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Un teatro por casa

El actor estrenó ayer el musical ‘Sonrisas y lágrimas’ que permanecerá en cartel todo el año.

Sus otras aficiones van desde pasear por parques a comer cerca de El Escorial

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Carlos Hipolito, actor, en la Gran Via de Madrid.

1. Gran Vía. Significa cine, espectáculo, teatro, bullicio, gente… un poco el corazón de Madrid. Y dentro, el restaurante De María (Gran Vía, 72) donde se puede cenar después de salir del teatro y te reciben muy bien. Ahora con Sonrisas y lágrimas voy a ser asiduo.

2. Plaza del Conde del Valle de Suchil. Nací en Chamberí y a esta plaza me llevaba mi madre a jugar de pequeño. Curiosamente, cuando empecé a hacer teatro, mis primeras clases fueron cerca, en Magallanes, el Pequeño Teatro del grupo TEI. Así que en esa zona fueron mis primeros pálpitos con el teatro.

3. Paseo de Rosales. He paseado mucho por esa calle mágica que es como un balcón a la sierra. Me trae recuerdos de mi adolescencia, con 14-15 años, una horchata, un paseo, las novias. Siempre que paso me digo: “Aquí me tendré que comprar algún día una casa porque me recuerda a todo eso”.

4. Parque del Oeste. El Retiro es maravilloso, pero por la ubicación de mi vida me gusta más este. También di grandes paseos con mi madre, que me llevaba mucho a saltar. Ahora que vivo fuera, en una urbanización de Valdemorillo, cada vez que vuelvo entro por el puente de los Franceses y acabo en este parque. Una anécdota: las primeras fotos de artista para el book me las hicieron ahí.

5. Barrio de los Austrias. Me encanta y sobre todo un lugar especial, la plaza de la Villa. Siempre he pensado que parecía un decorado de teatro, la fachada donde estaba el Ayuntamiento es una cosa, miras la otra fachada y parece otra cosa. Reúne todo lo que tiene ese barrio: bonitos y muy acogedores espacios.

De todo “menos circo”

Carlos Hipólito (Madrid, 1956) ha vivido siempre en Madrid y hace 25 años en las afueras. Ha hecho de todo “menos circo”: Teatro (Arte, Follies o El método Grönholm), cine (Ninette) y Desaparecida, la serie de televisión más querida por él.

6. Teatro Español. Es como mi casa. En la época de Miguel Narros estuve cinco años. Ahí hice mis primeros papeles protagonistas, Así que pasen cinco años, Lorca, poeta en Nueva York o El concierto de San Ovidio. Y veintitantos años después, tras hacer bastante televisión, volví hace tres, con Glengarry Glen Ross; hace dos, con Todos eran mis hijos y un año después, con Follies. Ahí arrancó mi carrera más fuerte y soy amigo de todos los técnicos que ya son jefes de sección.

7. Restaurante Hylogui. Es uno de los sitios donde mejor se come de Madrid y su relación calidad precio es estupenda, aunque no es de los más pijoteros y la atención es estupenda. Como si comieras en casa de tu abuela. El plato imprescindible es la sopa de cocido. (Ventura de la Vega, 3).

8. Jardín Botánico. No está unido a ningún recuerdo emocional, pero estéticamente me gusta mucho pasear por ahí. En general, por el paseo de Recoletos, donde acabo casi siempre. No soy un enamorado de las plantas ni un jardinero en potencia, pero es como un oasis en medio del follón.

9. Restaurante El Náutico. En Los Arroyos, carretera de El Escorial. Es estupendo para comer, tomar una copa o cualquier otra cosa. Se ve todo el lago y hace unos arroces espectaculares. Lo lleva Fernando Apodaca, amigo mío y hace una labor buenísima y sus chefs son muy buenos. Tiene magia tanto en verano como en invierno.

10. Restaurante De Gustibus. Lo llevan unos italianos de verdad y su peculiaridad es que comes lo que se come en Italia. Hacen la pasta y la condimentan como lo hacían sus madres y abuelas. Sus ñoquis dulces son una maravilla. (Camargo, 2; Villanueva de la Cañada).