguntaron si hablaba español”, dice.

Cuando reparte los folletos se esmera en explicar en qué consiste su proyecto e intenta transmitir los valores de los indígenas siberianos: “Son solidarios y muy hospitalarios, de creencias animistas. También les describo cómo son aquellas tierras y les invito a conocer la provincia de Toledo”, sostiene. Antes de que el interesado se despida, Arnau le recuerda: “¡Y está tan solo a una hora y media de Madrid!”.

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