Los alcaldes culpan a la falta de limpieza de los montes de la extensión del fuego

"Lo que necesitábamos era brigadas que expurgaran los pinos y los matojos"

El alcalde de Yátova se queja de que el monte es un "polvorín"

Una densa humareda se alza desde la zona afectada por el fuego en Andilla. / CARLES FRANCESC

"El problema es que no se ha limpiado el monte. Que el monte es un polvorín si no se limpia. Lo llevo diciendo años y años. Y todos hacen lo mismo. Da igual. Yo no quiero brigadas de incendios, quiero brigadas que expurguen los pinos, que quiten los matojos, que recojan leña, para que no haya incendios. Y así, además, se daría trabajo a la gente del pueblo. ¿De qué me sirve que pasen helicópteros con gente importante, cuando el monte de mi pueblo ya se ha quemado?". Rafael Lisarde estalla en lágrimas cuando describe el "desastre" que ha vivido Yátova.

La maleza, las ramas quebradas, los árboles caídos y los matojos de los bosques actúan como un reguero de pólvora que provoca, acelera y aviva las llamas. 

Dos mujeres combaten el fuego en Carlet / AFP

"Soy alcalde de mi pueblo antes que nada", se reafirma el regidor del PP. En su pueblo se ha reunido esta mañana, precisamente, el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, con los ministros de Defensa, Pedro Morenés, y de Agricultura y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete.

Lisarde se queja amargamente de la falta de previsión y de recursos para prevenir los incendios forestales, una queja compartida por otros alcaldes afectados por los dos terribles incendios que asuelan el interior de Valencia y parte de Castellón. El regidor de Alcublas, Manuel Civera, del PSPV-PSOE, afirma rotundo: "La montaña está más abandonada que nunca". Lamenta recordar ahora cuantas veces ha solicitado a la Generalitat programas de formación para hacer cortafuegos o para limpiar los montes. Incide en que el núcleo urbano de Alcublas se ha salvado de las llamas gracias a que está rodeado de campos de cultivo. "Si las capitales quieren respirar, tendrían que cuidar al mundo rural", agrega.

La alcaldesa de Carlet y senadora del PP, María Ángeles Crespo, asegura que en su pueblo no han faltado medios terrestres y culpa al viento "muy irregular y desigual" y a las altas temperaturas de los efectos devastadores del fuego. También quiere dejar claro que la mayoría del monte de su término es privado. "La gente no nos hace caso. Cada uno tiene que limpiar sus parcelas. La gente que tiene chalets lo hace, pero otros muchos no. Nos dicen que que tiene que utilizar mucha mano de obra para limpiar los pinos, que les cuesta mucho", explica la regidora. Y añade a continuación: "Ahora se dicen muchas cosas, que si faltan medios, que si hay para la fórmula 1. Pero hay que tener en cuenta que la fórmula 1 también crea muchos puestos de trabajo".      

"Se dice que faltan medios, pero no para la fórmula 1. Pero la fórmula 1 crea también muchos puestos de trabajo", dice la alcaldesa de Carlet

Andilla es una de las poblaciones peor paradas. Allí comenzó la tarde del viernes el fuego que llevaba arrasadas el sábado pasado unas 15.000 hectáreas de superficie forestal. Su alcalde, Jesús Ruiz, un independiente del PP, aseguró el domingo que los vecinos están “machacados, cansados y desgastados” porque quieren volver a sus casas. Salieron corriendo con lo que llevaban puesto y desde entonces no han podido regresar a sus hogares.

“La riqueza que teníamos era el bosque y no queda nada, es un desastre”, lamentó. Ruiz explica la desesperación de un pastor que dejó encerradas 200 cabras en el frontón de la población y que se han escapado. “Los incendios se paran en invierno”, enfatiza el regidor, quien opina que los montes valencianos “están viejos y no se cuidan ni se explotan”. “Los tenemos, como los tenemos”, sin pastoreo ni agricultura y "sucios de rastrojos", lo que unido a la sequía que llevamos y a las altas temperaturas hace que sea "más probable" que ocurran estas cosas, agregó.

El regidor se cuestiona si se está haciendo lo suficiente. “Medios ha habido muchos pero, ¿suficientes?", se preguntó el alcalde mientras especulaba si la situación habría sido otra con muchos más medios. “Aunque tampoco se sabe, porque con las condiciones que se han dado y los cambios de viento también habría sido difícil”, reconoce. No obstante, valora que el frente que avanzaba hacia el pueblo “está controlado”, lo que permite disipar el miedo que existía de que las llamas llegaran al pueblo. “El peligro ha pasado, aparentemente", decía Ruiz, que no ha sabido ofrecer una estimación de hectáreas afectadas en el término de Andilla. "No sabemos si se han quemado 7.000, 8.000 o 9.000, ha sido una barbaridad”.

A unos kilómetros al norte está Teresa, otro de los municipios a los que se ha extendido el fuego de Andilla. Su alcalde, Ernesto Pérez, del PSPV, explica lo sucedido: “Estoy muy dolido por la descoordinación, nuestro término se ha ido al garete, si tengo que pedir responsabilidades por haber perdido tres cuartas partes de Teresa lo haremos”.

