La salida de Arenas abre una etapa de incertidumbre en el PP

El líder popular delega en Zoido la coordinación del partido hasta el congreso

Tras fracasar por cuarta vez en su intento de alcanzar la presidencia de la Junta, era cuestión de tiempo que Javier Arenas dejara las riendas del PP autonómico, que ha sujetado con mano firme desde 1993. Aunque estaba previsto que se presentara a la reelección como presidente en el congreso regional del partido, que se iba a celebrar en septiembre en Granada, el número dos de Arenas, Antonio Sanz, ha anunciado el lunes de súbito que el cónclave se adelantará al mes próximo —los días 13,14 y 15—, así como que el que ha sido referente y líder indiscutible de la derecha andaluza casi dos décadas cierra por fin esta etapa. Su salida es inmediata. Hoy lunes ha delegado sus competencias en uno de los 10 vicepresidentes del PP andaluz, Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, que se hará cargo de la coordinación del partido hasta el congreso.

En principio, el relevo está abierto, no hay favoritos en la baraja. El propio Arenas aseguró —a través de un vídeo enviado por Internet, ya que evitó comparecer ante los medios de comunicación— que no quiere interferir en el debate. No obstante, se especula con que sea Zoido quien le sustituya, si bien suenan otros nombres como el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, o el portavoz parlamentario, Carlos Rojas.

No por esperada la despedida de Arenas ha sido menos sorpresiva. Hasta hace un par de semana, el plan era dejar pasar al verano para terminar de fraguar su encaje en la política nacional y abrir una fase nueva en Andalucía con otra persona. Las prisas estaban descartadas: ya se iría viendo la evolución del Gobierno de Mariano Rajoy y tanteando el posible recambio. Fuentes del partido aseguraron, sin embargo, que los últimos acontecimientos del país, con el rescate de la banca española, han precipitado todo. La descoordinación exhibida dentro del Gobierno y entre este y el partido ha sido determinante. Las mismas fuentes añadieron que Mariano Rajoy —con quien mantiene unas excelentes relaciones— le quiere a su lado para tratar de poner orden y engrasar la comunicación. Por el momento, se mantiene como diputado del Parlamento autónomo, senador y vicesecretario de Política Autonómica y Local.

En una carta dirigida a los militantes del PP andaluz, Arenas asegura que su decisión responde a una larga reflexión personal y el análisis que ha hecho con los compañeros, entre los que cita expresamente a Rajoy y Cospedal. “En ningún caso me he planteado asumir nuevas responsabilidades en la política nacional”, asevera.

Arenas ha perdido predicamento en la calle Génova desde el congreso de febrero (celebrado en Sevilla), en favor de Dolores de Cospedal, la secretaria general, con quien ha colisionado repetidas veces hasta erigirse sin disimulo en su enemiga interna. Cospedal salió reforzada del cónclave al conseguir que no se creara la figura del coordinador como pretendían los barones, entre ellos Arenas. El andaluz, en cualquier caso, salvó la cara, se mantuvo como número tres, y su vicesecretaría subió un escalón en la preeminencia (antes la primera era Organización). Rajoy quiso dejarlo claro con los gestos la cercanía con Arenas y lo situó a su izquierda —a la derecha estaba Cospedal— en las fotografías y saludos triunfales.

El fracaso en Andalucía animó también a sus adversarios dentro del partido a señalarle con el dedo y runrunear que si en unas condiciones inmejorables —el deterioro del PSOE, atravesado por el caso de los ERE— no conquistó la Junta, no había más remedio que concluir que el PP andaluz tenía un grave problema con Arenas al frente.

En una conferencia de prensa en Madrid, Dolores de Cospedal evitó pronunciarse sobre una hipotética crisis del Gobierno de Mariano Rajoy que permitiera la entrada de Arenas, informa Francesco Manetto. Calificó de “magnífica” su labor en Andalucía y añadió que sus funciones se centrarán en la política territorial. “Es tanto el trabajo que hay que hacer en las Administraciones locales y autonómicas que el papel de Arenas va a ser muy importante”, recalcó, tras apuntar que probablemente esas tareas le llevarán a comparecer más a menudo públicamente.

En el PP andaluz se abre un verdadero abismo porque el melón de la sucesión es harto complicado. Durante 20 años, Javier Arenas ha sido el líder del PP andaluz en toda la extensión del término. Controla la organización andaluza de cabo a rabo, sin movimientos díscolos, sin contestación. Nadie despunta. Al contrario de lo que ocurrió con José María Aznar, que disponía de una escuadrilla de delfines para relevarle, Javier Arenas ha funcionado siempre sin tapados, y como capitán único de la nave. Las quinielas giran alrededor de los dirigentes más cercanos, aunque su hombre de confianza es Antonio Sanz, el secretario general, quien ayer aclaró que deja también su puesto en Andalucía para incorporarse al equipo de Génova.

El desconcierto en el PP andaluz era general. Cundía la perplejidad. Los presidentes provinciales habían manifestado personal y públicamente su apoyo a Arenas para seguir al frente del partido, y asumido que no volvería a repetir como candidato a la Junta, una cuestión que, en cualquier caso, se afrontaría a largo plazo.

Zoido ha convocado el lunes a última hora de la tarde en Antequera a los presidentes provinciales para hablar de los plazos del partido. El alcalde de Sevilla quiso despejar las cábalas y afirmó que su “prioridad es Sevilla”

En la carta a la militancia, Javier Arenas explica su marcha repentina en la conveniencia de imprimir un otro rumbo al PP. “He llegado a la conclusión de que nuestro partido necesita un cambio en la presidencia”, dice. “Anuncio esta decisión ahora para facilitar el debate más amplio en torno a nuestro próximo congreso. Bajo ningún concepto quiero intervenir en las decisiones de futuro del partido”.

Sin embargo, entre los dirigentes del PP esta afirmación resulta difícil de creer. Cuando en 1996 perdió las elecciones andaluzas —también contra pronóstico— se fue de ministro con José María Aznar, pero articuló una estrategia para seguir en la cúspide de la organización andaluza en la lejanía. Incluso bajo el periodo de la la presidencia formal de Teófila Martínez (alcaldesa de Cádiz), entre 1999 y 2004, mantuvo el dominio con el mando a distancia desde la calle Génova.

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