Este cuartel es una ruina

Las instalaciones de Zapadores siguen sufriendo caras e infructuosas reformas

Fachada del edificio de la H en febrero de 2011, antes del comienzo de las obras de remodelación.

El que debería ser un edificio emblemático de Valencia, por ser Bien de Relevancia Local, y de la policía, por ser el cuartel más grande de la Comunidad Valenciana, es una mole en ruinas donde trabajan más de 1.500 personas. Aunque con las obras que comenzaron en noviembre del año pasado se le está dando un lavado de cara, esto no es suficiente para que se pueda trabajar en buenas condiciones. Plantas clausuradas, plagas de gatos, ratas, derrumbes y zonas impracticables es lo que los trabajadores denuncian que se esconde tras las fachadas rodeadas de andamios.

El complejo de Zapadores, desde fuera, es una antigüedad envuelta en tela de contención de escombros. Su muro exterior, de ladrillos antiguos con aspecto terroso, está remendado con parches de nuevo ladrillo rojo. El cuartel, construido en 1921, ha sido declarado Bien de Relevancia Local por su valor arquitectónico e histórico, pero en el edificio principal las ventanas con los cristales rotos evidencian un estado de conservación que el Ayuntamiento de Valencia califica de “deficiente”. ¿El problema? Los derrumbes.

Escalera interior clausurada por su mal estado

“Esa lona exterior no es porque estemos en obras, que estamos, sino porque caen cascotes. Y caen también hacia dentro”, cuenta un funcionario. Aunque los trabajadores afirman que nunca ha salido nadie herido como consecuencia de los desprendimientos, en noviembre de 2010 las obras en un edificio colindante hicieron vencer el muro exterior que rodea el cuartel y al caer hacia dentro destrozó cuatro coches de otros tantos trabajadores.

Solo una quinta parte de las instalaciones del cuartel está en uso. Los trabajadores dicen que el edificio de la entrada nunca se ha utilizado porque está en mal estado. Pese a ello, en la planta baja trabajan varias personas. Al traspasarlo se accede a un patio abierto que se utiliza como aparcamiento de coches patrulla, furgones y otros vehículos incautados en operaciones policiales. De frente, la joya de la corona: un edificio en forma de H, cuya fachada está siendo reformada.

Cubierto de andamios y entre ruidos de obra, del edificio solo se utiliza un ala porque la otra está clausurada. Según cuenta un agente, la planta de arriba del edificio de la H se utiliza como campo de entrenamiento de los guías caninos para aprovechar el estado de ruina. Ventanas nuevas o reparaciones de las goteras y el tejado son parte de los remiendos que han permitido que los trabajadores sigan allí en condiciones de seguridad, pero según cuentan los agentes, el interior no es un lugar agradable. “Sinceramente, yo no trabajaría ahí si no fuera porque no me puedo negar a entrar a mi puesto de trabajo”, afirma uno de ellos. “Cuando llueve se inundan los pasillos y se ponen palés, que flotan, para que los agentes pasemos por encima”, cuenta. Los gatos, que se han convertido en una plaga, crían, se meten en los vestuarios y generan problemas. “En el vestuario de las chicas hay un olor a pis de gato que en verano es insoportable”, asegura el agente.

“En el vestuario de las chicas hay olor a pis de gato”, asegura un agente

Una de las escaleras que permiten acceder a las plantas superiores está clausurada y requiere uso del casco a partir del tercer escalón. Tanto Jefatura como Delegación de Gobierno en Valencia aseguran que no hay ningún riesgo para los trabajadores y que el plan de prevención de riesgos laborales está bien estructurado y se cumple debidamente. “Se quiso hacer un informe de bomberos y no se les permitió la entrada. Pero estoy seguro de que los bomberos hubieran hecho un informe totalmente negativo y se hubiera cerrado”, explica un agente. “Si Zapadores fuera una empresa privada, Inspección de Trabajo lo clausuraría”, concluye.

Desde 1987 el cuartel es sede de la comisaría de policía del barrio, aunque posteriormente se ubicó también el Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE). El CIE no es una cárcel, pero funciona como si lo fuese. El edificio, con aspecto de bloque prefabricado, se construyó en 2004, costó más de tres millones de euros y, según cuentan los agentes, desde el principio ha dado problemas por no estar diseñado para la función que desempeña. “Menos mal que advertimos que los calabozos no eran adecuados porque se escapó un detenido al poco de estrenar la comisaría”, apostilla el agente, que recuerda que el interno se escapó forzando el falso techo de los calabozos.

La cuenta de los remiendos del complejo de Zapadores, algunos a cargo de la Jefatura, es abultada. A cargo del Ministerio del Interior, consta la construcción del CIE en 2004 (3.021.923 euros), las obras en la cubierta del edificio de entrada en 2005 (186.798 euros) y la reforma interior del edificio de la Inspección Central de Guardia en 2008 (643.519 euros). Los distintos partidos políticos han prometido múltiples inversiones para realizar la reforma integral del cuartel. Desde los 30 millones de euros que prometió María Teresa Fernández de la Vega en 2008 hasta los cinco y medio que, aprobados durante el anterior Gobierno socialista, se están gastando en la primera fase. El plan de rehabilitación integral, según la Delegación de Gobierno, no peligra por la crisis y consta de cinco fases que se completarán “en un plazo aproximado de siete años”. Solo el tiempo dirá si estas son nuevas promesas para los viejos problemas de un cuartel en ruinas.

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