Se levanta el otro telón

La tecnología rompe las barreras del acceso al teatro para personas sordas o ciegas

“No me enteraba, me montaba mi historia y luego veía si había acertado", dice una discapacitada

“Nunca iba al teatro, porque no me servía de mucho. No me enteraba, me montaba mi propia historia y luego intentaba contrastar si había acertado”. Isabel Fernández es sorda progresiva desde la infancia, aunque últimamente, a sus 58 años, su discapacidad se ha agudizado. Usa audífono, pero solo oye cuando se le habla de frente. No válido para un patio de butacas. Con humildad y humor reconoce que la trama que se inventaba al ver —sin oír— una obra, tenía poco que ver con la real. Esta semana ha probado por primera vez el teatro con subtítulos. Y ha quedado encantada. “Es una experiencia estupenda”, resume, en contraste con su anterior situación: “Estaba fuera de la accesibilidad, sufriendo”.

Existen desde hace años, pero cada vez más los teatros madrileños incorporan herramientas que permiten el acceso de personas con discapacidad auditiva y visual a sus salas. Entre ellas está UC3M Titling, la última creada por el Instituto de Desarrollo Tecnológico de la Universidad Carlos III en colaboración con el Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción (Cesya), dependiente del Real Patronato sobre Discapacidad. “Es una aplicación informática que permite incluir subtítulos o sobretítulos que pueden proyectarse en la sala y recibirse a través de dispositivos como móviles, tabletas y gafas especiales, y audiodescripciones que se reciben en unos receptores y se escuchan a través de un auricular”, explica Ángel García Crespo, director del centro donde se ha gestado la iniciativa.

Hasta ahora, había experiencias de audiodescriptores —la ONCE tiene un programa estable en el que introduce este servicio en diferentes obras— y teatro con subtítulos. La nueva herramienta automatiza el procedimiento y combina las dos opciones: los diálogos con colores por personajes y otros elementos (como las músicas, otros efectos...) para los sordos y los bocadillos con información sobre la escena (la salida de un personaje, qué se ve a través de una ventana...) para los ciegos.

El resultado: un paso más para la integración de las personas con discapacidad en la oferta de ocio. “Nuestra intención es lograr que la industria cultural incorpore este tipo de herramientas como algo habitual”, señala Nieves Ávila, vocal del consejo de la Confederación Estatal de Personas Sordas. Según explica, la programación teatral está poco adaptada a las necesidades de las personas sordas, en su caso, si bien Madrid, al disponer de una oferta más amplia, también cuenta con más propuestas accesibles. “Poco a poco se van dando pasos en ese sentido”.

La última herramienta de Cesya y otras similares desarrolladas por otras empresas —privadas, pero cuyo uso suele estar patrocinado— se han implantado esta temporada en siete salas madrileñas, según fuentes del centro. Guillermo Hermida, responsable del Departamento de Autonomía Personal y Accesibilidad de la ONCE, indica que esta organización lleva trabajando en audiodescripciones para teatro (aparte de su fondo cinematográfico) desde 1990. “Trabajamos con audiodescriptores en directo, que van narrando la obra”, explica. En el caso de UC3M Titling, el proceso es automático a partir de una grabación previa o la sintetización de voz. En ambos casos se trata de narrar lo que el espectador no ve, con diferentes ventajas e inconvenientes (coste, calidad...), pero un mismo objetivo, la integración.

Tanto el Cesya como la ONCE promueven las representaciones accesibles. Son obras en cartel en cualquier teatro, no representaciones específicas para personas con discapacidad, aunque la opción accesible tiende a concentrarse en determinados días. “Intentamos agrupar al público, porque hemos constatado que más días con audiodescripción y subtítulos no garantizan que venga más gente, sino más fragmentada”, señala Belén Ruiz, directora del centro de subtitulado.

Esta semana ha sido el turno, en el caso del Cesya, de Historia de dos, la obra que Jesús Bonilla y Ana Ruiz representan hasta mañana en el Teatro Amaya. Los actores y el productor y autor de la pieza, Eduardo Galán, también están encantados con la iniciativa. “Debería incorporarse por ley a todos los teatros públicos y poco a poco a las salas privadas”, señala Galán. Pero los más satisfechos suelen ser los espectadores, como Isabel Fernández o su amiga María Luisa Peña, también con discapacidad auditiva. Hay muchos aspectos por pulir, como la adaptación de las gafas especiales en las que se proyectan los subtítulos a los audífonos e implantes cocleares, pero para el no acostumbrado algo tan simple como ver a un actor en acción y saber qué está diciendo es, según resume Peña: “Maravilloso”.

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