El Gobierno que hereda González

Aguirre deja abiertos frentes diversos: la elaboración de otros presupuestos de crisis para 2013, la creciente protesta social y la gestión de Eurovegas

Ignacio González, en el reloj de la Puerta del Sol. / ULY MARTÍN

La sorpresa anual con la que Esperanza Aguirre venía acostumbrando a los madrileños en los siete debates del estado de la región que ha protagonizado desde su investidura en 2003 como presidenta de la Comunidad llegó con una semana de retraso. Perfectamente orquestada. Al milímetro. Inexpugnable a las filtraciones. Sin desvelar la bomba que soltaría a las dos de la tarde, tras una convocatoria exprés, pese a que a las once de la mañana había visitado un centro de primera acogida. Allí se interesó por la atención a los menores que llegaban allí en situación de desamparo. Incluso departió con una joven unos minutos, sin lanzar ninguna señal del terremoto político que estaba a punto de provocar.

La visita de Aguirre a La Moncloa, donde se reunió cinco minutos con el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, también fue tratada con disimulo. El show podía empezar. La dimisión de Aguirre —que llevaba rumiando desde antes de las elecciones autonómicas de 2011—, marcando los tiempos, dominando la escena, fue el clímax de una jornada que marcó un principio y un final en el Partido Popular. No solo el madrileño. El tiempo de Ignacio González —presidente en funciones de la región a la espera de una investidura que se pretende cerrar la próxima semana— comenzó tras el valle de lágrimas de los empleados de la sede del Gobierno y otras consejerías.

Más allá de remodelar el Consejo de Gobierno, donde por fuerza habrá caras nuevas —el vicepresidente regional deja de serlo por razones obvias—, González encara un futuro incierto. Lleno de escenarios complicados. Tendrá que afrontarlos solo. Sin su gran valedora a su lado, como la misma Aguirre dejó claro anulando los dos actos que tenía previstos para ayer por la tarde: a las 17.30 una reunión con el presidente de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), y dos horas más tarde la inauguración de un restaurante de la cadena de comida rápida McDonalds. Aguirre daba así otro paso atrás, y González dejaba de ser el delfín en una jornada para las hemerotecas. “Tras 20 años trabajando juntos y pese a la tristeza, me queda la suerte de todos estos años en los que he aprendido casi todo en política”, escribió González en su cuenta de Twitter.

Estos son algunos de los retos a los que tendrá que hacer frente el nuevo titular de la Comunidad:

Unos presupuestos a la baja. Aguirre adelantó hace dos semanas que las cuentas previstas para 2013 podrían sufrir un recorte de 2.000 millones de euros. Antes tuvo lugar el tijeretazo de 1.045 millones que el Ejecutivo madrileño aprobó a principios del pasado julio para cuadrar los presupuestos de este mismo ejercicio. Con medio año transcurrido. González, que el año que viene recibirá 992 millones menos del Estado —pese a la paradoja de que Madrid es la Autonomía que más aporta al Fondo de Garantía— tiene la papeleta de convencer al Gobierno central de que revise el sistema de financiación autonómica. La cuestión es si lo hará siguiendo el tono agresivo que Aguirre tomó recientemente, o apostará por otro más suave. “Entendemos que debe haber un error, y que el Ministerio de Hacienda tiene que aclararlo cuanto antes, porque si no el déficit nos lo están generando ellos”, protestó la dirigente, señalando a su compañero de partido Cristóbal Montoro como responsable de que la Comunidad no pudiera cumplir el 1,5% fijado como tope para este año. En principio, el déficit está bastante domesticado: en los primeros seis meses de 2012 fue del 0,47%. Pero cumplirlo no esconde los casi 600.000 parados de una región que el último trimestre del año pasado empezó a sufrir los efectos de la caída a plomo de los ingresos con que cuenta su Gobierno.

Una calle en ebullición. Aguirre marcó la agenda de Rajoy como presidente del Gobierno haciendo de Madrid el laboratorio de ideas y el campo de pruebas de La Moncloa. Su empeño en erigirse como abanderada del neoliberalismo frente a la “superioridad moral de la izquierda” choca frontalmente con la fractura social que se ha ido apoderando de la calle en los últimos meses. Los recortes en educación y sanidad han tenido la respuesta popular de la marea verde y otras.

Hacer realidad Eurovegas. La expresidenta de Madrid retrasó su abandono oficial de la arena política hasta que el magnate de los casinos Sheldon Adelson anunció su predilección por la región en detrimento de Cataluña. A falta de conocer dónde se construirá el megaproyecto de Eurovegas —la favorita es Alcorcón, cuyo alcalde David Pérez llegó a tiempo a Sol para presenciar el adiós de Aguirre—, el nuevo Ejecutivo afronta el desafío de que el complejo, que pronostica unas cifras hinchadas para muchos —por ejemplo hasta 261.000 empleos entre directos, indirectos e inducidos— no se quede en la primera fase de las tres que están previstas.

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