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SAN SEBASTIÁN

Cuidados para el cuidador

El centro Uliazpi en Ategorrieta realiza actividades veraniegas con el objetivo de dar un respiro a la familia y a las personas con discapacidades psíquicas

Varios disminuidos psíquicos se preparan en Uliazpi para una salida por San Sebastián.
Varios disminuidos psíquicos se preparan en Uliazpi para una salida por San Sebastián.

La pregunta de quién cuida al cuidador suele quedarse sin repuesta la mayoría de las veces. Pese a que la Ley de Dependencia empezaba a dar algunas soluciones a estos problemas, los recortes han provocado que esta necesaria regulación vuelva al punto de partida. Una de las principales características que ofrece el centro de la fundación Uliazpi en Ategorrieta durante las vacaciones de verano es el Servicio de Respiro, con el que quieren enfatizar la necesidad de cuidar de las familias, dejarlas descansar de tener que estar atentas de otra persona durante las 24 horas del día. Y, a su vez, quieren demostrar lo positivo que es también para una persona con discapacidad psíquica salir de su entorno habitual durante un tiempo.

Lourdes Larraza, responsable del centro, explica que uno de los ejes del programa son las actividades en el exterior. “Las actividades al aire libre se organizan porque vemos un efecto muy positivo en los residentes”, explica.

Un pequeño grupo de internos, aprovechando el excelente día, acaba de salir hacia el monte Ulía junto a otras dos trabajadoras de la residencia. La responsable cree que en San Sebastián “gracias al entorno que tenemos a nuestro alrededor” se pueden realizar diferentes tareas y viajes de todo tipo, que los residentes “se ve que disfrutan, porque son muy expresivos y dejan claro que están a gusto”.

Para una persona con discapacidad psíquica es fundamental romper las rutinas, salir de su entorno. “Es bueno cambiar de ambiente y vemos que les da la vida conocer a gente nueva aquí, porque entre ellos crean pautas comunicativas especiales”, comenta Larraza, que atesora 17 años de experiencia.

Las estancias dentro del Servicio de respiro suelen ser temporales y en muchas ocasiones surgen por la necesidad de las familias que, debido a un imprevisto, ven que no pueden atender a esa persona con discapacidad como se merece. Por eso recurren a un centro como el de Ategorrieta, que cuenta con habitaciones exactamente designadas para suplir esta necesidad urgente de las familias por poder dejar a una persona con discapacidad en manos de profesionales. Una vez dentro, reciben asistencia de los especialistas del centro. El resultado es un “grado muy alto de satisfacción” entre los padres y cuidadores, explica Larraza, que se refleja en las encuestas que realizan.

Las actividades mejoran la comunicación de los pacientes

Todo lo relacionado con las actividades programadas ha ido incrementando con el paso de los años, debido a que según la responsable el “ocio de las personas con discapacidades intelectuales no se estaba teniendo en cuenta”. Y asegura que la utilidad de estas salidas ya se puede percibir: “Gracias a este tiempo lúdico, hay un aumento en la socialización y comunicación de los residentes, tanto con nosotros como con sus familias”.

La gran variedad de actividades destaca en la programación habitual del centro de Ategorrieta, desde las que se realizan en su interior: talleres ocupacionales, musicoterapia en la sala de estimulación sensorial, ejercicios físicos en motricidad y ocio en el salón de juegos y en audiovisuales. En cuanto a las actividades que se realizan en el exterior, además de las ya citadas salidas programadas a lugares de la ciudad, también el centro se encarga de llevar a sus huéspedes de campamentos, a la hípica, a polideportivos y a la piscina, incluso realizan actividades agrícolas en una huerta.

La Asociación Guipuzcoana de Familiares y Enfermos Psíquicos, Agifes, que, junto con Fedeaces también realiza actividades de este tipo, opina que es muy importante “cuidar al cuidador”; es decir, que las familias puedan tener "estructuras de respiro". “Normalmente, el ser cuidador es un trabajo que acaba afectando a todos y es muy agotador, física y psicológicamente. A veces, hasta que se consigue que la enfermedad se estabilice, hay periodos de crisis en los que hay que apoyar especialmente a la familia de la persona con una discapacidad psíquica”, señalan desde Agifes.