“Horror” rima con “humor”, también en literatura

Escritores participantes en el festival La Risa de Bilbao, que se inaugura hoy, dan su visión sobre la sátira como herramienta literaria y vital

Entrada a la exposición Humor gráfico contra ETA en la Alhóndiga de Bilbao. / SANTOS CIRILO

El ser humano es el único de entre todos los seres vivos capaz de llorar su desgracia y reírse de sí mismo. El único consciente de su mortalidad, y por tanto, el único con un sentido trágico de su existencia que le lleva a buscar válvulas de escape a modo de alivio llevadero, de complicidad con sus semejantes, de bálsamo contra la realidad. Como dice el escritor Lorenzo Silva, “horror y humor riman y son dos caras de una misma moneda”.

Bajo esa premisa, el humor como herramienta de las artes y el pensamiento contra la barbarie, en toda la extensión del término, se desarrolla desde hoy el Festival de la Risa de Bilbao. Durante cinco días las calles de la capital vizcaína aunarán lo culto y lo popular (todos los actos son gratuitos) con teatro, exposiciones, conferencias y sobre todo, mucha literatura. Algunos de los escritores que desde ayer participan en los encuentros entre escritores o las diversas mesas redondas han compartido sus reflexiones sobre el humor en la literatura (y por traslación, en la vida), con EL PAÍS.

Lorenzo Silva fue el encargado de inaugurar ayer los diálogos entre escritores con una charla abierta al público sobre el bombardeo de Gernika, del que se acaban de cumplir 75 años. El encuentro, mano a mano con Jorge Martínez Reverte, versa sobre como, incluso ante algo tan atroz como un bombardeo de población civil, el humor surge espontáneamente como defensa y escape ante el horror. “La literatura siempre ha buscado entrar al fondo de esa tragedia”, cuenta Silva. “Personalmente he dedicado mucho tiempo a escribir novelas sobre crímenes y no hay novela negra donde no esté infiltrado el humor”. En ese género, el escritor madrileño recomienda leer a Raymond Chandler y en cuanto a obras concretas, el libro de Evelyn Waugh, The Remote People (Ediciones del Viento). Ya en el terreno de los clásicos, Silva reitera la lectura de El aventurero Simplicíssimus de Jakob von Grimmelshausen, sobre la guerra de los 30 años.

Una hora antes de los diálogos, Jorge Martínez Reverte afirmaba que el humor funciona mejor ante situaciones pobladas de horror y prolongadas en el tiempo. "Así ha sido en Euskadi", declaraba, "un instrumento de salvación ante el terrorismo, porque uno no puede estar todo el día en la tensión del pánico”. Traducido a los bombardeos, esa tendencia se aprecia más, en su opinión, "en el caso de Madrid, donde duró toda la guerra y la gente tenía que vivir cotidianamente con eso”. Así lo analiza en su libro La batalla de Madrid.

“Se pueden hacer bromas hasta de lo más sagrado”. Lo afirma sin tapujos otra de las figuras literarias que desfilarán estos días por las calles de Bilbao; Rafael Reig, autor de Sangre a Borbotones  y Todo está perdonado opina que el lenguaje humorístico en literatura es “inevitable" para los españoles, "no hay más que ver a todos nuestros clásicos, todos han sido grandes moralistas con una visión póstuma, veían la realidad como la ve un marciano, sin implicarse". Reig no duda en recomendar la lectura de Antonio Orejudo, “el gran maestro contemporáneo de la literatura humorística en castellano”, sin olvidarse de desempolvar a los clásicos, desde Cervantes a Juan García Hortelano pasando por Benito Pérez Galdós.

Homenaje a ‘Paracuellos’

Carlos Giménez (Madrid, 1936) es uno de los autores más notables en la reciente historia del cómic español. Su obra, en gran parte autobiográfica, se caracteriza por poseer un hondo aliento social y un remarcado lirismo. Entre sus trabajos destacan Los Profesionales, Barrio y Paracuellos.

Precisamente a esta última obra se dedica un espacio en el Festival de la Risa de Bilbao. Se trata de un retrato de la vida de los niños que vivían en los hogares del Auxilio Social en la posguerra franquista, donde él mismo creció. Realizada en dos etapas, la primera entre finales de los 70 y principios de los 80, y la segunda, iniciada en 1997 y finalizada en 2003.

¿Cabría una tercera entrega de esta aclamada historieta hoy en día? Giménez no se ve con ganas: “En esta falsa democracia en que vivimos todo es más sutil y más taimado”, afirma con amargura. “En estos tiempos es difícil no deprimirse. Con humor se ríe uno un poco más, pero se deprime uno lo mismo. Se está intentando prohibir el denunciar, las manifestaciones y hasta hay quien clama para que se prohíba hacer chistes sobre las religiones. Dentro de poco prohibirán el humor y nadie se deprimirá porque también estará prohibido deprimirse”, concluye.

Marta Sanz se encuentra entre los Mejores Narradores en Español según la revista Granta, pero también reivindica los clásicos: “Los libros de Groucho Marx son los que más me han hecho reír, no con buen rollo sino con un mal rollo elegante finísimo, son sencillamente geniales”, afirma la madrileña. El sábado participa en una mesa redonda que aborda el humor contra el machismo, junto con Fernando Marías, Andreu Martín y Arantza Furundarena. “Me interesa esa doble faceta del humor en la literatura, por un lado combativa y crítica y por otro lado apaciguadora y adormecedora de las conciencias, según como se utilice”, reflexiona Sanz.

Andreu Martín matiza las palabras de su contertulia: "El humor es transgresor y destructivo, pero no tanto como para destruir a los destructores. No se me ocurren chistes ni ironías ni juegos de palabras que puedan hacer mella en los psicópatas". El guionista catalán, que se autodenomina "autor de novela negra", cree que el humor es un recurso literario muy notable: "Es seductor, apoya el discurso y predispone al receptor en la literatura y en la vida. Soy de la opinión de Jaume Ribera, cuando decía aquello de 'hazla reír y será tuya'"

Carmen Posadas no duda en reocmendar la lectura de la figura premiada de esta tercera edición del Festival, Ismael Kaderé. "Encuentro su obra deslumbrante", asegura la escritora, para quien es "fundamental" en los escritores que admira que tengan "sentido del humor". Y es que, como decía Evelyn Waugh, "la mejor manera de hablar de las cosas serias es hacerlo en broma".

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