“Ni sé de qué es el trabajo, pero qué más da ahora”

Miles de personas hacen cola ante una oficina de empleo temporal de Getafe para 150 plazas

Un sorteo determinará los 1.250 finalistas para los empleos en una fábrica

“Ni sé de qué es el trabajo, pero qué más da ahora”

Cola ante de la oficina de Adecco de Getafe esta mañana. / CARLOS ROSILLO

La empresa de maquinaria agrícola John Deere busca 150 personas para su fábrica de Getafe. No está claro en qué consiste el empleo más allá de que se desarrolla en un taller. No se precisa la remuneración. La compañía tampoco aclara si los escogidos se incorporarán directamente o ingresarán en una bolsa de trabajo. Son muchas incógnitas, pero ninguna parece un obstáculo para que miles de personas pasaran este lunes horas y horas en una interminable cola con la esperanza de ser los elegidos.

Una empresa de maquinaria agrícola busca trabajadores para su nueva fábrica

La convocatoria llevaba abierta una semana y se cerraba ayer. A las cuatro de la tarde, una hora antes de que la oficina echara el cierre, todavía quedaban 600 personas esperando en la calle. R. M. R., de 47 años, y Javier Rodríguez, de 19, se despedían tras haber presentado los dos su solicitud. Ambos llevan más o menos un año sin empleo. “Parece ser que es para una cadena de montaje, pero no lo sabemos muy bien”, contaban. Durante la mañana, la fila delante de las oficinas en Getafe de Adecco —la empresa de trabajo temporal encargada del proceso de selección— ocupaba buena parte de la calle de Madrid (la principal del municipio, de 170.000 habitantes) y se doblaba formando un lazo que, según vecinos de la zona, superaba holgadamente el kilómetro.

Los currículos de los aspirantes, amontonados en cajas. / CARLOS ROSILLO

Desempleados que han pasado más de cuatro horas en ella aseguraban que llegaron a ser 15.000, aunque, afirman en Adecco, ese es el número total de inscritos en toda la semana, una semana infernal durante la que las esperas han llegado a arrancar antes de las cinco de la mañana. En cualquier caso, los datos de Adecco reflejarían que casi el equivalente del 10% de la población de Getafe ha pasado por sus oficinas. A lo largo de la calle los aspirantes rellenaban solicitudes arrodillados sobre los bancos. Un transeúnte que pasaba murmuraba: “Madre mía, cómo está la cosa”.

Rifa ante notario

"Ni sé de qué va la oferta", confiesa uno de los jóvenes que esperaban el turno

“La verdad es que ni sé de qué va la oferta: para una fábrica de no sé qué”, contaba Samuel M., de 23 años, al salir de la oficina con su resguardo. “He estado aquí de las 12.30 a las 16. Me da igual de qué sea el puesto, pero ya me han dicho que está crudo”. Samuel, que hasta hace un mes trabajaba en el equipo de mantenimiento de un hospital, no tiene experiencia en una fábrica; en lo que sí confía es en su suerte. “Por lo visto, sortean lo del trabajo”, dice. Un portavoz de Adecco matiza que lo que hacen, y debido a una petición poco usual de John Deere, es cederle a la multinacional estadounidense todas las solicitudes que les lleguen; la compañía efectúa un sorteo ante notario y, después de elegir a 1.250 candidatos, Adecco cruza currículos y unas pruebas psicotécnicas hasta dar con los perfiles más adecuados para los 150 puestos. John Deere, compañía conocida por sus tractores, no ha respondido a preguntas de este diario sobre en qué consistiría el empleo. En su fábrica de Getafe emplea a unas 1.300 personas.

Entran en la oficina mujeres con carritos, parejas, jóvenes en busca de su primer empleo, extranjeros, getafenses… Nazaret Cedillo, de 28 años, ha sido administrativa hasta que hace un año se quedó en la calle, pero no le importa cambiar de sector. “Yo trabajo de lo que sea: me da lo mismo. No sé si todos los puestos son para cadenas de montaje o también habrá de limpieza, mantenimiento… ¿Y qué más da ahora?”, sonríe. A su lado, un hombre explica que él se enteró de la oferta por un amigo; en la cola otros aseguran que lo hicieron “de chiripa”, a través de un diario local, algunos por medio de la misma Adecco…

La mayoría de los que abandonan la oficina lo hacen sin dramatismo, pero con un punto incrédulo respecto a sus posibilidades de ganar la rifa del trabajo. Algunos se desean buena suerte y se despiden de los compañeros de espera. Otros dejan ver un poso de amargura. Es el caso de Juan Francisco Garrido, de 60 años. Garrido, elegantemente vestido con una chaqueta de lana verde, explica que trabajaba montando alternadores hasta que perdió el empleo hace un año. Tampoco sabe qué tendría que hacer en John Deere, pero confía en que después de una vida de trabajos manuales estará capacitado. “De todas formas, no tengo ninguna esperanza de que me elijan”, confiesa al final encogiéndose de hombros.

En la puerta de la oficina, un inmigrante aprovecha la afluencia para repartir ejemplares de un diario gratuito local. En la portada, junto a la foto de una pareja sonriente, un titular: De alcohólico, a empresario de éxito.

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