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TOROS

La enfermería puede esperar

Juan Ortega, que hacía el paseíllo en Las Ventas por primera vez, dio sentido a la tarde

Merece estar en la 'final' por su arrojo y decisión

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Juan Ortega, en un lance durante la novillada de ayer en Las Ventas.

Es posible que sea fruto de la casualidad, que esta novillada llevase tiempo reseñada en el campo. O también podría darse el caso de que la empresa hubiera sido permeable a las críticas y rectificado. La cuestión es que después de dos semanas pasando miedo en Las Ventas, ha vuelto la cordura. No era plato de gusto ver a chavales (los novilleros están en periodo de formación) tragando quina. El encierro de Luis Algarra derrochó nobleza, tuvo bondad y embestidas para sacar provecho.

Las novilladas de promoción de verano volvieron a su cauce, una mezcla entre Operación Triunfo y el chiste de “va un portugués, un español y un colombiano...” Tres jóvenes y seis novillos aptos para el lucimiento.

Dias Gomes no pasó de voluntarioso y con oficio, quizá demasiado bullanguero. Luis Miguel Castrillón, pecó de inocencia, de falta de colocación, pero dejó claro su buen gusto y que no teme repetir por el pitón malo.

Juan Ortega, que hacía el paseíllo en Las Ventas por primera vez, dio sentido a la tarde y merece estar en la final. Por su arrojo y decisión. En el primero resultó prendido, pero siguió en el ruedo. Se mantuvo firme, con temple, ligando los naturales con limpieza. Estocada delantera y cornada. Hubo petición pero todavía quedan novilleros de los que prefieren que Madrid les deba algo a racanear una vuelta al ruedo. Pasó a la enfermería para que le revisaran la herida. Fue intervenido de una cornada de 15 centímetros en la cara posterior de la pierna derecha. Una cura de emergencia y se le operó al terminó de su segunda actuación. Salió en el quinto, enrabietado, queriendo hacer bien el toreo, aunque con algún enganchón, y, por momentos, a merced del novillo. El mal uso del estoque le impidió salir con un trofeo pero la enfermería podía esperar.