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Acordes de Matadero

Son siete años y el festival el Día de la Música tiene ya veteranos y, como siempre, bandas emergentes de sello independiente

Christina Rosenvinge y Luis Brea, 'veterana' y 'novato', en el Matadero de Madrid esta semana. Ampliar foto
Christina Rosenvinge y Luis Brea, 'veterana' y 'novato', en el Matadero de Madrid esta semana.

Son siete años de festival. El Día de la Música, que se celebra en toda Europa coincidiendo con el solsticio de verano, ha encontrado desde hace tres años su media naranja en el Matadero de Madrid, el centro de creación contemporánea más importante de la capital. Un espacio de lujo, un recinto pensado para despiezar reses y construido a principios del siglo XX, que es capaz de acoger hoy en sus naves más de 50 conciertos de bandas independientes, nacionales e internacionales, en un solo fin de semana (del 21 al 24 de junio).

El ganado de este año incluye a James Blake, Tindersticks, Azealia Banks, Mercury Rev o Metronomy, en el panaroma internacional. Y completan el cartel bandas nacionales como Love of Lesbian, La Casa Azul o Sr. Chinarro, además de un montón de grupos emergentes (Tuya, Luis Brea, Fira Fem, Dolores...). Ver a los primeros, implica un pago previo de 40 euros (un día) o 66 (el abono de dos). Sí, ha subido en la misma proporción que ha bajado el número de patrocinadores. Pero, para ver a los segundos, basta con acercarse por el número 14 del paseo de la Chopera (Arganzuela) porque la entrada es gratuita.

El placer de plantar tomates

P.O.D.

(En la página 1) No tienen el gusto de conocerse “en directo”, aunque comparten agencia de managment (I’m an Artist) y afición por los huertos. A Luis Brea (sábado, 14.00, gratuito) le ha dado por plantar tomates y vestir sombrero de paja. A Christina Rosenvinge (sábado, 18.30) le dio por vestirse de Caperucita Roja en su debut en este festival: “Salí a cantar con Kiko Veneno”, recuerda. Ella ejerce de veterana en esta singular pareja y él, con un disco (Hipotenusa) aún calentito editado por Marxophone, recuerda que gracias a su breve actuación del año pasado surgió “el flechazo” con su sello discográfico, que le permitió publicar el disco. Por h o por b, todo queda en casa: los tomates crecen.

EL PAÍS ha querido reunir a veteranos y novatos para testar el grado de impulso y el papel de plataforma de lanzamiento que juega este festival. Y, a tenor de lo hablado con las bandas, parece que son muchos quienes ya han dado el salto desde Matadero.

“Me parece un de los mejores sitios de Madrid, abierto, al lado del río... no tengo palabras para definirlo, lo he visto evolucionar y creo que es un espacio maravilloso”, asegura Christina Rosenvinge, que este año hace doblete en el festival: actúa el sábado por la tarde y además participa el domingo en el Mini Día de la Música, una novedad dentro de esta edición, pensada para incorporar a los más pequeños a los conciertos. La cantautora, cada vez más afianzada en la escena musical nacional, cantará canciones para niños basadas en cuentos infantiles y tratará de enseñarles una especie de abecedario musical: “Las cuatro claves, los cuatro acordes, con los que cualquiera puede empezar a tocar, como empecé yo con lo que me enseñaron mis amigos. Los niños también tienen que ir a conciertos y hacer música. Me preocupa que la música se conciba como algo pasivo”, cuenta.

Año tras año, buscando cubrir la necesidad de un festival de música independiente propio para la ciudad, el Día de la Música ha ido ganando posiciones y se ha convertido, también para los artistas, en un espacio singular desde el que presentarse al mundo y, al mismo tiempo, compartir experiencias con otras bandas. Tiene algo de “experimento”, de “espontáneo”, “de ensayo”... Todas ellas palabras salidas de la boca de miembros de bandas que han participado en el certamen.

