FERIA DE ALICANTE

Triunfo en tono menor y reparto de orejas

Padilla, Fandi y Manzanares compartieron banderillas en el último

José María Manzanares recibe de rodillas al segundo de su lote. / MORELL (EFE)

El toro que abrió plaza, alto y cómodo de cara, fue abanto de salida. Ni caso a los capotes, hasta que Padilla lo recogió con mimo y le pegó una serie de lances en los que se recreó. Tres pares de Padilla a ese toro: aceptable el primero, deslucido el segundo y un tercero al violín que se celebró en el tendido. Siempre en las rayas, donde toro y torero encontraron el terreno apropiado, la faena tuvo dos series completas con la derecha, las primeras. Ya con el toro a menos, Padilla animó el ambiente con un molinete de rodillas y un desplante, ya todo cuando el toro rendía armas.

LORENZO, SAN PELAYO, SAN MATEO / PADILLA, FANDI, MANZANARES

Tres Toros de Carmen Lorenzo, 1º, 5º y 6º, uno de San Pelayo, 2º, y otro de San Mateo, 3º. Desiguales de presencia. De buen fondo. Quinto y sexto mansearon en la muleta.

Juan José Padilla: pinchazo hondo caído y descabello en dos tiempos (saludos); estocada (oreja)

El Fandi: pinchazo, media atravesada y caída –aviso- y descabello (saludos); estocada (oreja).

José María Manzanares: dos pinchazos, bajonazo que hace guardia –aviso-, dos pinchazos más y media (palmas); estocada (oreja).

Plaza de Alicante, 20 de junio. Segunda de Feria. Lleno.

El cuarto, muy en el tipo Murube, bien hecho, sufrió un duro castigo en varas. Solo un puyazo, pero en toda regla. Y duradero. Otros tres pares de Padilla a este toro. Desiguales. El primero, de poder a poder, el mejor; el segundo desigual de colocación y cerró de nuevo con el del violín. Mientras tuvo gasolina, ese cuarto fue toro de nota. Pronto, alegre y con fijeza. Padilla lo exprimió. De principio algo aceleradillo, hasta que le encontró el punto al buen toro de Capea. Más centrado, Padilla no dejó escapar la ocasión. La faena tuvo su cumbre en una serie de cinco naturales, largos y hasta con gusto. Lástima que en el remate el toro le arrancara la muleta. Hasta ahí duró el toro; pero no el torero. Visto lo cual, Padilla optó por la traca final: rodillazos y desplantes, ya a toro parado. La estocada, rotunda, fue un buen colofón.

Muy justo de presencia, pero un dije, el segundo de la tarde. Un picotazo y un quite combinado de Fandi por chicuelinas y tafalleras, todo por el mismo precio. Luego, cuatro pares de banderillas. De todo un poco en todos ellos, con ciertas prisas y final desigual. Pero la gente contenta. El toro llegó a la muleta con buen son por el pitón derecho, por donde Fandi se lo pasó tras inicio de hinojos. Pero un conjunto despegado, sin acople, fuera de cacho. Un intento fallido con la izquierda, por donde el toro miraba desconfiado, dejó paso a un escaparate de pases de galería. Dos circulares abrazado al toro entusiasmó a la gente. Pero la espada se le atragantó y la cosa quedó sin premio.

El quinto fue otro toro acaballado, alto y de pocas defensas. Fandi lo saludó con dos largas cambiadas de rodillas, aunque el toro se pegó una vuelta por el ruedo entre una y otra. El primer tercio se saldó con picotazo y a otra cosa mariposa. Y otros cuatro pares de Fandi. Los tres corriendo hacia atrás y de desigual colocación. De los cuatro, el segundo el más logrado y el último, al quiebro, el más llamativo. El tercio acabó con derroche de facultades y juego de piernas ante toro entregado a la suerte. La faena la abrió Fandi con una serie con las dos rodillas en tierra. Prometía más el toro, que de pronto se salió de la suerte y buscó las tablas. Ya no saldría de allí. No le importó a Fandi, que acomodado en los adentros desplegó todo su repertorio populistas. La estocada final desató el entusiasmo en los tendidos. Le pidieron doble premio pero el palco no se dejó llevar por la ola popular.

Sin tanta alzada, pero con la suya, el tercero de la tarde. Ya con poca fuerza de salida, pasó por el primer tercio de puntillas. No había para más. Brindis emotivo de Manzanares al fotógrafo Curro Cano, a punto de cumplir un siglo de vida. Buen toro ese tercero, pero sin chicha ni limoná. Lo ayudó Manzanares en los primeros muletazos, aunque el toro claudicó un par de veces. Se esforzó el torero, que en medio de un querer y no poder sacó una serie con la derecha marca de la casa. Pero no hubo más. Se acabó el toro y la faena. Y a la hora de matar, mitin de un matador consumado. Hasta el mejor estoqueador echa un borrón.

El sexto prometió un fin de fiesta de apoteosis. No fue así. Se dejó en varas, Manzanares invitó a sus compañeros a banderillear. Fue, sin duda, el mejor tercio de la tarde. Tres pares sobrios, pero de impecable ejecución y colocación. Todo preparado para cerrar la corrida a lo grande, pero el toro de Carmen Lorenzo no quiso sumarse del todo a la fiesta. Su alegría en banderillas se esfumó y también, como el anterior, miró de reojo a las tablas antes de tiempo. No se complicó la vida Manzanares, que dejó estar al toro en donde más cómodo se encontraba. Allí, encerrado en tablas y con el pescado vendido, Manzanares solo pudo dejar gotas de calidad. Detalles. Esta vez sí acertó con la espada. Citó a recibir y dejó enterrado el acero.

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