Los dos polos escindidos del Bloque se alejan

Los ecosocialistas rechazan el frente anticapitalista de EU

Xosé Manuel Beiras, en la asamblea constituyente de Aniva, el pasado 14 de julio. / Anxo Iglesias

El pacto electoral de Compromiso por Galicia con Terra Galega —organización de “centro progresista” y “galleguista” con presencia, sobre todo, en Ferrolterra— ha introducido un nuevo elemento en la recomposición del nacionalismo y la izquierda al margen del PSdeG y el Bloque. Mientras, sobre la mesa de Anova, la formación que lidera Xosé Manuel Beiras, reposa un llamamiento explícito de Esquerda Unida para la formación de una “alianza anticapitalista”, el polo conformado a partir de la antigua Máis Galiza se abre a sectores que pretenden “tomar el relevo de lo que en su día fue Coalición Galega”. Y en la platea, según fuentes de uno y otro lado, militantes y algunos cargos institucionales salidos del BNG esperan a la soldadura de las diferentes piezas del puzzle para tomar una decisión.

La puerta a la ampliación de lazos la abrió, con estrépito, el propio Beiras el Día da Patria. Entonces habló de la necesidad de un “frente común de izquierdas” con sitio para nacionalistas y “formaciones de ámbito estatal que reconozcan el derecho de autodeterminación”. Mariano Abalo, independentista de la FPG y ahora integrado en la dirección de Anova, también habló en ese sentido. Esquerda Unida recogió el guante y la semana pasada expresó su apuesta por una coalición con un único programa mínimo: el anticapitalista. Su coordinadora nacional, Yolanda Díaz, se mira en el espejo griego de Syriza (coalición de izquierda radical) y concretó que a su aviso también pueden responder sectores de Compromiso. Espazo Ecosocialista, sobre todo.

Pero ayer Xoán Hermida, uno de los portavoces de este último grupo, tomó distancias respecto a la oferta de Díaz. En declaraciones a este periódico, aseguró que los antes llamados ecogallegusitas están por constituir “un espacio amplio, progresista, amable, y defensor del bien común”. Y en su opinión es en Compromiso por Galicia —del que forman parte además Acción Galega, escorados al centro, y pequeños partidos locales— donde se dan estas condiciones. “Valoramos la propuesta de Esquerda Unida, pero se equivoca en la lectura”, añadió, “porque la sociedad no demanda un frente anticapitalista, sino una alianza amplia que ocupe eso que el 15-M denomina el 99%”.

Hermida no descartó, eso sí, acuerdos “pre o post-electorales”. Aunque matizó las posibilidades estratégicas de Compromiso. Por primera vez desde que el núcleo de la plataforma —Máis Galiza— se escindió del Bloque, una de sus cabezas visibles se refiere a que los acuerdos no tienen por que darse “preferentemente” con Anova. “La alianza puede ser con mucha gente, no solo de Anova, ni de Esquerda Unida, ni nacionalista, ni de izquierdas, sino más allá”, expuso, “porque necesitamos unidades muy amplias, alianzas democráticas”. La sombra de los dos partidos de la oposición parlamentaria planea sobre la opción defendida por Hermida.

Anova no ha tratado la oferta de Esquerda Unida, aunque gusta a parte de sus bases

Con el Partido Popular a un paso de reformar en solitario y para su beneficio la ley electoral y elevar —de manera efectiva— el porcentaje de voto necesario para entrar en O Hórreo del 5 al 6 o 7%, las posturas políticas de los dos polos de raíz nacionalista fuera del BNG parecen diverger más que nunca. Ni la dirección permanente de Anova ni sus asambleas han evaluado el ofrecimiento de Esquerda Unida. Pero buena parte de sus bases —las procedentes de la FPG, por ejemplo, que en Cangas do Morrazo comparte coalición electoral con EU— no ven con malos ojos ese acercamiento.

Abalo, ahora responsable de Emigración de Anova, pone ejemplos históricos “a título personal”: “Frente a la solidez de los ataques del sistema, debe haber una convergencia en el camino de la unidad popular, y el ejemplo histórico, adaptado a estos tiempos y a estos acontecimientos, está claro, el Frente Popular”. Al Frente Popular lo apoyaron, en la II República, socialistas, comunistas del PCE, la izquierda marxista y de oposición del POUM o el Partido Galeguista de Castelao —aun con rupturas por su derecha. Para el concejal de Cangas, con todo, la tarea política inmediata consiste en recoger “el sentir colectivo ante las agresiones, que afectan a los trabajadores y a otros sectores sociales, y agrupar a movimientos políticos, sociales y sindicales con conciencia de la gravedad de la situación. Los nombres son secundarios. Es delicado y complejo, pero tan complejo como necesario”.

Al otro lado del espectro, los centristas de Acción Galega parecen haber acaparado, al menos en las últimas semanas, la interlocución pública de Compromiso. El aterrizaje de Terra Galega —que gobierna en Narón coaligada a Bloque y PSdeG— en el nuevo escenario no parece compatible con Esquerda Unida. Esta misma organización también ha mostrado sus reservas hacia facciones de Compromiso. Como aquellas que, asentadas sobre un nacionalismo políticamente moderado, giran la cabeza hacia una CIU cuya acción de gobierno discurre por la misma senda que la de Rajoy. Precisamente las juventudes de Máis Galiza, la Mocidade Nacionalista Galega, remitían días atrás una nota en la que resaltaba la ovación de sus homólogos de Convergència a la intervención del secretario general de los gallegos, Paulo Carlos López, en su congreso.

 

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