Rajoy ofrece protección para el Códice

El presidente pide a la Iglesia mayor esfuerzo “para que no se vuelva a repetir”. El libro de viajes del siglo XII se exhibirá en la Catedral este verano.

Santiago de Compostela 8 JUL 2012 - 19:38 CET

El deán de la Catedral recibe el Códice de manos del arzobispo, ante la mirada de Rajoy y Feijóo. / ANXO IGLESIAS

Sobre las 10:30 de la mañana, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo y el arzobispo de Santiago, Julián Barrió, atravesaron el ancho pasillo del salón capitular del Pazo de Xelmiréz, contiguo a la catedral. A un lado, los mandos de la policía encabezados por el jefe superior de Galicia, Jaime Iglesias, del otro, media docena de canónigos junto al alcalde de Santiago, Ángel Currás, el rector Juan Casares Long y el fiscal superior, Carlos Varela. Y la presidenta del Parlamento, Pilar Rojo, y el de la Diputación de A Coruña, Diego Calvo. Y los conselleiros de Presidencia y Educación, Alfonso Rueda, y Jesús Vázquez. Y el juez que instruye el caso, José Antonio Vázquez Taín, junto al fiscal de Patrimonio, Antonio Roma. Solo faltó “el ministro de la Gobernación”, cuya presencia había anunciado el deán José María Díaz en una de sus múltiples entrevistas concedidas estos días.

Entre todos, los gobernantes y lo que se da en llamar sociedad civil, escenificaron la devolución del Códice a su sitio. Rajoy, quien admitió que en esta época no abundan las buenas noticias, dijo que el acto de ayer era “un acontecimiento de esos a los que merece la pena asistir” y comprometió la ayuda de su Gobierno para, a través de un convenio, “establecer la protección del patrimonio histórico” y que el Instituto de Patrimonio Histórico Español pueda hacer un chequeo a esta joya de la literatura medieval “después de un año almacenado en deficientes condiciones”. También demandó “un mayor esfuerzo para evitar que estas cosas se vuelvan a repetir”. La Iglesia, mientras, ultima los preparativos para exhibir el libro medieval en el templo este mismo verano.

El epílogo a la tragicomedia del Códice deparó un instante que no desentonó con la historia de este surrealista suceso. Ya se habían producido los discursos y entonces el responsable del archivo, con guantes de latex blanco, se lo ofreció al presidente del Gobierno para que a su vez lo pasase al arzobispo de Santiago, Julián Barrio. Ninguno de los dos llevaba guantes, así que Rajoy dudó por unos segundos.

El Arzobispo pide“recuperar la confianza en la Catedral”

Finalmente y saltándose la protección que requeriría un ejemplar único acabó sosteniéndolo entre las manos, antes de pasárselo al arzobispo. Este pronto lo devolvió al responsable del archivo que de nuevo lo agarró con sus guantes de latex para ponerlo a buen recaudo. Nada nuevo porque ya el miércoles las autoridades catedralicias corrieron a agarrarlo de cualquier manera en cuanto lo vieron en manos de la policía sin reparar siquiera en la presencia de las cámaras. Semejante episodio transcurrido cuando ya se habían sucedido los discursos ante un panel gigante encargado para la ocasión con la reproducción del libro. Con él de fondo y las cámaras de la televisión autónomica en directo, el presidente Feijóo dijo que se recupera “una parte del alma de Galicia que estaba secuestrada” y la “partida de nacimiento de Europa”. Igual que Rajoy repartió agradecimientos entre los que lograron esclarecer esta insólita historia.

En su turno, el arzobispo Julián Barrió tiró de metáforas y aseguró que “durante el peregrinaje uno percibe que hasta de los grandes nubarrones que oscurecen el horizonte puede caer agua limpia que contribuye a limpiar el ambiente. No sería bueno desconfiar por principio aunque la confianza se vea herida, hay que aprovechar el agua de los nubarrones para recuperar la confianza en un templo como este”. Esa alusión velada al electricista y presunto autor de la desaparición anticipó el compromiso de “no escatimar esfuerzos” desde la Iglesia para que un acontecimiento así no pueda repetirse. Barrio admitió la “turbación y desasosiego que generó la ausencia del Códice Calixtino en los mandos catedralicios.

Sin tiempo para más, concluyó el acto entre los aplausos de los asistentes. El presidente Rajoy salió a la carrera hacia su coche oficial evitando las preguntas de la prensa sobre cualquier otro asunto de actualidad. Fuera, en la puerta de la Catedral, tuvo que oír no obstante silbidos y algunos reproches de un centenar de personas que esperaban su salida. Más información en página 35

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