renovación en la policía vasca

La Ertzaintza mueve ficha

La remisión de la ‘kale borroka’ y el fallecimiento de Cabacas impulsan cambios en la respuesta policial a disturbios. Agentes de elite relevan a los de Seguridad Ciudadana

Varios agentes antidisturbios de la Ertzaintza, vigilan una manifestación de la izquierda 'abertzale' en San Sebastián. / JAVIER HERNÁNDEZ

Iñigo Cabacas marcó en abril un antes y un después, al convertirse en la primera víctima mortal provocada por un pelotazo de la Ertzaintza. “Hasta las últimas consecuencias”, dijo el consejero de Interior, Rodolfo Ares, que estaba dispuesto a llegar para evitar que se repitiera lo ocurrido y los primeros efectos comienzan a vislumbrarse. Dos meses después del trágico suceso, mientras la investigación de los hechos sigue su curso en los tribunales, la policía vasca se prepara para unos profundos cambios que modificarán por completo sus protocolos de actuación. Se avecina casi un cambio de sistema que el departamento ya barajaba, pero que el curso de los acontecimientos ha acelerado.

Aunque el detonante ha sido la muerte del joven vizcaíno, que celebraba en Bilbao un triunfo del Athletic cuando recibió el fatídico impacto, el final del terrorismo había iniciado ya una reflexión sobre el modelo de organización de la Ertzaintza. Durante años, la violencia callejera contribuyó en Euskadi a la consolidación de un escenario insólito y una respuesta policial específica, sin parangón en Europa. La proliferación de revueltas organizadas por la izquierda abertzale, a la misma hora y en distintos puntos del mapa vasco, impidió una intervención unitaria por parte de las unidades antidisturbios. El Ejecutivo se vio forzado a buscar alternativas para repeler las algaradas y la encontró en la especialización de los efectivos de Seguridad Ciudadana, con los que pretendía ofrecer una reacción local y más rápida.

Cámaras y nuevas protecciones

En la línea de transparencia que pretende impulsar tras la incertidumbre generada en torno al fallecimiento de Iñigo Cabacas, pese a que todos los indicios apuntan a una fatalidad como su causa, el Departamento de Interior tiene prevista la adquisición de 75 nuevas cámaras de vídeo para grabar las intervenciones de los agentes antidisturbios. El objetivo es disponer de material gráfico como soporte para analizar y contextualizar aquellas actuaciones que puedan ser polémicas.

No hace ni tres semanas que el propio consejero, Rodolfo Ares, tuvo que comparecer en el Parlamento para dar explicaciones sobre otra controvertida intervención de la Ertzaintza, realizada en Vitoria durante la huelga general del 29 de marzo. Aunque ya se utilizan en algunas ocasiones, las videocámaras ayudarán a desentrañar, en adelante, las distintas actuaciones. La pretensión es utilizar, al menos, un dispositivo fijo en cada intervención. La consejería no descarta, además, ubicarlo más adelante en los propios cascos o escudos de los agentes, aunque esta idea está en ciernes.

No sería, de aplicarse, el único cambio en el material de los agentes antidisturbios, más allá de los lanzadores de pelotas. La consejería ha iniciado también, en colaboración con la plantilla, una serie de pruebas con distintos modelos de nuevas protecciones personales para los ertzainas. El nuevo escenario político y la práctica desaparición de la kale borroka organizada apuntan hacia un aumento de las intervenciones directas, cuerpo a cuerpo, en detrimento de las realizadas a distancia. Ello obligará a renovar el vestuario.

Forzados por la situación, agentes de a pie, de comisaría, empezaron a asumir funciones especializadas. Una respuesta excepcional frente a la kale borroka que se tuvo que prolongar en el tiempo. Tras el final de la actividad armada de ETA y la apuesta política de la antigua Batasuna, las aguas vuelven ahora a su cauce y la Ertzaintza se encamina hacia un escenario normalizado en el que las intervenciones ante graves incidentes las asumirán los policías especializados de la Brigada Móvil y la Brigada de Refuerzo. Para ello será necesario un incremento de plantilla en ambas unidades que, anunciado ya por Ares en el Parlamento el pasado mes de mayo, se llevará a efecto en las próximas semanas.

En los primeros días de julio, una veintena de nuevos agentes pasarán a formar parte de la Brigada Móvil, que en la actualidad cuenta con 232 policías, 38 de ellos en prácticas. Por su parte, la Brigada de Refuerzo, impulsada por el propio Ares como apoyo ante grandes eventos, tiene a día de hoy 170 efectivos, 37 de ellos en período de formación. El mes que viene incrementará su plantilla con entre 35 y 50 nuevos profesionales, que se elevarán hasta 64 a finales de verano. En conjunto, las unidades antidisturbios sumarán 84 ertzainas más y se aproximarán a un número global de 450, con los que el Departamento de Interior confía en poder dar respuesta a la nueva situación.

Interior refuerza las plantillas de la Brigada Móvil y la Brigada de Refuerzo

El incremento de plantilla llegará acompañado de una redistribución de recursos. Ambas unidades conservarán su centro de operaciones en Iurreta, un lugar estratégico desde el que los agentes se pueden desplazar con facilidad a los distintos puntos de Euskadi. Desde el próximo mes, sin embargo, la Brigada de Refuerzo completará su despliegue con la ubicación estable de una furgoneta en cada una de las tres capitales. Su objetivo consistirá en dar una respuesta urgente en caso de necesidad, sin que tengan que ser los agentes de Seguridad Ciudadana los primeros en actuar ante situaciones de riesgo.

Reforzados los cuerpos de elite y modificado el esquema de reacción policial ante graves altercados, los agentes de comisaría no tendrán ya que recurrir a las escopetas lanzapelotas que integran al actual material antidisturbios y que se convirtieron en el centro de la polémica tras la muerte de Cabacas, pese a que durante tres décadas se habían utilizado sin consecuencias trágicas. A partir del 1 de enero de 2013, su uso quedará restringido a los agentes de la Brigada Móvil y la Brigada de Refuerzo, y solo en casos excepcionales. Los ertzainas de Seguridad Ciudadana, por su parte, únicamente podrán emplear los nuevos dispositivos que tiene previsto comprar Interior.

El departamento pretende adquirir en dos plazos 400 unidades de los nuevos lanzadores, con los que espera atender las necesidades de las 25 comisarías. Se trata de herramientas más ligeras, con un disparo más preciso que las actuales y un impacto menos lesivo. La primera tanda está a punto de salir a licitación y estará operativa después del verano. La formación de la plantilla para su uso, sin embargo, se lleva realizando en la Academia de Arkaute desde el pasado mes de mayo, con los dispositivos de prueba que obran en poder de la consejería. Su implantación será progresiva y culminará este mismo año.

La reorganización interna y la renovación de material, en cualquier caso, no son las únicas modificaciones que han impulsado el cambio de escenario político y el trágico suceso que segó la vida a Cabacas en la capital vizcaína hace dos meses. El departamento ha concretado también con nuevas instrucciones el uso del material antidisturbios.

Asimismo, Interior ha constituido una comisión interna, formada por responsables policiales y políticos de la propia consejería, para evaluar los operativos policiales que puedan resultar polémicos. El objetivo no es otro que dar las explicaciones más concretas posibles para evitar sospechas infundadas sobre la actuación de la Ertzaintza.

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