Superpotencia paleontológica

Restos de miles de macromamíferos yacen en el cerro de Batallones, en Torrejón de Velasco

Las excavaciones, recién reabiertas, han sacado a la luz piezas de gran valor científico

Torrejón de Velasco 9 JUL 2012 - 20:33 CET

Una mandíbula de rinocérido asoma en el suelo en las últimas excavaciones. / CARLOS ROSILLO

La Tierra guarda en su seno numerosas sorpresas. Una de ellas es la que atesora en su interior una bella y arcillosa loma del sur de Madrid rodeada de olivos, el cerro de Batallones. Es, quizás, el más importante yacimiento de animales carnívoros fosilizados de todo el mundo: osos, tigres de diente de sable, perros-osos, grandes aves… Aquí vivieron y perecieron hace al menos nueve millones de años, como aseguran los responsables de las excavaciones que, hasta finales de este mes, despliegan más de 50 investigadores y estudiantes en el seno de esta colina cercana a la localidad de Torrejón de Velasco.

Es el yacimiento de carnívoros más importante del mundo

El trazado de la autopista de peaje R-4 fue desviado cuatro kilómetros para salvar la riqueza paleontológica del paraje, declarado en abril de 2001 Bien de Interés Cultural por el Gobierno regional que, através de Inmaculada Rus, supervisa el yacimiento, cuya dirección ejerce Jorge Morales, del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Varios participantes en la excavación de Torrejón de Velasco, la pasada semana. / CARLOS ROSILLO

En tres campamentos distintos del cerro, equipos de paleontólogos, geólogos, biólogos y especialistas medioambientales se proponen incrementar sobre el terreno la colección de 40.000 restos de otros tantos animales, herbívoros incluidos, hallados allí a partir de su descubrimiento en 1991 por una empresa de extracción de sepiolita.

“Los últimos hallazgos han sido un cráneo y el bastidor óseo de un rinoceronte, de grandes proporciones, con su dentición de ambos maxilares perfectamente conservada”, explica el biólogo Óscar San Isidro. Su colega Enrique Cantero anuncia nuevos descubrimientos: una mandíbula de jirafa, entonces provista de potentes cuernos, así como caparazones de tortugas gigantes, esqueletos de perros-osos —un raro animal extinto—, además de osamentas de tigres diente de sable y otros hallazgos.

Pero, sobre todo, la cincuentena de excavadores que laboran de sol a sol en el cerro madrileño afronta el reto científico de completar y clasificar las secuencias evolutivas de una fauna paleontológica de impar riqueza, procedentes de 25 especies distintas de peces, reptiles, aves y macromamíferos, hoy parcialmente desaparecidas y que solo allí, en Batallones, por esas carambolas de la fortuna, sus restos han sedimentado de tal manera que permite a los científicos el estudio de su secuencia, anatomía, sistemas de caza y aprovisionamiento, así como el del contorno ambiental en el que vivieron, su clima y hábitat.

Recreación de los pobladores de la loma hace nueve millones de años.

“Lo normal en toda excavación", explica el paleontólogo de la Universidad Complutense Manuel Hernández, uno de los responsable de Batallones 10, “es que la proporción de herbívoros —-caballos, jirafas, mastodontes— respecto de los carnívoros —osos, tigres de diente de sable—, sea de nueve a uno a favor de aquéllos; pero en el caso del cerro de Batallones, aquella proporción se invierte, hecho que confiere una muy especial singularidad al yacimiento”, añade. La tan rara primacía de los carnívoros obedece a la naturaleza del terreno, arcilloso, que compone el sustrato de la loma y que guareció los vestigios óseos de la fragmentación y abrasión que hubieran sufrido en otros sustratos distintos. La sepiolita depositada en los estratos más bajos del subsuelo se encontraba parcialmente encofrada bajo placas discontinuas de sílex. “Las oquedades formadas por esas rocas dibujaron unos laberintos interiores en forma de relojes de arena —pipings los llaman los anglosajones—- con agua fresca en su ancha base interior. Los herbívoros acudían allí abrevar; pero, con tan mala fortuna como para que la angostura del cuello de la fosa no les permitiera salir luego del abrevadero”, señala Manuel Hernández. “Allí quedaban presos hasta su muerte, a la que concurrían los carnívoros, carroñeros incluidos, cuya gula, tras verse saciada, les sepultaba en la misma trampa en la que cayeron sus víctimas”.

Los fósiles se han conservado gracias a una estructura geológica única

“Este circuito”, explica Juan Abella, paleontólogo de la Universidad Autónoma y especialista en osos prehistóricos, “es el que ha brindado la oportunidad de reconstruir secuencias casi completas de procesos que en otros sitios paleontológicos presentaban discontinuidades que los convertían en inexplicables”.

Tal elenco de carnívoros allí atesorado configura un patrimonio que convierte a la región madrileña en una superpotencia paleontológica en este tipo de vertebrados, cuyos principales vestigios cabe ver en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares; más precisamente, el cráneo, la mandíbula y un fémur de otros tantos mastodontes hallados en Batallones 1 y 2 y el cráneo y esqueleto casi completamente articulado de un tigre de diente de sable.

Museo Arqueológico Regional. Martes a sábados, de 11.00 a 19.00. Domingos, de 11.00 a 15.00. Lunes cerrado. Plaza de las Bernardas s/n. Alcalá de Henares

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