El regidor lleva desde las doce de la noche del sábado trabajando sin descanso junto a otra veintena de vecinos para proteger el pueblo de las llamas. "Si tiene que rodar alguna cabeza que ruede, y el máximo responsable de esto es el consejero de Gobernación, Serafín Castellano", denuncia.

La vegetación tarda una década en regenerarse, según expertos en desertificación

Según Pérez, las primeras motobombas no llegaron al pueblo hasta la una de la madrugada del domingo. "No podían cruzar por el río y nosotros, con tractores y cubas, protegimos el pueblo y las granjas como pudimos", describe. El alcalde de Teresa asegura que "los medios no se han utilizado" y, como otros tantos vecinos de Teresa y de Bejís, denunció que los medios aéreos no aparecieron el sábado (con los pueblos ya desalojados).

Pilar Gallardo, de 49 años, es vecina de Andilla y lo que más teme es verlo todo negro cuando regrese a su casa. Antes que nada agradece al pueblo de Villar, que los aloja, a la Cruz Roja y a los voluntarios que se han volcado con ellos. Lleva fuera de casa desde el viernes por la tarde y quiere volver lo más pronto posible. “El espectáculo es dantesco, pero nos han dicho que las viviendas se han salvado”.

Juan Carlos Súller, de 42 años, y residente de Villar del Arzobispo ha seguido el fuego porque es un enamorado de los montes. “Es increíble que Andilla, uno de los términos municipales con más superficie boscosa de la provincia, no tenga un retén de bomberos propio, y la única cuba que tenían, la quitaron el año pasado”, se lamenta convencido de que los fuegos se vencen y controlan muy al principio o pueden contigo. Súller entiende que hay que pedir responsabilidades a los políticos por recortar en la prevención de incendios forestales.

Han desaparecido cientos de hectáreas de bosque antiguo. “Es una tragedia desde todos los puntos de vista”, concluye Súller.

Una tragedia que costará años regenerar. Patricio García Fayos, director del Centro de Investigación sobre Desertificación CIDE, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología, responde a la pregunta de si se debe reforestar o no el monte quemado. "Por debajo de los 700 metros de altitud, el 80% de las especies tienen mecanismos propios de repoblación", explica, pero en el plazo de una década. "En 10 años, si no hay ninguna catástrofe y sin realizar ninguna actuación, tendremos una cobertura vegetal similar a la que había antes del incendio".

A más altura la cosa se complica. "A más de 700 metros existen especies como las sabinas o el pino negral y podría plantearse una actuación más generalizada" de reforestación.

El técnico explica que tras los incendios "el clamor popular" acaba haciendo que las Administraciones se apresuren a aprobar planes de reforestación, pero sugiere que esto no es conveniente. Debe dejarse que el monte se regenere solo y después "actuar para ordenarlo".

"Debemos confiar en que las lluvias de octubre sean suaves para que no se destruya el suelo", añade anticipando los problemas que genera la erosión. Y apunta que hay mecanismos "que la Administración conoce y utiliza" como son las fajas de contención del suelo o la siembra de herbáceas que sí pueden ayudar a que no haya tanta erosión en octubre.

La prevención es la mejor forma de apagar el fuego

EFE, Madrid

El enfoque en la lucha contra los incendios forestales "está completamente equivocado", según expertos consultados por EFE que señalan las medidas de prevención como la mejor forma de apagar el fuego, en vez de volcarse en grandes inversiones en extinción. Así, el presidente de la Asociación de Profesionales forestales de España (Profor), Elías Bayarri, señala que el abandono rural y la pérdida del aprovechamiento económico de los bosques han creado "superficies extensísimas de combustible forestal", y cuando esos bosques arden "por muchos medios que se pongan, el fuego es imposible de apagar", como ha pasado en Valencia.

Según datos de la organización WWF, tan solo el 2% de las masas forestales de la Comunidasd Valenciana cuentan con un instrumento de gestión, valor que sube al 13% en toda España. Por ello, Bayarri considera que el enfoque en la lucha contra el fuego "está completamente equivocado" porque las administraciones se vuelcan en la extinción" y los medios para ello "son espectaculares" mientras la prevención de los incendios "es la gran asignatura pendiente".

El presidente de la asociación forestal apunta que "los montes hay que gestionarlos todo el año pensando en los incendios", y frente al "dineral" gastado en extinción, innecesario "a partir de un umbral de medios", defiende el empleo y desarrollo en el medio rural que supone la prevención.

Por su parte, Luis Gil, Ingeniero de Montes y miembro de la Real Academia de Ingeniería, defiende una gestión del territorio que incremente las infraestructuras de lucha contra el fuego en los momentos de condiciones más desfavorables. Gil defiende que la mejor medida es una gestión del territorio forestal para conocer con precisión cuáles son las condiciones de cada zona, y evitar que estos problemas ocurran, a través de infraestruturas y servicios que se potencien en momentos con condiciones más desfavorables, como altas temperaturas y vientos elevados.

Según el académico, hay una gran continuidad de biomasa forestal que se debe interrumpir en determinadas zonas con líneas de cortafuegos que reduzcan esa carga, siempre sobre la base de un profundo conocimiento de cada terreno.

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