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LUCHA CONTRA EL FUEGO

La Xunta insiste con los retardantes del fuego pese a los avisos científicos

Los investigadores coinciden en que no se deberían emplear cerca de humedales y ríos, ni en zonas de interés comunitario

Un avión descarga retardantes. Ampliar foto
Un avión descarga retardantes.

Más vale prevenir que curar, ya que, a veces, ocurre que el remedio es igual de malo que la enfermedad. La gravosa dolencia, los incendios forestales recurrentes, consumen, todos los años, gran parte del patrimonio natural de nuestro país, amén de la vida y los bienes más preciados de muchas personas. La Xunta, en lugar de apostar por la prevención, mediante campañas educativas o la ordenación y limpieza de los montes en la zona de Santiago aún no se han realizado, ha preferido gastarse más de 233.000 euros en la compra de 123.000 litros de retardantes de llama para su uso en el control del fuego. Todo ello, a pesar de las evidencias científicas que demuestran que constituyen un riesgo para el medio ambiente.

Desde la Consellería do Medio Rural e do Mar sólo han querido aclarar que la formulación química adquirida polifosfato amónico es “un producto legal, autorizado y permitido” que, además, “funciona”, y defienden que “no tiene impacto sobre el medio natural”. Sin embargo, numerosos trabajos científicos ya han demostrado que estos productos químicos, que se mezclan con el agua que se arroja en los incendios desde hidroaviones, helicópteros y motobombas con su característico color rojo, contienen sales de fósforo y nitrógeno, que tienen “efectos adversos persistentes” sobre los ecosistemas acuáticos y terrestres. Por eso, los investigadores coinciden en que no se deberían emplear cerca de humedales y ríos, ni en zonas de interés comunitario o con organismos sensibles, como los parques naturales.

Serafín González Prieto, responsable de un grupo de investigación del CSIC en Galicia, gran especialista en la recuperación de suelos quemados y coordinador de uno de esos estudios, resume esos efectos sobre el terreno como “venenosos a corto plazo y fertilizantes a medio y largo plazo”, lo que inhibe que salgan las hierbas que más ayudan a recuperar el suelo. El científico recuerda que “tanto el Ministerio de Medio Ambiente como la Consellería do Medio Rural tienen una copia de nuestras conclusiones y de los artículos científicos en los que han salido publicadas”. Precisamente, el polifosfato amónico estudiado por su equipo (BUMA FR 134T), producido por la empresa Budenheim Ibérica, es el que la Xunta acaba de comprar para la realización de los trabajos de prevención y extinción de incendios forestales para el año 2012. “Hay que ser muy cautos con dónde, cómo y cuándo se utilizan estas mezclas”, destaca González Prieto, y “habría que evitarlas salvo que haya un valor superior en peligro”. Una cautela que no siempre se tiene en cuenta, como revela un agente responsable en la extinción de incendios forestales, que asegura que, cuanto menos, la primera descarga de los aviones que se llenan en tierra, “siempre lleva retardantes”.

En su página web, la empresa alardea de que sus compuestos son un “alivio” para el medio ambiente y la salud, pero González Prieto “recomendaría el uso de mascarillas especiales” por los empleados en extinción que puedan entrar en contacto con los vapores amoniacales que se liberan durante la combustión del producto.