Sin pistas del senderista británico desaparecido en Nerja hace una semana

El dispositivo de búsqueda de la Guardia Civil se ha ampliado a la provincia de Granada

Un grupo de excursionistas por el río Chíllar. / JULIÁN ROJAS

63 años de edad, 70 kilos de peso y 1,75 de estatura. Estas son las referencias de Gordon Simm, el senderista británico que desde el pasado 21 de julio permanece desaparecido en la zona del río Chíllar de Nerja (Málaga). Tal y como denunció la familia, Gordon Simm salió de casa sobre las 6.00 para realizar una excursión por este paraje natural. “El desaparecido es un senderista experimentado, en buena forma física y que conoce bien la Sierra de Almijara”, afirma el jefe de la zona oriental del Consorcio de Bomberos de Málaga, Manuel Pitos.

El dispositivo de búsqueda establecido por la Guardia Civil no ha tenido resultado y, tras revisar los alrededores de la ruta que Simm tenía previsto realizar, se ha ampliado a la zona de la provincia de Granada. “Dado que el domingo por la mañana fue un día con niebla es posible que el desaparecido, desorientado, se hubiera desviado del camino”, según la Guardia Civil.

Entre las hipótesis que se barajan, se cree que Simm pudo realizar parte de la ruta en una bicicleta alquilada, posibilidad que comentó con algunos conocidos. “Otra de las teorías es que el desaparecido se está moviendo por la noche y que por el día se resguarda del sol”, apunta Pitos.

Imprudencias

El caso de Simm recuerda el ocurrido en esta misma zona, hace justo un año, donde una turista holandesa fue rescatada tras permanecer casi 20 días desaparecida. “Son senderistas experimentados que se confían y se aventuran por rutas más complejas en las que, si no estás bien informado, es probable perderse”, afirma Pitos, quien recuerda que Simm tenía la intención de llegar a La Cadena —una de las zonas más altas de la ruta—, meta que había intentado alcanzar en otras ocasiones.

A pesar de lo “idílico” del paisaje, Pitos señala que esta ruta ofrece una serie de complicaciones que se agudizan conforme se asciende. “La zona más baja es sencilla pero, si vamos subiendo, el terreno se vuelve más abrupto, van aumentando los barrancos, van escaseando los árboles y la falta de sombra hace que el sol sea más duro. Además, los senderos no están tan delimitados y pueden inducir a error”, resume Pitos. “Es una zona dura, pero se puede sobrevivir. Hay cuevas donde refugiarse y muchas zonas con agua. No hay que perder la esperanza”, agrega.

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Periodista de la delegación de EL PAÍS-Andalucía

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