ENTREVISTA A ANTONI CASTELLS / EXCONSEJERO DE ECONOMÍA Y DIRECTOR DE EUROPEG

“Es una confusión decir que tenemos déficit por una mala financiación”

“No lucharé ni por un cargo electo ni por la dirección del partido”

El exconsejero de Economía, Antoni Castells. / Tejederas

En 2008 la caída de Lehman Brothers puso al mundo en jaque, pero se evitó “lo peor” gracias a la acción política, que el exconsejero de Economía Antoni Castells reivindica en su libro El desafío de la política (RBA). Ese reto está hoy en Europa, epicentro de la crisis.

Pregunta. ¿Volveremos a evitar el desastre?

Respuesta. Desde el estallido de la crisis de la deuda griega en diciembre de 2009, la situación no ha hecho sino empeorar. La crisis se debería haber acotado a Grecia, que tenía un problema de solvencia. Ese cortafuegos debía haber consistido en la compra de deuda pública por parte del Banco Central Europeo, en el mercado secundario, para lanzar el mensaje de que iba a impedir la especulación con la deuda soberana de países como Italia y España, que no tenían un problema de solvencia. No lo hizo y hemos pasado a la crisis del euro. A la vez, y tan importante como ello, está la opción europea por la austeridad frente al crecimiento. En mayo de 2010, Alemania dio un volantazo y pasamos de las políticas de estímulo fiscal a las de austeridad y consolidación fiscal; el resultado ha sido entrar en esta espiral recesiva en la que nos hemos instalado.

P. Algunos tachan de “despilfarro” los estímulos. ¿No salvaron el sistema?

R. El presidente de EE UU, Barak Obama, lo ha dicho muy claro: austeridad a medio plazo y crecimiento a corto. Y Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, nos recuerda que la reducción del déficit es un maratón y no un sprint. Se ha de hacer, y en España no hay margen para los estímulos fiscales, pero la reducción del déficit debe ser más lenta y gradual para tratar de limitar el impacto contractivo en la economía

P. ¿La solución pasa por la unión fiscal y financiera de la UE?

R. Tenemos una unión monetaria incompleta, sin unión fiscal. Y eso supone unos desequilibrios fenomenales. Es verdad que desde mayo de 2010 ha habido una intensa transferencia de poder político de los Estados a la UE, pero ha sido sobre todo a instancias intergubernamentales, lo que significa que quien manda es Alemania y, con un papel subordinado, la Comisión Europea. Eso supone una fractura entre poder y legitimidad: el que manda no tiene legitimidad, no lo hemos elegido los ciudadanos, y los que hemos elegido, no tienen poder. Esta vía intergubernamental funcionará si es una estación intermedia para llegar a una integración política de signo federal, con gobernantes elegidos. Si no, estará condenada al fracaso.

Estaría encantado de votar a Helmut Schmidt y no a Mariano Rajoy

 P. Los líderes de la UE siguen más pendientes del electorado de su país que del conjunto de los ciudadanos del continente. ¿Así se avanza?

R. La realidad es que las elecciones que cuentan, las que interesan, son las nacionales. Pero ¿qué pasaría si hubiera unas elecciones para elegir a un presidente de Europa con competencias, presupuesto, Gobierno y tesoro? Estaría encantado de votar a Helmut Schmidt y no a Mariano Rajoy...

P. Sostiene que España no tiene más remedio que aplicar austeridad y reformas. ¿No hay una receta que no castigue al más débil?

R. El problema es que hemos de recuperar competitividad sin poder recurrir a la devaluación. Durante el periodo anterior a 2008 perdimos un 25% de competitividad respecto a la media comunitaria y un 40% con relación a Alemania. Desde entonces hemos recuperado en torno al 6%. Ahora hay que seguir recuperando competitividad, y cuanto más lo hagamos mejorando la productividad, menos habrá que hacerlo reduciendo los costes y los salarios reales. Y en la medida en que ello sea inevitable y el ajuste siga recayendo en los menos responsables de la crisis y en las clases medias y los sectores más débiles de la sociedad, yo creo que es imprescindible un gran acuerdo social, de carácter intertemporal, que dibuje el horizonte social, en cuanto a distribución de la renta y fiscalidad, que nos comprometemos a alcanzar en un periodo de cuatro o cinco años. Solo así el resultado será justo y socialmente aceptable.