“Si algo ha caracterizado a este evento desde el principio, es que ha potenciado los encuentros entre bandas”, dice Guille de Vetusta Morla que, aunque este año no actúan, presentaron en este festival sus dos discos: Un día en el mundo y Mapas, con un resultado envidiable para muchos, además de grabar un versión de Chicago de Sufjan Stevens con Rosenvinge un año; y participar en el documental que se rodó, otro.

“Esa es también una característica del Día de la Música en Madrid, precisamente eso: la posibilidad de conocer a otras bandas, trabajar con ellas e intercambiar cosas. Recuerdo especialmente el backstage de hace dos años: terminabas de tocar y te encontrabas con músicos de todas las bandas detrás del escenario e incluso con gente del público. Eso no pasa en otros festivales y está muy bien”, comenta Ari de Hola a todo el Mundo, otros de los grupos veteranos de este certamen, aunque este año su gira les impida participar.

Abrirán las puertas del Matadero Los Evangelistas el jueves. Los discípulos del maestro Enrique Morente calentarán la nave 16 el día 21 de junio con un concierto homenaje de ese mítico disco, Omega. Y, junto a los miembros de los Planetas y Lagartija Nick, estarán Carmen Linares y Soleá Morente. ¿El precio? 18 euros (12 euros para todos aquellos que hayan comprado el abono).

El Día de la Música, aún mermado en su amplitud por la crisis (hubo años en los que se celebraba simultáneamente en varias ciudades españolas y las bandas viajaban de una a otra) sigue latiendo y se hace fuerte en Matadero. En esta edición es el Instituto Cervantes, que por primera vez sustituye al Quijote por las bandas emergentes del panorama nacional, quien toma el relevo de su afán expansivo emitiendo un programa de Radio 3 desde su sede para llevar, a través de las ondas, los acordes que suenen en Matadero por todo el mundo.

Un juego de relevos

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Los de Vetusta Morla (Pucho, David y Guille, de izquierda a derecha) aterrizaron hace tres años en el festival de la mano de Christina Rosenvinge. “Fue cuando se editó un disco de versiones con colaboraciones entre las bandas”, recuerdan. Hoy, aunque no tocan, toman el relevo y ejercen de veteranos con los de Fira Fem, Óscar y Luis (sábado, 15.30, gratuito), que se enfrentan a su debut festivalero con su primer disco (Aedificatoria). Veremos si su puesta de largo sigue la estela de las que siguieron en este certamen Un día en el mundo y Mapas de los vetustos.

La jugada redonda

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A pesar de su juventud, Russian Red, Lourdes Hernández, es ya una veterana. Presentó su primer disco (I love your glasses) en el Día de la Música (su primer festival), en 2008: “Todavía no era en Matadero, era en una explanada destartalada junto al río”, recuerda. Este año, aunque participó en la presentación del festival, no lo hará durante su celebración: “El primero fue de desconcierto y el segundo de asentamiento”, añade. Los de David T. Ginzo, antes Templeton y ahora Tuya, (sábado, 13.15) se estrenan en esta ocasión con Water spot (mancha de agua) y han conseguido grabar su disco en directo y con documental ad hoc en la nave de la música de Matadero. Dos jugadas redondas.

Tocar con todo el mundo en la intimidad

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Los de Hola a todo el mundo (HATEM: Johs, Álvaro y Ari, a la izquierda y de arriba abajo) todavía no han probado el Matadero, porque su estreno en el Día de la Música fue el año que se celebró en el Circo Price. En esta edición no podrán estar, porque van de gira y les pilla en Málaga y Córdoba todo el sarao, pero eso no es óbice para que estos madrileños, más majos que las pesetas, hagan de maestros de ceremonias con Tahiche y Juan (de arriba abajo a la derecha), dos de los de Dolores (a falta de Teresa, su voz) que presentan su Disco póstumo el sábado a las 14.50 (gratuito). ¿El resumen de la conversación?: “Esto es como tocar con todo el mundo en la intimidad”.