Una estafa por caridad

Madrid retira en seis meses casi 800 contenedores de ropa ubicados de forma ilegal

Buena parte de ellos son para el lucro de las personas que los colocan

Un hombre deposita una bolsa en un contenedor de ropa. / CARLOS ROSILLO

Forman parte del paisaje urbano y brotan del suelo en cada esquina con la misma frecuencia con la que lo hacen los enanitos de jardín en las casas de campo británicas. Pequeños buzones rectangulares, toscos, metálicos, van cambiando de ubicación. Desaparecen. Pero regresan y siempre hay alguno cerca. Son los contenedores de ropa y zapatos. No tienen permiso para ubicarse en la calle, no dependen de ninguna Administración. La mayoría de ellos, de hecho, ni siquiera pertenecen a una ONG real y su propósito no es repartir las prendas usadas a los más desfavorecidos. Hasta el pasado mes de junio, el Ayuntamiento de Madrid retiró 776. Es difícil recorrer más de tres calles seguidas de cualquier pueblo de la región sin toparse con uno. Eso sí, siempre en calles secundarias, nunca a la vista en las grandes avenidas.

 

La red municipal, legal, de este tipo de recogida tiene 16 puntos fijos en lugares determinados y 102 móviles. Para ello, tienen un contrato con la ONG Humana. Una asociación con numerosos detractores dentro del mundo de la cooperación, que apuntan a un funcionamiento “extraño”, como Javier Baeza, de la parroquia de San Carlos Borromeo, que les solicitó que retirasen su contenedor de la iglesia tras “observar y oír cosas que no nos gustaron”.

Pero Humana, con 10 tiendas, es la única que puede tenerlos en la vía pública (en los puntos limpios) con todas las de la ley. El resto de las que están en plena calle son irregulares. Pero no necesariamente son una estafa. “Muchas son ONG que no saben que está prohibido y que lo hacen de buena fe”, expresa una fuente del Consistorio madrileño. Pero otras no tienen tan buena fe. Algunas tienen nombres de asociaciones más bien vagos, tipo “cooperación y progreso”, “proyectos humanos” y cosas así. Nombres que no constan en ningún registro de estas organizaciones sin ánimo de lucro. Que no existen. En definitiva, que son una pequeña mafia que se enriquece con la posterior venta de la ropa recogida.

"Algunas asociaciones se presentan como ONG con nombres sospechosos"

Una sospecha que confirman varias fuentes policiales. Una de ellas, Policía Municipal de Madrid, recalca que ya han sido sorprendidas varias organizaciones que después desviaban la ropa que la gente había depositado de buena fe “en mercadillos de los barrios”. Unos mercadillos que han proliferado en los últimos años —la plaza de Castilla, Fuenlabrada o en el barrio de La Elipa, son algunos de ellos— en los que se puede encontrar ropa suelta por 1 euro o 50 céntimos (los mismos precios de organizaciones legales como En la brecha) y cuya procedencia, según los agentes, es precisamente de este tipo de contenedor. “Esos contenedores son privados y se ponen para revender la ropa, a veces con buenos propósitos y otros no tanto”, confirma otro policía municipal. El pasado mes de julio, agentes municipales desmantelaron una pequeña red de estos estafadores en Moratalaz. Entonces, el nombre usado como tapadera era Humana people to people.

Hace algunos años esta ropa fue localizada en mercadillos de países sudamericanos o del Magreb. La mandaban en grandes contenedores por vía marítima. Pero aunque ese procedimiento se siga usando, la crisis ha favorecido que el negocio salga aún más barato y directamente se venda en España. “Los mercadillos están llenísimos y encuentras cosas nuevas, con la etiqueta puesta, por un euro”, explica Johanna, vecina de La Elipa y usuaria habitual de este tipo de prendas. “No son como las del mercadillo de antes, que eran todas iguales y muy malas. Estas son todas distintas y algunas son buenas”, insiste.

"En los mercadillos se encuentran prendas nuevas, con la etiqueta, por 1 euro"

En Madrid se recogieron legalmente el año pasado más de 360 toneladas de ropa. La proporción de contenedores ilegales es mucho mayor. El destino de esa ropa, supuestamente, es el de la venta en el mercado legal para después financiar “proyectos” de cooperación en el Tercer Mundo. Hay distintos mercados para la ropa usada. La que está mejor se vende de segunda mano; la que está más deteriorada, al por mayor, y la que ya es inservible, a empresas de reciclaje que hacen bayetas, trapos o asientos de coche. También aislantes térmicos y otros usos industriales.

La asociación En la brecha, con sede en Vallecas, es de las que realmente sí usa la ropa para socorrer a los más desfavorecidos de su barrio. Durante el año tienen que recoger hasta tres veces a la semana sus contenedores porque se llenan. Ahora, en agosto, los lunes y los viernes. Antes tenían 10 (todos ellos en aparcamientos o zonas privadas de centros comerciales o parroquias, pero de acceso público), pero uno de ellos se lo robaron.

“Se los quitan los unos a los otros”, confirma un miembro del Cuerpo Nacional de Policía. “O se las arreglan para sacar la ropa, aunque tienen doble cajetín, o los roban enteros, tal cual”, comenta el agente, que asegura que las autoridades no pueden hacer gran cosa al respecto: “Es muy difícil imputar un delito, porque como las empresas a las que roban no quieren denunciar ni dar la cara porque ellas también están haciendo algo ilegal…”. Algunos de los contenedores están lastrados con bolsas llenas de piedras para que no se los lleven.

Muchos de estos contenedores tienen un teléfono impreso. Pero salvo aquellos que pertenecen a ONG reales, el resto remite directamente a un contestador. Un contestador que nunca devuelve la llamada. Otros, ni siquiera se toman la molestia de imprimir nada y se limitan a dejar el contenedor. Cada vez más. Tantos que las asociaciones de vecinos ya están preguntando e inquiriendo por este nuevo mobiliario urbano que brota de manera imparable: “Cada día hay uno nuevo en cada esquina y nadie da explicaciones”, se lamentan unas vecinas de Chamberí.

Los únicos que coinciden, en ocasiones, con estos pescadores de ropa ilegales son los barrenderos, pero según explica uno de ellos “cada uno va a lo suyo, eso no es nuestro problema”. Un problema que explota la buena fe de la gente pero que difícilmente se puede catalogar de delito “porque la ropa es donada, no se la roban a nadie”.

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