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VIDA LABORAL

Las medidas de conciliación siguen sin favorecer la igualdad en las empresas

Un 94,5% de mujeres se acogen al plan por la escasa colaboración de su pareja

Mujeres y hombres se dirigen a su puesto de trabajo en la sede central de la Administracion vasca, en Vitoria.
Mujeres y hombres se dirigen a su puesto de trabajo en la sede central de la Administracion vasca, en Vitoria.

Las medidas para alcanzar la conciliación de la vida familiar y laboral avanzan y se extienden, pero en su aplicación aún quedan espacios oscuros sobre los que trabajar. Aunque en la mayoría de las empresas y entre los mandos superiores se afrontan estas medidas de forma positiva, todavía el 14,1% de los jefes de quienes se acogen a una excedencia o a una reducción de jornada —en su mayoría, mujeres— se muestran beligerantes ante este derecho y en el 36,8% de los casos el entorno laboral de trabajadores se lo han tomado mal, muy mal o regular.

La inmensa mayoría de quienes siguen la experiencia, dispuestas a repetir

Es más, todavía el 17,5% reconoce que apostar por medidas de conciliación les ha dañado su proyección laboral —el 16,8% en las excedencias y el 19,3% en las reducciones de jornada—. Esta es una de las siete conclusiones de un estudio del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales realizado con 1.602 personas que entre 2002 y 2009 se acogieron a alguna de las ayudas económicas del Ejecutivo para reducir la merma de ingresos que pueden generar a la economía familiar una excedencia o una reducción de jornada: “La utilización de las medidas de conciliación tiene repercusiones negativas en el desarrollo profesional, afectando prioritariamente a las mujeres”. Eso sí, el 82% niega que haya tenido incidencia en su trayectoria.

El estudio pone sobre la mesa que en el 45,1% de los casos, las empresas han colaborado poco o nada para materializar las medidas de conciliación. Solo en la mitad de las reducciones de jornada se ha contratado a alguien, con el consiguiente incremento de la carga de trabajo tanto para el trabajador inmerso en la reducción —más de un tercio, el 37,4% asegura que hace el mismo trabajo que sin la reducción y de este grupo el 51,8% se confiesa estresado— como para sus compañeros. En el caso de las excedencias, se cubre el 68%.

Las cifras

Entre 2002 y 2009, de las personas que solicitaron la ayuda económica para medidas de conciliación, 17.652 las pidieron por excedencias y 46.698 por reducciones de jornada. En 435 casos se solicitó para contratar a terceros.

Las solicitudes siguen creciendo. Solo en los diez primeros meses de 2011 se concedieron 26.713 ayudas.

El 94,5% de quienes las pidieron entre 2002 y 2009 son mujeres.

Las ayudas han sufrido un recorte del 7%. Una excedencia, por ejemplo, ha pasado de 3.500 a 3.255 euros.

Hasta 2010 las cuantías de ayuda eran superiores para hombres que para mujeres, con el fin de animar a los primeros a acogerse a las medidas. Se eliminó esta discriminación positiva por no dar resultados.

Frente a la cara menos amable de las medidas de conciliación, el estudio arroja también resultados positivos: en el 97,6% las medidas de conciliación son aplaudidas en el seno de las familias, y el 90,6% de los titulares de las ayudas asegura que repetiría la experiencia. El resultado es que en Euskadi, las ayudas han experimentado un crecimiento paulatino entre 2002 y 2009 (salvo un parón en 2007), los ejercicios estudiados. El 72,9% de las personas que solicitaron la ayuda económica se acogieron a una reducción de jornada (medida que se prolongó, por término medio, durante casi tres años y medio) y el 26,4% a una excedencia (de dos años y cerca de cuatro meses). Solo el 0,07% optó por las ayudas para contratar a terceros, una alternativa que está vigente desde 2007. Estas últimas se han utilizado en 435 casos en los dos ejercicios que llevan en vigor, mientras que se han registrado 17.652 excedencias y 46.698 reducciones de jornada.

Estos recursos han alcanzado, por tanto, a un importante número de la sociedad vasca que, sin embargo, no considera que sirvan para alcanzar el objetivo por el que fueron creados: lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Entre los entrevistados, el 60% considera que las medidas fomentan poco o nada la igualdad. Una de las razones es el elevado número de mujeres que se acogen a estas opciones, el 94,5% —que, por otro lado, entre las barreras para la conciliación ponen en último lugar la escasa colaboración de su pareja, con un 10,9%—. Entre los hombres titulares de la ayuda entrevistados, el 72% sí las considera un impulso a la igualdad. La presencia de ellos solo aumenta —como solicitantes de una ayuda— cuando se trata de ayudas destinadas a contratar a otra persona.

¿Por qué mujeres? La mayoría de las familias (nueve de cada diez) asegura que la decisión de quién se acoge a las medidas de conciliación pivota en torno a factores como la situación laboral, los ingresos que tiene cada uno, la precariedad… Algo que lleva, según denuncia el estudio, a asumir roles patriarcales y a que sean ellas las que reduzcan su jornada laboral o aboguen por una excedencia, ya que las mujeres cobran tradicionalmente menos que los hombres (según un informe de CC OO de este año, existe una brecha salarial del 28,4%, lo que hace que ellas tengan que trabajar 102 días más que ellos para cobrar lo mismo). Eso sí, existe un sorprendente 10,8% de mujeres encuestadas que asegura que son ellas mismas las que tienen que acogerse a las medidas. El estudio menciona entre las razones un “sentimiento de maternidad exclusivista” entre algunas mujeres, así como un recelo de los hombres a sumarse a estas medidas por el rechazo social que perciben que tendrían.

Mujeres por mayoría aplastante

El perfil del solicitante de ayudas para la conciliación es el de una mujer (94,5%) que reside en la misma provincia en la que trabaja (90%) con estudios superiores (el 89% cuenta con, al menos, un título de FP o el Bachillerato) y que vive en pareja (96,9%). Es el cónyuge del titular de la ayuda quien ostenta un cargo superior en el trabajo, a menudo relacionado con las profesiones liberales, mientras que el titular ocupa puestos de baja cualificación. Quienes solicitan las ayudas a la conciliación trabajan mayoritariamente en el sector privado (el 79,8%, se corresponde con el peso de las empresas frente al empleo público, aunque su presencia ha ido creciendo) con un contrato fijo en el 91,1% de los casos y en el 89,4% a tiempo completo. Se acogen a estas alternativas por tener dos hijos (son el 54,4% de los casos, el 36,8% son familias con uno y en el 8,7% son tres hijos o más). Solo en el 4,1% de los casos tienen una persona dependiente en casa.

En el plano económico, la mayoría de las personas que solicitan la ayuda económica por haberse acogido a medidas de conciliación gana entre 1.000 y 2.000 euros mensuales, pero el estudio recaba datos de la progresión de esos ingresos en los años siguientes. El resultado es que ha crecido el número de personas que cobran menos de 1.000 euros al mes, son ya el 49,2%. Entre estos ingresos y el de la pareja, las familias cuentan con ingresos entre 1.600 y 4.000 euros mensuales en casi nueve de cada diez casos cuando piden la ayuda. Conforme pasan los años pasan a ser ocho de cada diez, pero la mayoría sigue ingresando entre 2.100 y 3.000 euros al mes.