P. En una conferencia en la London School of Economics en 2009, dijo que Cataluña saldría reforzada de la crisis. ¿Aún lo cree?

R. Cataluña es en España el territorio con mejores fundamentos. Es la gran potencia exportadora e industrial. Hoy el único motor potencial de crecimiento en España es la exportación. De manera que si el Gobierno hiciera lo que le conviene a España, se reuniría con las 30 empresas catalanas que más venden al exterior para estudiar cómo exportar más. Aun así, ahora tenemos un 20% de rasgos propios y un 80% de problemas similares a los de la economía española. Me gustaría decir que somos como Baden-Wurtemberg o Baviera, pero tenemos los problemas de la burbuja inmobiliaria, del sobreendeudamiento, del paro, del sistema financiero y de un consumo interno hundido, como el resto de la economía española. A nivel de paro, ¿Cataluña se parece más a España o a Alemania?

P. El Gobierno catalán dice que el pacto fiscal es la solución. ¿Está de acuerdo?

A nivel de paro, ¿Cataluña se parece más a España o a Alemania?

R. Es evidente que si tuviéramos muchos más recursos estaríamos mejor, pero es una confusión decir que tenemos déficit por una mala financiación. Lo tenemos porque hay recesión. En 2009 también tenían déficit Francia y Alemania, y que yo sepa no tienen un problema de financiación autonómica. Con el pacto fiscal se supone que tendríamos más recursos, pero los mismos problemas económicos de fondo.

P. Reclama grandes pactos y parece que ahí va a haberlos...

R. La obligación de cualquier Gobierno es lograr una buena financiación e ir a negociar con el Estado con la máxima fortaleza posible, es decir, tratando de conseguir la unidad en Cataluña. Lo que no podemos hacer es dispararnos entre nosotros. El Gobierno del que formé parte estuvo negociando durante un año un nuevo sistema de financiación y la oposición, en Cataluña, en lugar de dar apoyo a su Gobierno frente al del Estado, al que atacaba era al Gobierno de su país. Creo que esto no debería repetirse.

P. ¿Ve al PSC capaz de votar diferente del PSOE si es necesario?

R. Yo no lo logré. Pero bien, en el Senado, donde el PSC está en el grupo de Entesa, que preside José Montilla, lo hace en ocasiones. Es imprescindible que el PSC se exprese siempre en el Congreso en función de los intereses de Cataluña y de su proyecto político. Y cuando están en juego los intereses de Cataluña, por una parte, y los de nuestros socios españoles, por la otra, deben prevalecer los de Cataluña. El PSC debe tener capacidad para expresarse con voz propia. Cuando ello no ocurre, las consecuencias son muy negativas para el socialismo catalán, y también para el país.

P. ¿Cómo debe regenerarse la izquierda catalana y cuál debe ser el papel del PSC en ese proceso?

R. Hay que reconstruir casi desde cero un proyecto político que sea progresista, mayoritario e independiente del PSOE. Y eso no puede hacerse sin el PSC, pero no lo puede hacer solo el PSC. Y mucha gente lo está esperando. Dicho esto, no estoy en primera línea de la actividad política y no me toca encabezar ningún planteamiento desde el PSC. Algunos de la ejecutiva coinciden conmigo y otros no. Pero el PSC ha ido perdiendo fuelle. La actual dirección es consciente y sabe que hace falta recuperar el terreno perdido.

P. ¿Volverá a primera línea?

R. No. Siempre estaré comprometido con las causas en las que creo y lucharé por ellas, junto a aquellos que las compartan. Esto es para mí hacer política. Lo que no haré es luchar por ser candidato a nada, ni por un cargo electo ni por la dirección del partido.

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Periodista de Economía de EL PAÍS

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