Figuras en el talento

Uno de los espectáculos más esperados de la Suma Flamenca era esta creación de Aída Gómez, que hay que decirlo de entrada, ayer cumplía años y está en su plenitud. No solo es sin fisuras la mejor bailarina española a tres generaciones vista, sino que aúna creación, rigor, inventiva y esencia coréutica mayor, la que da clase al género, la que le garantiza su trascendencia más allá de tanto experimento banal del que estamos rodeados. Su baile es limpio, desgrana sencillez en la exposición y complejidad en la ejecutoria; lo musical se impone y da el brillo.

'Adalí'

Coreografía y baile: Aída Gómez, Christian Lozano y Eduardo Guerrero; música: Juan Parrilla; luces: Nicolás Fischtel. Suma Flamenca. Teatros del Canal. 12 de junio.

Gómez ha arriesgado y mucho en Adalí, pero ha salido por la puerta grande. Los elementos convocados han respondido: música espléndida, desde su riqueza melódica a las orquestaciones y que colocan a Juan Parrilla por fin en el sitio merecido y dos bailarines muy diferentes entre sí para acompañar a esta princesa madrileña de la danza. Christian Lozano, bailarín de escuela barcelonés, refinado, preciso y Eduardo Guerrero, con su poso vernáculo, su sanguínea manera de enfrentar la parte seria del baile de tradición.

Porque en Adalí hay también tradiciones bien entendidas y asimiladas, llevadas a la actualidad estética sin estridencias, con buen gusto, con referencias sutiles al cabaret de los años treinta o a la espectacularidad teatral geométrica y de afilado contemporáneo. Todo encaja porque se ha hecho a conciencia.

Las castañuelas de Aída son un argumento aparte y parte consustancial de su virtuosismo, de su particularidad y de su excelencia; maneja los palillos a la manera de una partitura, en la más esmerada y detallista sonoridad, dando una clase magistral de registros.

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