“Los poetas tienen derecho a morir asesinados”

El escritor Aníbal Malvar debuta en la narrativa en castellano con La balada de los miserables (Akal)

Santiago de Compostela 19 JUN 2012 - 21:12 CET

El escritor Aníbal Malvar / ANA MURADAS

Lo delicado solía ser más terrible que lo desolado en las novelas del escritor y periodista santiagués Aníbal Malvar. Negras, por decir algo, aunque en A man dereita, Unha noite con Carla o Á de mosca —primer noirgallego en nutrirse de la corrupción del fraguismo con Fraga vivo—, una tonalidad poética inusual se adhiriese a los policías, la cocaína o los reporteros que casi no pueden contar nada.

En La balada de los miserables (Akal), su reciente debú en castellano, una niña gitana desaparece en uno de los poblados de la droga de Madrid y lo que se acaba diseccionando no es la sociedad: “Desde arriba ya te diseccionará el forense cuando palmes”, contesta Malvar. “Disecciono desde abajo, desde lo aplastado por el peso del poder. Hay que bajarse a las profundidades del fango”. En ese ambicioso viaje se habla en calorro, en castellano o en romaní. Hablan los gitanos, los detectives protagonistas y también tienen voz literaria las armas, las placas policiales o la decrepitud. Un esfuerzo en el que aflora una lírica respetuosa con los registros del analfabetismo, la droga o la lumpenoligarquía. Desarrollar toda esa consciencia lingüística fue problemático “hasta el borde de la locura”. “Como meter en la coctelera a Blaise Cendrars y Gómez de la Serna, dos de mis referentes de juventud, para lirificar el polar”.

Contra el agotamiento del lenguaje “por inercia y repetición”, el autor Soño dun violinista (su debú, en 1990, incluía poesía y relato), propone “devolver la novela negra a los poetas”. “No se puede hacer Ross MacDonald toda la vida, los poetas también tienen derecho a morir asesinados”. No hay lecturas morales en La balada..., con una portada que simula un best-seller para clases medias —”el editor y yo compartimos pasión por el pulp”— . “He pasado buena parte de mi vida trabajando de reportero en sucesos, narcotráfico, terrorismo, prostitución... No hay moral en la relación entre clases altas y bajas, sólo una recíproca y constante tentativa de asesinato”. La balada de los miserables se empezó a escribir en gallego, pero no le salía. “Quizá sea la distancia, tantos años fuera de Galicia. Pero volveré”.

 

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