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Una capilla atea

El Madrid que elige el actor, animador cultural y provocador se basa en el jardín de tortugas de Atocha, la calle donde vivió en una furgoneta o la humanidad acumulada en la Cañada Real

Leo Bassi en la plaza de Lavapiés donde ubica su capilla atea, "el lugar más secreto de Madrid.
Leo Bassi en la plaza de Lavapiés donde ubica su capilla atea, "el lugar más secreto de Madrid.

1. Jardín con tortugas. En el interior de la Estación de Atocha hay un estanque con un jardín natural donde hay tortugas. Es increíble que estos animales salvajes estén en una estación al lado de gente que entra y sale. Nunca había visto tortugas y me siento como una de ellas porque vivo en un microcosmos al margen de la realidad.

2. Chueca. Donde estaba antes el circo Price (Plaza del Rey), que fue derribado en los años 70-80, me envuelven muchos recuerdos de familia. Una prima se casó ahí y llegó montada sobre un elefante por la Gran Vía.

3. Gran Vía. Me recuerda a mi niñez, a los años cincuenta, mis padres vivían aquí y los carros que llevaban comida a las vacas de las lecherías. Bellísima la bajada a la Plaza de España. Me interesan las contradicciones de imágenes de mi infancia, muy rústicas, con la realidad posterior. Y no puedo olvidar el 1 de marzo de 2006 cuando actuaba en el Teatro Alfil (Pez, 10) y sufrí un atentado en el camerino con un kilo de explosivos. Era una representación sobre ateísmo y después tenía que actuar custodiado por la policía. Aún no se sabe quién fue.

4. Calle Tribulete. En el edificio donde hoy está la UNED en los años setenta vivimos mi mujer y yo un año en una furgoneta. Actuaba por las calles y este era un cruce entre la ciudad antigua y los principios de la Movida. Nadie me dijo nada nunca.

Un artista nómada

El italiano Leo Bassi (Nueva York, 1952), nació en una familia con seis generaciones de comediantes y circenses. Comenzó su carrera a los siete años, cuando el circo familiar estaba de gira por Australia. Esa vida nómada también le trajo a Madrid.

5. Puerta del Sol. Es muy banal, pero no tanto. Es una plaza única porque habla de política, un lugar a conquistar. He vivido el 15-M, pero también en 2004 tras una manifestación contra la guerra de Irak la policía disparó balas de goma y fue un hecho que, con 50 años, me radicalizó políticamente. Fue un acto de violencia inútil.

6.Templo de Debod. Ese templo de 2.500 años fue sacado de Egipto sin mucha razón. Estaba en un dique de Annan, construido por la Unión Soviética, sobre el Nilo que inundaba la zona y los templos andaban perdidos. La Unesco y Egipto intentaron salvar todo regalándolos. Y ahí está, tirado. No deja de ser un regalo que la Unión Soviética hizo a España en 1968. Me gusta porque apenas se conoce y van a visitarlo como si fuera Disneylandia. (Pintor Rosales, 2)

7.Hotel ME. Por las vistas de la terraza y porque se celebran fiestas de un mundo que parece Torremolinos o Puerto Banús. Es como estar en una escenografía que no tiene nada que ver con Madrid y con personas que nunca frecuento. (Santa Ana, 14)

8. Cañada Real. No puedo decir que la amo porque es un horror pero hay tanta humanidad acumulada ahí. He ido mucho y he llevado a gente porque es una tierra sin ley, virgen, fronteriza y de favelas de Brasil. Y esto, si no me equivoco, está a ocho kilómetros de la Puerta del Sol. Al lado.

9. El Cerro de los Ángeles. Es un lugar maldito, pero los fines de semana con todos los colombianos, ecuatorianos, indios que se juntan ahí y montan un ambiente que parece Quito... Y abajo, con la gran estatua donde hay esculturas de Cristo, Colón con indios, es como una contrainvasión cinco siglos más tarde.

10. Plaza de Lavapiés. Aquí está mi capilla, el lugar más secreto de Madrid, un homenaje a esta plaza donde vivo, a su espíritu rebelde, cosmopolita y por su nivel intelectual. Y por mis guerras contra el monoteísmo. No es ningún chiste, es una capilla dedicada a la duda.