“No queda nada de los pinos centenarios”

Un grupo de jóvenes de Chulilla luchó contra las llamas hasta que la Guardia Civil amenazó con detenerles

Villar del Arzobispo 24 SEP 2012 - 12:38 CET

Vídeo grabado por Carlos Martínez, que intentó apagar el fuego en la finca de un amigo con otros vecinos de Chulilla.

“Ha sido horrible, el humo no nos dejaba ver nada”. Carlos Martínez y Amparo Esteve, de 30 años, tiene un bebé de seis meses y han pasado la noche en el instituto de Villar del Arzobispo, desalojados de Chulilla. “Me he ido de casa porque tengo un bebé”, asegura Amparo, “si no, no me voy”. Carlos es amigo de José, el joven que lanzó la primera alerta por las llamas a las 16.00 horas del domingo. Cuando fue avisado, corrió a la finca de José para intentar atajar las llamas. Carlos, José y otros vecinos del pueblo se armaron con azadas y palas para intentar detener las llamas que devoraban la maleza y se tragaban el bosque. “Estoy desolado”, comenta Carlos, “el paraje de La Pelma, donde hay pinos centenarios que se salvaron del último incendio en 1994, ha quedado arrasado, no ha quedado absolutamente nada”. Carlos, José y sus amigos solo se retiraron a las once de la noche cuando la Guardia Civil les amenazó con detenerles si no desalojaban la zona de inmediato.

Juan Mira, de 82 años, y su esposa Isabel, de 78, también han pasado la noche en Villar del Arzobispo. “Vinimos en un autobús enorme y no hemos pegado ojo. No me han dejado tiempo ni para coger el peine”, lamenta Isabel. “Solo he podido coger mis medicinas”, añade y muestra una bolsita llena de medicamentos.

Amparo Esteve le da el biberón a su bebé en el instituto de Villar del Arzobispo. / tania castro

Begoña, vecina de Andilla, localidad afectada por el incendio desatado en la misma comarca a finales de junio pasado, trabaja como voluntaria atendiendo a los desalojados que llegan a Villar del Arzobispo. “A lo que no hay derecho es a lo que se está haciendo con esta comarca”, dice indignada, “hay dinero para la fórmula 1, pero no hay nada para limpiar la maleza ni para llevar rebaños a los montes. El viento es el viento, pero si los montes estuvieran limpios las llamas no avanzarían tan deprisa”.

Pero el viento fue muy fuerte. "Parecía un lanzallamas", comenta Teresa Yuste, que intentaba subir a Bugarra desde Chulilla para comprobar los daños que han sufrido los campos que poseen.

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